Por Jorge Cicuttin
@jorgecicu

"Yo les pido que comprendan que iniciamos una nueva etapa en la Argentina (...) No va a ser nada fácil, pero no habrá nada imposible". Raúl Ricardo Alfonsín le habló a la multitud que llegó a la Plaza de Mayo para festejar su asunción como presidente de la Nación. Se abría así una época, impensada hasta entonces, de más de 35 años de democracia ininterrumpida.

Una jornada que fue una bisagra en la historia argentina. Consciente de eso, este extraordinario político eligió cambiar el escenario: no habló desde los balcones de la Casa Rosada, lo hizo desde el Cabildo. Hoy se cumplen diez años de su muerte. Se lo considera el padre de la democracia moderna en la Argentina. Una definición muy fuerte. Un orgullo para un político de raza, ferviente radical, que impuso como sello -de su campaña y de su presidencia- la lectura del Preámbulo de la Constitución Nacional.

"Democracia es vigencia de la libertad y los derechos, pero también existencia de igualdad de oportunidades y distribución equitativa de la riqueza. Tenemos libertad, pero nos falta la igualdad".

Más allá de todo eso, o junto con todo eso, fue un "gallego calentón". Una característica que lo llevó en su presidencia a luchar por la unidad nacional al mismo tiempo que se peleaba con los más poderosos. Especialmente con el poder militar, al que le quitó su "autoamnistía" y llevó adelante un histórico juicio a las juntas de la dictadura. Y le hicieron levantamientos que terminaron con las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Pero los viejos militares siempre lo vieron como un enemigo.

También chocó con la Iglesia por la ley de divorcio. Incluso llegó a arrebatarle el púlpito a un obispo castrense -llamado José Miguel Medina- que lo acusaba de corrupto. Allí le dijo: "Si tiene pruebas, preséntelas". Se peleaba con los sindicatos, con una CGT que le hizo 14 paros. "Mantequita y llorón", llamó a Saúl Ubaldini. Con quien, hay que decir, ya lejos del poder se reencontraron y charlaban con alguna frecuencia.

Los productores agropecuarios no fueron una excepción. Al ser abucheado en la Rural los acusó de quedarse con miedo y en silencio "cuando acá venían a hablar los de la dictadura". Se calentó tanto con un ciudadano común que lo criticó mientras daba un discurso -"A vos no te va tan mal, gordito", le dijo- como con el todopoderoso presidente norteamericano Ronald Reagan, ante cuyo asombro ratificó en Washington el apoyo argentino a Nicaragua, a quien el yanqui había calificado de "enemigos".

Alfonsín mezcló al "gallego cabrón" con el estadista. Y así fue su presidencia.

"Sigan a ideas, no sigan a hombres, fue y es siempre mi mensaje a los jóvenes. Los hombres pasan, las ideas quedan y se transforman en antorchas que mantienen viva a la política democrática"


Un radical de raza

Raúl en campaña. (Gentileza raulalfonsin.com)


Recién recibido de abogado, en 1950 Alfonsín comenzó su actuación política en el Movimiento de Intransigencia y Renovación de la Unión Cívica Radical, en Chascomús, donde cuatro años después fue elegido concejal. Rápidamente conoció la cárcel. Fue tras el golpe de 1955 que derrocó a Juan Domingo Perón. Una década después, en noviembre de 1966, durante la dictadura militar del general Juan Carlos Onganía, vuelve a ser detenido por haber reabierto el Comité de la Provincia.

En esos convulsionados años, Alfonsín rechazó expresamente el camino de la lucha armada para enfrentar a las dictaduras militares. En cambio, estrechó lazos con sectores de centro-izquierda, como el socialismo de Guillermo Estévez Boero. Esta posición ideológica hizo que a comienzos de los años 70 se acercaran a él los jóvenes radicales de la Junta Coordinadora Nacional y de Franja Morada. Así se distancia de la posición conservadora del balbinismo dentro de la UCR y, tras la derrota electoral de 1973 ante el regreso de Perón, Alfonsín amplía su agrupación creando el Movimiento de Renovación y Cambio, con un programa socialdemócrata.

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“Con la democracia se come, con la democracia se educa, con la democracia se cura”

La larga noche

Durante la sangrienta dictadura que arrancó el 24 de marzo de 1976, Alfonsín mantuvo una activa posición de denuncia de la represión militar. Fundador de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), puso gratuitamente su servicio de abogado para defender a opositores y presentar hábeas corpus por los detenidos-desaparecidos. El enfrentamiento con la dictadura lo mantuvo aún en 1982, durante la Guerra de las Islas Malvinas, acción militar a la que se opuso sosteniendo que su verdadera finalidad era lograr el fortalecimiento de la dictadura.

La derrota militar en las islas fue el inicio del fin de la larga noche de la dictadura y arrancó la transición a la democracia. Allí, Alfonsín triunfó con absoluta claridad en las internas partidarias. Era sin duda el candidato a Presidente que tenía mayor apoyo de la sociedad, que no deseaba un nuevo gobierno peronista. "Ahora Alfonsín" fue una de las frases de campaña que más pegaron, junto al saludo que se hizo famoso, como una suerte de abrazo a todos. Esto es lo que buscó transmitir durante su campaña: la democracia es paz, frente a la violencia de la dictadura. Para fortalecer ese mensaje democrático fue que eligió cerrar sus discursos con el Preámbulo de la Constitución Nacional.

