Eva Perón: una mujer única

INTIMIDADES ROSADAS Y MUCHO MÁS... Nunca descansó. En sus treinta y tres años de vida luchó incansablemente por los humildes.

Por Roberto Disandro
El Decano, 71 años en la Casa Rosada
rdisandro@cronica.com.ar

Fue vapuleada, insultada, agredida en su más íntimo sentimiento, pero nunca vencida. Fue la mujer del siglo. Digo del siglo porque no marca diferencias en el tiempo. Puede ser de cualquier época. Para ella sólo existía hacer el bien sin mirar a quién. Murió por servir.

Murió un 26 de julio de 1952. Su nombre ya lo saben: Evita. Así, simplemente Evita. Fue la esposa de uno de los líderes más grandes que tuvo la Argentina: Juan Domingo Perón. Ella fue el motor de su esposo. Nunca descansó. En sus treinta y tres años de vida luchó incansablemente por los humildes. Por sus descamisados. Por sus “grasitas”, como los llamaba ella a los laburantes.

Los “descamisados” de Evita caminaban por todo el país ayudándola. Hombres como Renzi, Rodolfo Decker y otros. Mujeres como Nélida de Miguel, Coca Pardo, Nicolini, y muchas más, pusieron el hombro. Cuando murió, el mundo se volcó a las calles de Buenos Aires. Fue tanto el dolor, que un silencio increíble embargó el país entero.

Después, el sufrimiento inimaginable. Derrocado Perón, el cadáver de Evita fue rodando por diferentes lugares. Hasta un coronel, Mori Kenny, lo tuvo guardado dentro de un aparador. Sí, así, como mencionamos. Pasó por otros muchos lugares. Escondido en medio de una tristeza de un pueblo que lo buscaba para honrarla. Pero la honró igual. En cualquier iglesia o en alguna esquina. Arrodillándose ante una imagen de esa gran mujer olvidada. Hasta cruzó el Atlántico, llevada por manos arteras y sanguinarias, fue sepultada en un cementerio de Italia. Perón pidió su devolución. Lo hicieron años más tarde durante el gobierno de Alejandro Agustín Lanusse. Rojas Silveira, embajador en España, entregó el cuerpo en la casa del líder, allá en España, y nuevamente se inició el paso de la gente de todos los colores políticos ante su féretro.

“Derrocado Perón, el cadáver de Evita fue rodando por diferentes lugares. Escondido. Pero el pueblo la honró igual. En la iglesia o en alguna esquina. Arrodillándose ante una imagen de esa gran mujer”

Ya en la Argentina descansó junto a su esposo, que murió un primero de julio de 1974. Después, otra vez cambió de destino. Los separaron. El del tres veces presidente fue cuidado en el cementerio de la Chacarita. Ella en la Recoleta junto a sus familiares, que tenían como apellido Duarte. Su nombre María Eva Duarte jamás fue pronunciado por el pueblo. Sólo Evita. Ahora siguen separados. La Abanderada de los Trabajadores en el mismo sector de la Capital, Juan Perón en su casa de San Vicente, donde ambos pasaron muchos días de amor y recuerdos. “La única mujer que quise en mi vida fue Evita”, dijo una vez Juan Perón, con ojos llenos de lágrimas. Esas lágrimas que hoy todavía, derrama el pueblo. Quizá no conozcan mucho a esa sufriente mujer, pero sus padres o sus abuelos que aún están en esta tierra le cuentan quién era. Fue amada y odiada.

Los que sufren siempre tienen todavía en sus hogares fotos de Evita y una vela en su costado. Más en lugares del interior del país. Por eso nadie podrá olvidarla. “La Chinita” o “La Negrita”, como le decía Perón, está en cada trabajador. En cada mujer que tiene una máquina de coser guardada y que Evita le entregó para trabajar. Algo para remarcar. Muchas de aquellas personas que la criticaron y la humillaron, hoy, en un sincero arrepentimiento, suelen decir: “Fue luchadora y dio todo de sí por aquellos que nunca tuvieron nada. Estamos arrepentidos”. Hoy si Evita viviera no habría una sola persona muriendo de hambre y de frío en las calles de nuestra Patria. Un solo grito lo dice: Evita fue única.

Esta nota habla de: