INFORME

¡REVELADOR! La ciudad sagrada del Imperio Inca

MACHU PICCHU. A 2.400 mts de altura sobre el nivel del mar, esta construcción esconde misterios que no han sido aún revelados.

Por Dr. Antonio Las Heras (*)
alasheras@hotmail.com

Machu Picchu, la ciudadela sagrada más enigmática del Imperio Incaico, con una superficie algo mayor a los cinco kilómetros cuadrados, está edificada en lo alto de una montañosa región donde prevalece la selva tropical espesa.

Esa privilegiada situación geográfica hace que algunos arqueólogos piensen que se trata de una fortaleza militar construida para evitar ataques de pueblos enemigos. La misma razón sirve a otros investigadores para deducir que este complejo fue un centro espiritual, residencia de sacerdotes.

Hay un tercer grupo que sostiene que fue un observatorio astronómico precolombino utilizado para prever los mejores momentos de siembra y cosecha, determinar solsticios y equinoccios así como seguir en detalle fenómenos cósmicos singulares como la aparición de cometas o eclipses. Sólo recorrerla a pie, lo que requiere un mínimo de dos horas, permite comprobar de manera fehaciente que fue una ciudad muy completa.

Tiene graneros, palacios, adoratorios, observatorios astronómicos, monumentos, plazas y más de 200 viviendas. Ciertas construcciones de Machu Picchu demuestran su vínculo con el movimiento de los objetos celestes.

El caso más nítido es el Intiwatana (Inti = Sol) que se encuentra en la cumbre de una formación piramidal y al que se llega tras recorrer 78 peldaños. Esculpido en una roca natural del lugar, Intiwatana puede traducirse como “el lugar en que se amarra al Sol.” 

Hay coincidencia en que se trata de un instrumento astronómico para determinar solsticios y equinoccios. En uno de sus costados, tiene marcada la Cruz del Sur con la posición exacta que ésta constelación guarda en el cielo.

También cumplieron funciones astronómicas las construcciones que los arqueólogos denominaron Templo de las Tres Ventanas, Casa de los dos Morteros, Casa de la Ñusta y el extraordinario Templo del Sol cuya edificación sorprende por sus reminiscencias de castillo templario europeo.

¿Acaso tal coincidencia se debe a que la Orden del Templo realizaba frecuentes viajes a América tres siglos antes de la llegada de Colón? Si es por agregar enigmas no resueltos, podemos señalar los de la roca llamada Piedra Funeraria, con sus tres escalones y escenario parece evocar el oriente de un templo masónico.

Se dice que era utilizada para embalsamar y momificar cadáveres de la nobleza incaica así como sitio para rituales para los que eran ofrecidos sacrificios de animales.

Ninguno de los visitantes deja de asombrarse cuando visita la gran plaza situada en el centro la ciudadela. Es un verdadero teatro, donde los habitantes se reunían para hacer ceremonias grupales, y donde puede oírse sin dificultad desde cualquier sitio de alrededor.

Para dar fuerte sustento a que éste fue un sitio sagrado, algunos guías explican que, en los años 80 del siglo XX, fueron exhumados 27 esqueletos de mujeres que tenían un cristal de roca de cuarzo (a modo de talismán) en el centro del pecho; esto es donde se encuentra el chakra cardíaco.

Dudas, misterios y preguntas sin respuesta todavía perduran. La seductora magia de esta ciudadela sagrada del Imperio Incaico, permanece intacta.

SECRETO A VOCES
EL “DESCUBRIDOR CIENTÍFICO”

Cuándo se construyó Machu Picchu y por qué el Inca decidió que se haga? son interrogantes sin respuesta. ¿Por qué fue abandonada?, tampoco se conoce. Literalmente abandonada. No fueron hallados signos de combate, destrucción intencional, ni cosa por el estilo.

Los españoles de la conquista tampoco llegaron a ella. Tal vez por que los pueblos originarios no hablaron de que allí hubiera riquezas materiales tales como oro, plata y piedras preciosas. Lo que conlleva a fortalecer la idea de que fue un lugar aislado para sacerdotes astrónomos y sacerdotisas.

En el sitio de ingreso a Machu Picchu pueden verse varias placas en recuerdo a Hiram Bingham a quien se llama “descubridor científico.” ¿Por qué llamarlo así y no sólo “descubridor.”? La respuesta es bien simple. La existencia de Machu Picchu era conocida por quienes habitaban los alrededores ya en el siglo XIX. Sólo que ninguno se interesó en explorarla.

Por eso cuando el explorador y arqueólogo norteamericano Bingham preguntó si en la zona había restos de ciudades antiguas, unos pobladores lo llevaron hasta el lugar. Accedió a él un 24 de julio de 1912. De allí lo de “descubrimiento científico” de Machu Picchu y no descubrimiento en sí mismo, puesto que para los pueblos originarios su existencia era conocida, aunque mantenida oculta bajo la flora selvática.

(*) Doctor en Psicología Social, parapsicólogo, filósofo, historiador.

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