Por María Helena Ripetta
mhripetta@cronica.com.ar

Paula Martínez, tras mucha pelea, logró un poco de tranquilidad. Tres de los siete acusados de su masiva violación en Florencio Varela quedaron detenidos imputados de privación ilegal agravada, abuso sexual con acceso carnal agravado y desobediencia, por el hecho cometido el 10 de diciembre del año pasado. Todavía quedan cuatro prófugos.

Paula, que tenia 19 años en ese momento, concurrió a fiesta de cumpleaños de una amiga en Guardia Nacional 1345, lugar donde fue emborrachada y presuntamente drogada con burundanga y trasladada contra su voluntad hacia otro domicilio donde al menos siete personas que habían estado en la fiesta abusaron sexualmente de ella, reteniéndola hasta las 9 del día siguiente.

Según informaron los investigadores se realizaron tareas de investigación logrando identificar a los autores del hecho y obtener siete órdenes de allanamientos en las que se detuvo a tres hombres de 29, 30 y 40 años. Se secuestraron los celulares que serán periciados por la Justicia. Paula siempre sostuvo que eran 7 los agresores, quienes además vivían en el barrio y constantemente la amenazaban.

Después del hecho, volvió a su casa como pudo. Hizo la denuncia y tras recibir amenazas diarias, recién en septiembre de este año la policía decidió que necesitaba custodia. Sin embargo, poco tiempo después se la quitaron. Hasta el momento a los acusados únicamente se les había tomado declaración informativa a los pocos días de haber sucedido el hecho, pero ninguno fue siquiera demorado. Ella hizo más de 30 denuncias por hostigamiento y amenaza de muerte. Llegaron a tirotearle el fondo de la casa. O sea que, además de haber sido víctima de terribles abusos, la joven vive aterrada y sin animarse a salir de su casa.

"Estamos encerrados hace un año, mi padrastro es el único que sale a trabajar. Yo no salgo y mi hijo no va a jardín porque tenemos miedo. Pero ellos sí salen, se pasean por todo el barrio", dijo Paula cuando salió a los medios a buscar protección, ahí se le acercaron otras chicas que habían sido víctimas de la misma banda.

Su mamá, Sandra Zapata, contó que cuando ocurrió la violación nunca le hicieron los hisopados ni siquiera la revisó una ginecóloga. Aunque pudo identificar a los que la atacaron, todos seguían libres y se negaron a declarar, hasta que este viernes cambió la situación. "Ella, por cómo quedó después de los abusos, perdió su trabajo, intentó suicidarse 10 veces, está en tratamiento psicológico y psiquiátrico", recordó Sandra, quien también apunta contra su vecina porque "le insistió para que fuese, fue a buscarla a la casa. Para nosotros es la entregadora. Cuando mi hija llegó a la fiesta, le dieron una bebida que tenía droga, por los síntomas creemos que era burundanga, ella perdió el control enseguida y fue recordando de a poco".