Relatos históricos: los primeros hombres lobo
LICANTROPÍA. Sucesos aterradores a través del tiempo y su réplica en Argentina
Por Carlos Parodi (*)
@CarlosParodi.64
Las supersticiones que sedimentaron junto a los periplos históricos de las civilizaciones, reservaron al “Hombre Lobo” el lugar regido acaso por una de las bestias más emblemáticas y aterradoras que vulneraron los laberintos de la psique humana.
Uno de los primeros registros acerca de la licantropía proviene de “Las Metamorfosis” del poeta romano Publio Ovidio Nasón, en la cual relata la vida de Licaón, un tirano de la región de Arcadia en el Peloponeso, que fuera castigado por el dios Zeus.
También el militar romano Plinio el Viejo describía que a orillas del mar Báltico existía el pueblo de los “Neuros”, cuyos hombres “a voluntad” podían convertirse en lobos.
Por su parte, los pitagóricos hacían referencia a la “Metempsicosis” referida a esa acción del alma cuando escapa de su envase terrenal y se incorpora al de una bestia. La figura universal del Hombre Lobo también es mencionada en diversos cultos de Africa que lo representaban en su versión tribal de “Hombre-Leopardo”.
Distintas miradas, el mismo horror
Se relata que durante el medioevo, los hechiceros poseían la facultad de efectuar la proyección hacia ese otro “doble animal” que el ser humano asumía bajo un estado hipnótico y merced al influjo que generaba el plenilunio con su esotérico poder de “nuevo despertar”. No menos cierto resultaba el hecho de que también en muchas poblaciones europeas ya se vinculaba a los Hombre-Lobos con los estados de demencia.
Por su lado, los antiguos practicantes del chamanismo hacían referencia a los Hombres-Lobos como actos producto del desdoblamiento de la personalidad.
Lo cierto es que el Hombre Lobo como híbrido maldito y símbolo del encarnizamiento, fue vinculado al Demonio al resultar la especie “ideal” para las ceremonias de advocaciones infernales. En tal sentido, su horrorosa imagen no pasó inadvertida para los tratados de magia, la literatura fantástica y también para los documentos científicos que abordaban la salud mental.
La “doble personalidad” del hombre convertido en lobo trajo aparejadas distintas miradas a través de los siglos. Aún partiendo de su espeluznante naturaleza, también algunos escritores vincularon su figura a la de hombres que habían perdido el juicio y que clamaban piedad ante el cruel infortunio que les había tocado en vida.
En tal sentido, muchas narrraciones forjaron un basamento religioso y científico de compasión ante hombres y mujeres que debían cargar con ese maleficio. El médico francés Jean de Nynauld (1550-1650) fue el autor del libro “De la Licantropía: transformación y éxtasis de las brujas”.
Pese a su alarmante título, esta obra brindaba un enfoque médico a la licantropía y la catalogaba como enfermedad mental, en contraposición con los posteriores postulados de escritores ocultistas como el demonólogo francés Colin de Plancy (1793-1887) y su macabro “Diccionario Infernal”.
Lobizones argentinos
En el cautivante imaginario popular argentino, el personaje del Lobizón (también llamado “Luisón”) se pasea de forma nocturna por desolados parajes donde se mantienen vivas las prácticas sincréticas del inabarcable y fascinante universo rural.
Y en todas las crónicas se recuerda que al provenir de una naturaleza diabólica, el Lobizón sólo podrá ser eliminado mediante sortilegios u objetos que hayan sido previamente bendecidos. Por caso, en la zona del Litoral, las leyendas hablan del “Uturunco”, como aquel hombre que toma la forma de un yaguareté o tigre americano.
El lobizón vernáculo también está presente en las coplas musicales del Norte y muchos lo asocian a los feroces animales que custodian los accesos a las temibles “Salamancas” .
En Argentina, los investigadores del folklore coinciden en señalar que a un séptimo hijo varón, “sin interrupción de mujer”, para salvarlo de ser un incipiente Lobizón, se lo debe bautizar con el sanador nombre de “Benito”.
Lo cierto es que más allá de su variada fisonomía, el mítico Lobizón nunca dejó de estar presente en la rica memoria mágica de nuestras comunidades rurales, como una figura de a ratos peligrosa, pero también proclive a una noble y cristiana misericordia.
CLÁSICOS DEL CINE: REPRESENTACIONES EN LA PANTALLA GRANDELa primera película basada en la Licantropía fue muda y se llamó “The Werewolf” dirigida por el norteamericano Henry Mac Rae (1876-1944). Se trata de un cortometraje de dieciocho minutos estrenado en el año 1913 y en el cual bruja hechiza a su propia hija para convertirla en loba y asesinar a crueles colonos.
En 1941 se estrena “El Hombre Lobo” con Lon Chaney Jr. (1906-1973). También se destaca la producción de la Hammer “La maldición del Hombre Lobo” (1961). Y no podemos dejar de recordar al canta autor y director de cine
rgentino Leonardo Favio (1938-2012) quién dirigió en 1975 “Nazareno Cruz y el Lobo”. Esta obra estaba basada en el guión para un radioteatro que había sido emitido en 1951. La película fue rodada en locaciones de Bella Vista, provincia de Buenos Aires y en Alta Gracia, Córdoba.
En tanto, otro clásico sobre este tema pero ya en la década del ‘90 es “Wolf” (1994). Jack Nicholson y Michelle Pfeiffer trabajaron juntos en esta historia de terror que es una especie de romance tenebroso. “Wolf” es la historia de un publicista llamado Will Randall, quien es mordido por un lobo y esto hace que se transforme en una criatura demoníaca.
Mientras esto pasa, la hija de su jefe se enamora de él, pero ella no sabe lo que le está sucediendo, así que Randall debe intentar mantenerse como humano y esconder la verdad.
Este año se estrenó en cines y en streaming “Wolf Man”. Julia Garner y Christopher Abbott protagonizan esta nueva versión de la historia del hombre lobo, que parte de la película de los años 40. El filme sigue a una familia que, durante una noche con luna llena, comienza a ser perseguida y aterrorizada por una criatura misteriosa. La familia se ve obligada a defenderse y a huir, pero todo se complica cuando, durante la noche, el padre comienza a comportarse de forma extraña.
(*) Periodista, investigador de temas sobrenaturales

