Hongos Psicodélicos: la psilocibina y su potencial en el tratamiento de los trastornos mentales
El Dr. Ain Stolkiner, médico egresado de la UBA y becario del CONICET para el estudio de los efectos terapéuticos de la combinación de meditación y psilocibina en la reducción de la ansiedad y depresión asociadas al cáncer, dialogó con Cronica.com.ar y compartió su investigación.
Cuestiones de salud mental. Tratamientos con hongos psicodélicos: la psilocibina y su potencial durante la recuperación de trastornos.
“La psilocibina es una molécula originalmente natural producida por muchas especies de hongos en todo el mundo”, explicó el Dr. Stolkiner a este medio. “Sin embrago, hoy en día se sintetiza en laboratorios para estudios clínicos y, al ser ingerida, se transforma en psilocina, su forma activa, que se une a receptores de serotonina 2A ubicados en la superficie de las células. Esta interacción modifica el funcionamiento neuronal y, por ende, el funcionamiento del cerebro, influyendo en la experiencia subjetiva de las personas, lo que explica los efectos de la psilocibina en el organismo”, agregó.
Más allá del uso de la psilocibina, la investigación del Dr. Stolkiner gira entorno a otro eje fundamental, la meditación, algo por lo que el especialista tiene interés desde su infancia y por su experiencia personal: “Mi familia siempre estuvo interesada en los retiros espirituales y la meditación, crecí escuchando las historias sobre estados alterados de conciencia de mis padres”. Además, detalló que estos también le hablaban de sus experiencias tomando psicodélicos y que él mismo tuvo una primera experiencia con psilocibina muy significativa durante un viaje a Europa a sus 18 años.
Sin embargo, no consideró a esto como una posibilidad profesional hasta que, en el 2016, leyó un artículo en el New York Times sobre un estudio que se había hecho en la Universidad de Johns Hopkins en Estados Unidos, cuyo autor principal fue Roland Griffiths, en el que se demostraba que una experiencia de tipo espiritual inducida por psilocibina podía tener efectos terapéuticos en personas que tenían depresión y ansiedad asociadas a un diagnóstico de cáncer que pone en riesgo la vida.
“Aparentemente, lo que mediaba los efectos terapéuticos es el acontecimiento de una experiencia espiritual de alto significado personal que permitía a las personas tener una perspectiva distinta de qué es la muerte, qué es lo que están viviendo y que se quedaba con ellos incorporada mucho después de que la droga se había ido de su cuerpo”, explicó Stolkiner, y agregó que “fue ahí donde empecé a estudiar el tema de nuevo y me di cuenta de que ya era algo prometedor dentro de la medicina institucional y el ámbito de la salud, y que la evidencia se está volviendo muy convincente de que la psilocibina y otros psicodélicos son herramientas muy útiles y seguras”.
Se basa en el perfeccionamiento del protocolo de Griffiths mediante la incorporación de retiros de meditación justo antes de la sesión con psilocibina. “Sabemos que el efecto que la psilocibina tiene sobre la mente depende del estado mental con el que la persona va a la sesión. Y también hay publicaciones que indican que la psilocibina y los estados alterados de conciencia inducidos por meditación tienen efectos parecidos en el cerebro, tanto por lo que la gente describe en su experiencia subjetiva, como por la similitud de los efectos terapéuticos que producen, por lo que podría haber sinergia al combinar las dos cosas”, explicó el doctor a este medio.
“La idea del estudio es comparar el protocolo de Griffiths sin meditación y un protocolo similar con retiros de meditación justo antes de la toma. Y también buscamos comparar esos efectos a los efectos antidepresivos que se pueden lograr habitualmente con las drogas que se consiguen hoy en día, como el Citalopram”, describió Stolkiner, quien agregó que todo esto “podría ayudarnos a lograr la mayor cantidad de beneficio posible de esa dosis de psilocibina”.
Es importante aclarar que no todos los pacientes son admitidos a los estudios clínicos con psilocibina. Si el paciente tiene una historia personal o familiar de psicosis, esquizofrenia, trastorno bipolar o problemas con adicción a las drogas para depresión mayor, no se los admite para estos estudios. Otras condiciones que son necesarias para que la persona pueda tener una sesión y tomar psilocibina de una forma segura, es que esté acompañado de alguien que tenga experiencia, para que no sólo la cuide físicamente, sino que la pueda apoyar emocionalmente en caso de angustia o ansiedad. Según el Dr. Stolkiner “estos son efectos no deseados que muchas veces se ven en las sesiones con psicodélicos”, y agregó que, “a dosis altas, una sesión puede durar entre 6 o 7 horas hasta que se pase el efecto”.
Cáncer y depresión
En la investigación se trabaja con pacientes oncológicos. Según el doctor, lo que motiva que así sea es que “lamentablemente, cerca del 40% de las personas que se internan por cáncer experimentan depresión, una condición que no solo te afecta mentalmente, sino que también tiene repercusiones físicas. Esto se manifiesta en una pérdida de energía, apetito y dificultades para dormir y concentrarse, además de dolores físicos. Los síntomas pueden variar, pero comúnmente incluyen angustia, miedo y tristeza. El diagnóstico de depresión se establece cuando se experimenta una pérdida de interés por las cosas y un ánimo deprimido durante al menos dos semanas, acompañado de algunos de estos síntomas adicionales”.
Sin embargo, existen otros estudios que muestran que la psilocibina es efectiva para tratar depresión y ansiedad en pacientes que no son oncológicos, así como otros diagnósticos psiquiátricos, como el trastorno obsesivo-compulsivo.
En qué estado está el estudio con psilocibinaSi bien el Dr. Stolkiner cuenta con el apoyo del Conicet, que le otorgó una beca de 5 años para poder desarrollar su trabajo, y el Comité de Ética Independiente del Hospital Borda aprobó el estudio para que se pueda llevar a cabo, se está trabajando para que el Ministerio de Salud y el ANMAT les otorguen los permisos necesarios para poder importar, almacenar y darles la psilocibina a los pacientes, ya que es aún una droga muy controlada. “Se la tarta como si fuera heroína, adictiva y peligrosa, cosa que está muy lejos de la realidad”, explicó el Stolkiner, y agregó que otra de las razones por las que se demora el comienzo del estudio es el costo de éste: “No hay mucho interés por parte de los laboratorios en invertir en esto, pensemos que es una droga que, muchas veces, puede curar la depresión o producir remisión durante un tiempo prolongado con una sola toma, y eso competiría con drogas que la gente tiene que tomar todos los días, no es negocio”.
Sin embargo, el Dr. Stolkiner reconoció que “la mayor parte de los estudios clínicos, como el que estamos llevando adelante nosotros, se realizan por la generosidad de sponsors y de ciudadanos, no de estados ni de empresas, sino de individuos que ven la importancia que tiene este trabajo y están dispuestos a apoyarnos”.