"Si (la política) fuera solo el arte de lo posible, sería el arte de la resignación"


La presidencia

El 30 de octubre de 1983 el radicalismo se impuso al peronismo, en elecciones libres por primera vez en la historia. Y lo hizo Alfonsín con el 51,7 % de los votos.

"No va a ser fácil", advirtió el día de su asunción desde el Cabildo. No lo iba a ser. Alfonsín debía enfrentar graves problemas: militares que querían mantener poder e impunidad, alta inflación, crisis de la deuda externa y, sobre todo, establecer las bases para consolidar un sistema democrático. Había problemas, pero también una sociedad con gran esperanza. Y Alfonsín supo capitalizar esto último. Un gobierno sin censura y total libertad de expresión, que se sintió en los medios, el mundo artístico, universitario e intelectual.

Alfonsín. Demócrata de Ley, no se dejaba intimidar. (Gentileza raulalfonsin.com)


Volvió al país gente muy valiosa que la dictadura había expulsado. Si faltaba algo para dejar en claro que esta presidencia iba a ser una bisagra en la historia del país, esto lo marcó el juicio a las juntas militares de la dictadura.

Primero, Alfonsín creó la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep), que relevó y documentó las aberrantes violaciones a los derechos humanos cometidas por la dictadura. El informe que pasó a la historia con su célebre título "Nunca Más", es de una lectura ineludible para quienes quieran saber qué fue la dictadura.

El 9 de diciembre de 1985 se dictaron las sentencias a Jorge Videla y compañía. Estas condenas constituyeron un hecho sin precedentes que contrastó con lo ocurrido en todos los países de la región que habían sufrido dictaduras militares. Fue un antes y un después. Que a Alfonsín le costó los levantamientos carapintadas que le arrancaron las llamadas "leyes del perdón", pero que el país pudo sortear sin derramamiento de sangre. "La casa está en orden", aseguró el Presidente desde los balcones de la Rosada ante una multitud que estaba dispuesta a jugarse por la democracia. Y esta se salvó. Democracia y paz. Es lo que buscó, logró y marcó la administración alfonsinista. Una idea que cruzó las fronteras, porque con Alfonsín se sentaron las bases de los actuales mecanismos de integración regional como el Mercosur y se afianzó la amistad y la cooperación con Brasil, país que representaba -para los militares de entonces- una posibilidad latente de conflicto bélico. Y hablando de posibilidades de guerra, selló la paz con Chile luego de una consulta popular sobre el tratado del Canal de Beagle, en la que se impuso por más del 80% de los votos.

"¡Es una actitud fascista el no escuchar al orador! No creo realmente que sean productores agropecuarios los que tienen este comportamiento... ¡son los que muertos de miedo se han quedado en silencio cuando han venido acá a hablar en representación de la dictadura!"


El drama de la híper

Alfonsín asumió con una situación económica en crisis, tanto en el plano interno como en el externo. El peso de la deuda era insoportable. Y la inflación también: el año 1984 terminó con un 625% de aumento en el índice de precios. Los diversos planes económicos que puso en marcha -el Austral, el Primavera-, los intentos de, primero, congelar y luego acordar precios tuvieron un comienzo auspicioso y luego desbarrancaron. En mayo de 1989 la inflación llegó al 78,4%. Fue la época de la híper. Y fue un golpe mortal a las intenciones radicales de mantenerse en el poder. Alfonsín adelantó las elecciones. No sirvió. Incluso debió -en medio de una ola de saqueos- adelantar la entrega del poder a Carlos Menem. De todas maneras, logró entregar la banda presidencial a otro civil elegido por el pueblo, hecho que no sucedía desde 1916. Aun fuera de la Casa Rosada, Alfonsín siguió influyendo fuertemente en la política nacional. La muestra de esto fue el llamado Pacto de Olivos, que firmó con Menem, por el cual se reformó en 1994 la Constitución Nacional y se acortó el mandato presidencial.

"Si la sociedad se hubiera derechizado, lo que tiene que hacer la Union Cívica Radical, en todo caso, es prepararse para perder elecciones, pero nunca para hacerse conservadora"


Su muerte

Una multitud despidió a Alfonsín. (Gentileza raulalfonsin.com)



Este "gallego calentón" que se enfrentó a los poderosos, que superó la herencia de una terrible dictadura, no pudo con el cáncer de pulmón. A los 82 años, el 31 de marzo de 2009, falleció. Sus restos descansan en un mausoleo en el Cementerio de la Recoleta. Sencillo. De colores claros. En una de sus paredes, grabada sobre el mármol, está la frase que tanto utilizó en la campaña presidencial. Y que lo pinta de cuerpo entero. "...Con el objeto de constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer la defensa común, promover el bienestar general y asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino...". El Preámbulo de la Constitución Nacional. Un Alfonsín en estado puro.

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