Presencias en las fotos, un flash en suspenso
CINE. Acompañantes del más allá y destellos que se convierten en pistas para lograr una atmósfera inquietante.
Desde hace más de un siglo, la fotografía se con- virtió en una ventana inesperada hacia lo invi- sible. Mucho antes de que el cine perfeccionara sus trucos y que la tecnología digital multiplicara las posibilidades, ya circulaban histo- rias de familia donde una sombra detrás de un tío, un destello sobre un niño o un halo difuso en el borde de una imagen eran inter- pretados como señales de “presencias” que acompañaban a los vivos.
El cine, atento a ese imaginario que viaja de boca en boca, tomó esos relatos y los convirtió en un lenguaje propio: pequeños indicios que sugieren que los muertos están ahí, sin mostrarse, pero dejando huellas que solo el ojo atento (o la cámara adecuada) es capaz de registrar.
En esa tradición se inscriben los famosos “orbs”, esos puntos brillantes que aparecen flotando en muchas fotos familiares. Para la ciencia, se trata simplemente de polvo, humedad o insectos captados por el flash; para cientos de testimonios, en cambio, represen- tan energías o espíritus que se ma- nifiestan de forma sutil.
Más allá de la explicación, lo cierto es que estos fenómenos visuales mantie- nen viva la idea de que la tecno- logía revela lo que el ojo humano no ve, un terreno fértil para que el cine lo convierta en misterio, in- quietud y relato.
En “El Sexto Sentido” se retomó esa línea con una de las escenas más recordadas: la madre del niño descubre, al revisar fotos viejas, que un rayo de luz siem- pre aparece cerca de su hijo. Ese destello, que podría explicarse como un simple error de la cáma- ra, funciona como pista narrativa. No prueba nada, pero despierta la sospecha de una presencia alrede- dor del niño, una de esas señales mínimas que conectan lo cotidia- no con lo sobrenatural. El recurso funciona porque mezcla algunos elementos creíbles hasta para los más ecépticos, como lu- ces, errores de exposición, reflejos. Sugieren la posibilidad inquietan- te de que algo más esté sucedien- do. El film convierte así un relato mundano en una clave dramática que da sentido a la trama: la tec- nología registra lo que los adultos niegan, pero los niños, en su sensi- bilidad, perciben sin esfuerzo.
Pistas de un secretoEn la citada película de 1999, Bruce Willis interpreta a Malcolm Crowe, un psicólogo infantil que intenta ayudar a Cole, un niño in- terpretado por Haley Joel Osment que carga un miedo permanente: ver personas muertas que, ade- más, no saben que lo están. A lo largo del relato de suspenso, Crowe intenta conectar con él, comprenderlo y guiarlo mientras las apariciones se vuelven cada vez más intensas.
La película, dirigida por M. Night Shyamalan, se convirtió en un fe- nómeno por su atmósfera contenida y por un giro final que sor- prendió al público: la revelación sobre el propio Crowe. Ese desenlace resignifica cada pista previa y explica los halos en las fotos, una escena que coloca al espectador en la misma posición que el niño: alguien que vio las señales, pero no las interpretó hasta el final.
GÉNERO EFICAZ EL ALIADO PERFECTO DEL MUNDO PARANORMALPelículas como “El Sexto Sentido” subrayan que el género de suspenso en el cine es, a veces, el más eficaz para narrar historias paranormales porque trabaja con la espera y la sugerencia, no con el impacto explícito.
A diferencia del terror, que busca el sobresalto, el suspenso construye un clima en el que lo extraño se filtra lentamente en la vida cotidiana.
En la película elegida para esta nota, hay momentos de máxima tensión pero se logran con la edición y no así con el terror, aunque hay escenas fuertes cuando las presencias del más allá se vuelven muertos caminantes que intentan interactuar con el niño protagonista.
Se hace evidente como el suspenso permite que lo sobrenatural sea una posibilidad que acecha a lo largo de la historia y no una certeza. Es cuando se vuelve también protagonista un ruido, una sombra, un objeto movido o, como en este caso, una foto con un halo de luz.
Ese espacio intermedio, entre lo real y lo imaginable, es ideal para que el espectador complete con su propia experiencia o sus temores lo que la historia apenas insinúa.
En el cine, ese equilibrio entre lo visible y lo oculto genera una tensión emocional que acompaña al público durante toda la narración y lo prepara para el momento en que lo inexplicable finalmente se revela.

