La pandemia de Covid-19 causó la interrupción de los vínculos físicos con seres queridos, la pérdida de autonomía y de espacios de socialización. En un contexto de incertidumbre sobre el avance de la enfermedad y de preocupación por las posibles afectaciones que causaría a las personas mas cercanas, los niños y adolescentes generaron respuestas emocionales marcadas por el temor, ansiedad e irritabilidad.

"La catastrófica situación epidemiológica se abordó con una mirada biologicista, por lo cual, lo psicológico quedó en un segundo plano, cuando el individuo es un ser indivisible constituido por aspectos biológicos, psicológicos, espirituales y sociales”, dice la doctora Fernanda Bellusci, consultora honoraria en adolescencia del Departamento de Pediatría del Hospital de Clínicas.

Un suceso traumático como es la pandemia y el confinamiento puede generar imágenes que se integran de una forma caótica y desestructurada en la memoria emocional de las personas. Eso podría derivar en la aparición de "pensamientos repetitivos indeseados, pesadillas y alteraciones de la memoria o surgir recuerdos parciales con una gran intensidad emocional”, sostiene la especialista.

A partir de esta realidad, los especialistas en salud mental pediátrica comenzaron a medir y analizar el nivel de afectación en chicos y adolescentes para desarrollar estrategias de abordaje.

“Lo lúdico es una de las herramientas más importantes que se pueden utilizar para ayudar a los niños y adolescentes para procesar lo vivido y reprocesar. De modo tal que en la organización de la memoria sea un recuerdo con menor tensión traumática. Ayuda a desarrollar mejores estrategias de regulación emocional, la resiliencia y el crecimiento postraumático para afrontar los recuerdos traumáticos", sostiene Bellusci.

Respecto a las consultas que recibió en este año y medio que lleva la pandemia, la doctora Bellusci cuenta que “en lo particular, me sigue llamando la atención la tristeza del relato de lo vivido por los pacientes más grandes. La tristeza de lo perdido en relación a las experiencias presenciales con los amigos. Y ni que hablar de aquellos que vivieron pérdidas directas de familiares por la Covid 19 o por otra patología que no pudo ser atendida por la imposibilidad de acercarse a un centro de salud. También la incertidumbre frente al futuro ya que no se sabe cómo sigue esto".

Los adolescentes manifestaron tristeza por el tiempo perdido en relación a las experiencias presenciales con sus pares.

A los niños determinadas certezas les permiten sostenerse para proyectarse. "Los pacientes más chicos han adquirido hábitos de higienizarse las manos con alcohol con tanta naturalidad que lo toman directamente del escritorio en el consultorio, esto jamás pasó. Esa será una secuela positiva, explica la experta.

Estudio de Unicef

Para encuadrar los trastornos de la pandemia en números, un estudio reciente de Unicef en Argentina reveló el grado de trastorno psicológico que está dejando más de un año de pandemia en niños y adolescentes. Los hallazgos y aprendizajes producidos a lo largo las tres mediciones realizadas entre los meses de agosto 2020 y febrero 2021, interpelan a distintos actores de la sociedad – organismos públicos, organizaciones comunitarias, medios de comunicación, y también las familias – a realizar acciones concretas para atender el cuidado psico-emocional de chicas y chicos en un contexto tan excepcional

El estudio de Unicef priorizó escuchar y comprender las voces de las y los niños y adolescentes, y favorecer su participación activa en el proceso de investigación a través de la expresión de sus pensamientos, opiniones, sentimientos, percepciones. El relevamiento se compuso de una muestra por conveniencia constituida en cada medición por 780 niñas, niños y adolescentes de 3 a 18 años, residentes en seis conglomerados urbanos pertenecientes a las seis regiones del país: San Salvador de Jujuy (Noroeste), Resistencia (Noreste), Mendoza (Cuyo), Rosario (Centro) Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Área Metropolitana de Buenos Aires), Gran Buenos Aires (Área Metropolitana de Buenos Aires) y Comodoro Rivadavia (Patagonia).

Los niños de entre 3 y 12 años desplegaron una gran capacidad lúdica y creativa durante la pandemia.

Los resultados revelaron que las niñas y los niños de entre 3 y 12 años desplegaron una gran capacidad lúdica y creativa. Los diversos juegos les posibilitaron construir escenas, situaciones y encontrar formas de expresión y de comunicación que les permitieron hacer frente al distanciamiento físico de sus vínculos afectivos. De esta manera, más allá de las desigualdades multidimensionales, la capacidad de jugar les permitió elaborar y simbolizar lo incierto y potencialmente traumático de la pandemia, como formas de protección de la salud mental.

