El crimen del colectivero Leandro Miguel Alcaraz estuvo fríamente planificado, de acuerdo con los dichos de un testigo clave ante la Justicia.

Ahora se sabe que al micro subió uno solo de los delincuentes, que discutió con el chofer porque no tenía la SUBE y que llamó a su cómplice para que tuviera preparada el arma.

El testigo, que es vecino y amigo de los sospechosos, dijo que “Rodolfito”, de 17 años, había llevado a su novia embarazada y con dolores de parto al hospital de San Justo e intentó subir al colectivo sin la tarjeta SUBE y por eso discutió con el chofer.

Otro pasajero le ofreció pagarle el boleto, pero el detenido no aceptó, según relató ante la Justicia. En ese momento, uno de los acusados llamó por teléfono a un amigo del barrio, identificado como “el Viejo”, de 18, y le dijo: “Preparáme el fierro que, cuando lleguemos al barrio, con este nos vamos a arreglar”.

El testigo agregó en su declaración ante la Justicia que “el Viejo” se subió con un revólver calibre 38 y le disparó al conductor una vez que el colectivo se detuvo. Después los atacantes se fugaron e interceptaron a una mujer, la amenazaron con el arma, le robaron el celular y escaparon.

Tras la detención de los sospechosos, la fiscalía de menores de La Matanza hará una rueda de reconocimiento para que los pasajeros y vecinos que vieron el asesinato traten de identificar a los supuestos asesinos. Mientras tanto los investigadores esperan el informe de la Secretaría de Transporte de la Nación, que aportará el registro de todas las personas que subieron a esa unidad de la línea 620 la tarde del crimen.

La fiscal general de La Matanza, Patricia Ochoa, dijo que es clave encontrar a los otros pasajeros que se hallaban dentro del colectivo.