Milei ya es su propio vocero
El jefe de Gabinete y vocero presidencial requiere mas apoyo del que puede dar. Ya no aparece en público ni da explicaciones de políticas oficiales.
El afán del gobierno por proteger al jefe de Gabinete de Ministros, Manuel Adorni, en medio de una batahola de pruebas judiciales, testimonios, documentos, oficios, en el marco de la investigación por enriquecimiento ilícito y también dádivas, ha puesto al presidente Javier Milei en el difícil trance se ser su propio vocero.
De un tiempo a esta parte, Adorni ha desaparecido de la faz de la tierra. Se tienen noticias de él, exclusivamente por fotos que sube en la red social X rodeado de otros funcionarios, casi como lo hacía su antecesor, Eduardo Serenellini. Ya nadie sabe bien que hace Adorni, salvo por esas imágenes.
Su ausencia obedece claro, a una estrategia de protección. En su última aparición pública hace casi 20 días, el jefe de Gabinete maltrató periodistas, se autoincriminó en algún aspecto, y generó infinitamente mas rechazos que adhesiones, por lo cual, los estrategas del gobierno decidieron que era el momento de "guardarlo".
El problema es que Adorni además de ser el ministro coordinador es el vocero del gobierno, el que comunica las políticas públicas, el que lo defiende de los ataques opositores, el que cada día, en tiempos de mejores brisas, "domaba" a los kukas de la prensa.
No solo ya no doma sino que no aparece. Y ha perdido su rol fundamental, aquel que lo proyectó y lo hacía tan útil para el gobierno. Hoy, el presidente en ese rol esta solo y ya comunica por su cuenta.
La semana que ha pasado, fue Milei quien encabezó la postura oficial desde una entrevista que le hicieron dos amigos en la TV Pública y luego, mediante diversos posteos largos en X (casi como hacía Cristina Kirchner), en los cuales, defendió sus ideas, el supuesto éxito de sus políticas y la arremetida contra los medios. Todo en cabeza del propio presidente.
Es que sus dos alfiles mas encumbrados, los otros integrantes del triángulo de hierro, no son especialmente comunicativos, y la pieza central de "dar la cara" por el gobierno era un hombre que hoy, justamente, tienen escondido.
Por tanto no le queda otra al presidente que exponerse. Aunque claro, nunca es lo mas recomendable. Una palabra del presidente, un gesto, una entrevista ha sido siempre oro en polvo para los medios, no una insufrible cotidianeidad que necesariamente induce al error. Para eso están los fusibles, el vocero o el jefe de Gabinete, en este caso, la misma persona.
Es cierto que las cosas van de mal en peor para Adorni. Cuando habla se complica. Cuando habla su dadivoso amigo Marcelo Gandío lo complica, cuando habla su escribana, Adriana Nachevenko, lo complica, parece que todo esta construído con tal desprolijidad que no hay nada que pueda ocurrir que no lo jaquee mas y mas.
Pero esto no debería jaquear al presidente, que por sostenerlo esta sufriendo un alto costo político afectando la credibilidad de su gobierno y además, se está exponiendo sistemática y recurrentemente, teniendo que fungir como vocero propio. El nivel de daño es inconmensurable.

