Carlos Ventura fue caminando a Luján: la fe y Crónica, siempre firmes junto al pueblo
El jefe de fotografía de Crónica salió desde Liniers e hizo el recorrido junto a miles de personas por la 50 Peregrinación Juvenil a Luján. Llegó a pie a la Basílica. Un testimonio de fe y perseverancia. Tardó 12 horas desde Liniers. Es la 18a caminata que hace. Cobertura especial en primera persona.
Por Hugo Ferrer
La Peregrinación Juvenil a Luján está llena de historias. De esfuerzos y milagros. Como cada año miles de personas llegan desde todo el país para pedir y agradecer. Es la de fe de los argentinos y de todos aquellos fieles que aún de otros países veneran a la Virgen.
La de este sábado fue especial por la celebración del número 50. Los 60 kilómetros de distancia entre el Santuario de San Cayetano, en Liniers, y la Basílica de Luján “parecen poco” para los que se animan a realizar ese recorrido. Es el caso de Carlos Ventura, jefe de fotografía de Crónica. Cumplió su promesa y llegó a pie. Además, cobertura periodística especial. Las anteriores 17 caminatas que hizo siempre lo tuvieron con el mismo entusiasmo y esfuerzo.
Salió a las dos de la mañana desde Liniers. Al comienzo, el paso firme y constante. La música con todos los ritmos, jóvenes, grandes, chicos, familias. De a uno, y de “a montones” se fueron sumando. En el trayecto, había luz, estaba a oscuras y se escucharon todas las voces. También se incorporaron los que salieron de los boliches. De la pista de baile a la Basílica, sin escalas. Los pies empezaron a doler, el agua que no alcanzaba, el reloj casi quieto y los pasos que se alternaban entre los lentos y los que iban más rápido.
“Sólo el amor a la profesión te lleva a hacer estas cosas”, le dijo Ventura a Crónica.
El reportero gráfico, que ha vivido todas las batallas y las más destacadas coberturas periodísticas, supo que no podía faltar en esta peregrinación. Tardó 12 horas. Una alfombra humana se desplegó. “Estoy destrozado”, confesó.
Sin las zapatillas, con las piernas levantadas, miró desde el suelo la cúpula de la Basílica. Al rato, recuperado, se hizo la selfie. A pie, por la fe y la pasión por la fotografía, ratificó su compromiso, casi como un legado. Así se lo prometió a su papá Carlos: “Por vos, jamás voy a dejar de hacer fotos y de ir a ver a la Virgen de Luján.” Y cumplió.