Entre los adolescentes las percepciones respecto de la irrupción de la pandemia y las consecuentes medidas de distanciamiento social fueron siempre negativas y estuvieron anudadas a las restricciones en el contacto y los vínculos sociales, impedimentos de actividades y duelos por ciclos y proyectos inconclusos. En la primera medición, el 75% señaló que les había afectado no poder concurrir a espacios recreativos y deportivos. En las tres mediciones un promedio del 47% mencionó el uso de pantallas y redes sociales como forma privilegiada para socializar con pares, aunque también manifestaron que eso no reemplaza el anhelo de lo presencial.

"De acuerdo con las percepciones y representaciones sobre el coronavirus, el binomio encierro libertad configura un núcleo explicativo para comprender la situación que impone la pandemia, así como para ordenar las actividades de la vida cotidiana: lo que se puede y lo que no se puede hacer. Los adolescentes atraviesan esta situación con extrañeza e incertidumbre, a la vez que comienzan a naturalizarla”.

En la segunda medición se observó una profundización de diversos malestares subjetivos: aproximadamente la mitad de las niñas y los niños se angustiaban fácilmente o lloraban mucho, se enojaban más que antes, estaban irritables, ansiosas o ansiosos y/o tenían altibajos emocionales. También, algunos manifestaban cambios o trastornos en la alimentación y/o el sueño. Estas emociones y comportamientos se acentuaron entre la primera y la segunda medición (1 de cada 2 niños estaban más angustiados, más irritables, 16 más ansiosas y ansiosos, y presentaban más altibajos emocionales) y disminuyeron entre la segunda y la tercera por la expectativa del encuentro con amigas y amigos, las vacaciones y la vuelta a las aulas.

Sin embargo, coincidentemente con la expectativa del retorno escolar, en todos los grupos etarios se expresaron con mayor intensidad los miedos a enfermarse y la preocupación por convertirse en vectores de contagio de sus familiares, en particular de quienes son parte de los grupos de riesgo.

En la tercera medición se observó una disminución en la tristeza, 1 de cada 2 adolescentes refirió sentirse triste y un tercio manifestó sentimientos de soledad durante todo el período. En adolescentes de sectores populares la angustia se puede vincular también con las privaciones materiales que sufren y que se profundizaron con la pandemia.

"Los adolescentes atraviesan esta situación con extrañeza e incertidumbre, a la vez que comienzan a naturalizarla”, explicó la doctora.

En las últimas mediciones se observaron, aunque en un porcentaje muy bajo, afectaciones subjetivas más profundas, que implican problemas de salud mental. El 10% de niños, niñas y adolescentes realizó una consulta por un problema de salud mental, pero ese valor se reduce al 5% entre las niñas y los niños de 3 a 5 años, y al 8% entre los de 6 a 12 años, mientras que se eleva al 18% entre los adolescentes. El 57% hizo su consulta a una médica o un médico generalista o pediatra, el 56% a una psicóloga o un psicólogo y el 21% a una enfermera o enfermero. Cabe destacar que el 6% de los adolescentes, y de los responsables de las niñas y niños, considera que necesitaron realizar una consulta de salud mental y no pudieron hacerla. Ese valor se eleva al 14% entre las y los adolescentes, desciende al 3% para el grupo de 6 a 12 años y al 1% para el de 3 a 5 años.

El tamaño de las casas, la existencia o no de espacios propios además de los comunes permitió visualizar las relaciones entre las condiciones habitacionales y la salud mental. Mientras que el 61% de las niñas y los niños en hogares con déficit habitacional no contaban en la vivienda con un espacio para estudiar tranquilos, este porcentaje desciende al 39% en hogares sin déficit habitacional.

Entre los estudiantes que terminaban en 2020 una etapa escolar, primaria o secundaria, se observó el fuerte impacto subjetivo que producen los ciclos que no cuentan con su correspondiente rito de despedida. Similar necesidad presentan las ceremonias de inicio, en este caso en el 2021, ya que posibilitan sentirse incluidos y recibidos por la institución educativa, comprender y anticipar las formas que adquiere en este contexto el proceso de enseñanza aprendizaje.

Entre los estudiantes que terminaban en 2020 una etapa escolar, primaria o secundaria, se observó el fuerte impacto subjetivo que producen los ciclos que no cuentan con su correspondiente rito de despedida.

Para finalizar, Bullusci dice que “los sucesos traumáticos pueden servir para sacar lo mejor de cada persona. Mucha gente se sorprende de la fortaleza que es capaz de encontrar en una situación de adversidad. En este sentido hay que resaltar el fenómeno del crecimiento postraumático, basado en la capacidad del ser humano de rehacerse frente a los embates de la vida, como si el trauma vivido y asumido hubiera desarrollado en la persona recursos latentes e insospechados que mejoran incluso su funcionamiento anterior. Como refiere el título del libro de APAL 2010, la salud mental infanto juvenil debe ser una prioridad de la humanidad”.

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