ESCALOFRIANTE

Experiencias: las criaturas redentoras

GRAN PANTALLA. Cuando el poder de un don extraordinario mejora vidas reales.

A lo largo del tiempo, el cine encontró en la figura del ser “iluminado” o “extraterritorial” una manera de devolver la fe al menos por un ratito. No importa si se trata de un ángel caído, un visitante celestial o una criatura de otro plano: lo que cautiva es la posibilidad de que, al menos por unos minutos, el mundo vuelva a tener sentido por la irrupción de lo increíble.

Desde la década del 90, el público abrazó con fuerza películas que combinaron lo sobrenatural con la emoción y la superación humana. Una de ellas fue Michael (1996), donde John Travolta interpretó a un ángel terrenal, desalineado y con costumbres humanas, que llega para ayudar a un grupo de personas a reconciliarse con sus heridas y deseos.

A pesar del tono de comedia, la historia tocó fibras sensibles: el mensaje era que los milagros pueden venir en envases imperfectos. Un film casi revolu- cionario para la década “plástica”, donde el séptimo arte se concen- traba en envases perfectos. Pocos años después, Milagros Inesperados (The Green Mile, 1999) llevó la idea a un registro mucho más oscuro.

El director Frank Darabont, con un Tom Hanks contenido y un inolvida- ble Michael Clarke Duncan, pre- sentó un drama carcelario donde un hombre condenado a muerte posee un don divino para sanar y absorber el sufrimiento ajeno.

El contraste entre el horror del encierro y la pureza del persona- je reforzó el poder simbólico de lo paranormal: lo extraordinario irrumpe para recordarnos la humanidad perdida. El éxito de estas películas radica en que conjugan dos emociones universales: la fascinación por lo extraordinario con el deseo de redención.

 

Lo sobrenatural se vuelve un vehículo para hablar de temas profundamente humanos -el perdón, el amor, la compasión-, y por eso trasciende géneros y épocas. Dieciocho años más tarde, en La forma del agua, Guillermo del Toro llevó esta tradición a un nuevo nivel poético.

La protagonista, Elisa, es una mujer muda que trabaja en un laboratorio secreto durante la Guerra Fría. Su vida rutinaria cambia cuando descubre a una criatura anfibia retenida por científicos del go- bierno. Entre ambos se teje un vínculo que desafía las reglas de la lógica y del mundo humano.

La historia mezcla lo fantástico con una poderosa metáfora so- bre la otredad: el “monstruo” no destruye, sino que salva. En esa relación imposible lo hace con el poder del amor. El agua es el elemento central de la trama, donde vive la criatura que irrum- pe en la vida solitaria de Elisa y se convierte en símbolo de puri- ficación y renacimiento.

El film que profundiza en lo paranormal, fue ganador del Os- car a Mejor Película, y demues- tra que las producciones que se centran en esta temática pueden funcionar no solo como espectá- culo taquillero en el género del terror, sino también del bienes- tar, en espejo con las emociones más profundas.

SALVADOR EFÍMERO: LA RENUNCIA DE LO CELESTIAL

De las historias cinematográficas que abordan lo sobrenatural y la redención, Un ángel enamorado (City of Angels, 1998), es una propuesta donde los milagros tienen consecuencias. ¿Vale la pena perder algo tan valioso como la posibilidad de la eternidad por un instante de amor? 

Los espectadores deberán responder a este dilema al seguir la historia en la que Nicolas Cage interpreta a Seth, un ángel que observa la vida humana con la distancia de quien no pertenece al mundo.

Su rutina se quiebra cuando se enamora de Maggie, una médica interpretada por Meg Ryan. Fascinado por sus dudas, su dolor y su capacidad de amar, Seth decide renunciar a su condición celestial para vivir una vida terrenal junto a ella. Pero el amor puede venir con el costo de lo efímero.

Esta nota habla de: