TORMENTA PERFECTA

El sector textil, ante una crisis cada vez más grave

La recesión y mayor importación liquidan la producción local.

La industria textil argentina atraviesa uno de los momentos más delicados de los últimos años. A la pérdida de competitividad se suman factores estructurales y coyunturales que golpean en simultáneo a toda la cadena de valor: desde la producción de algodón hasta la confección y venta final de indumentaria. Ventas en retroceso, caída de la producción, despidos y un aluvión de importaciones a precios muy bajos configuran un escenario complejo para un sector que históricamente ha sido motor del empleo industrial en el país.

En el sector de la producción, el algodón es el insumo clave para la industria textil. Según publicó el portal america-retail.com, en la última campaña, las condiciones climáticas jugaron en contra. Carlos Almiroty, presidente de la Cámara Algodonera Argentina (CAA), explicó que las altas temperaturas y la falta de lluvias durante el verano afectaron la calidad de la fibra obtenida.

Aunque la Argentina produce un volumen suficiente para abastecer al mercado local, la calidad del algodón se vio comprometida, dificultando la elaboración de ciertos textiles que requieren fibras largas y resistentes. Esto repercute en toda la cadena de confección.

A los problemas de origen productivo se suma el desafío del comercio digital. Plataformas chinas como Shein, Temu y AliExpress han captado una porción cada vez mayor del consumo argentino de indumentaria. El informe MidTerm 2025 de la Cámara Argentina de Comercio Electrónico (CACE) reveló que un 33% de las compras internacionales digitales proviene de estas tres plataformas.

Las reglas del comercio exterior también jugaron a favor de esta tendencia. La eliminación de aranceles para envíos menores a 400 dólares y la ampliación del límite por pedido a 3.000 dólares incentivaron la llegada de productos desde Asia, muchos de ellos a precios considerados de dumping por la industria local. Sólo en julio de 2025, las importaciones a través de couriers sumaron 98 millones de dólares, y en los primeros siete meses del año alcanzaron 408 millones, casi duplicando todo el volumen importado durante 2024.

El efecto más visible de este fenómeno se dio en la indumentaria y en los productos textiles para el hogar. Según datos de la Fundación ProTejer, entre enero y julio de 2025 las importaciones crecieron el 97% en volumen frente al mismo período del año anterior. La mayor concentración se observó en los bienes finales: las prendas de vestir aumentaron 123% interanual, mientras que las confecciones para el hogar -como sábanas, mantas y cortinas- lo hicieron 195%.

La debilidad del consumo interno amplifica los problemas del sector. La combinación de alta inflación, pérdida del poder adquisitivo y cambios en los hábitos de compra afectó de manera directa la demanda de indumentaria.

De acuerdo con el último relevamiento de ventas pymes realizado por la Cámara Argentina de la Mediana Empresa (CAME) el rubro "Textil e indumentaria" registró en julio una baja del 5,1% interanual. A su vez, un registro inmediatamente anterior, la Encuesta Sectorial diseñada por la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI) arrojó una caída del 7,7 por ciento en el tercer bimestre del año (mayo-junio) en comparación con el mismo período del 2024. Pero la caída es mucho más marcada si se compara con 2023: un 28% menos en apenas dos años. Cada vez más se apela a promociones y rebajas para sostener un mínimo nivel de ventas en los locales comerciales.

En materia productiva, la tendencia es similar. El 50% de las compañías redujo su nivel de actividad en torno al 12% frente al año pasado, y en comparación con 2023 la contracción alcanza el 30%. Este retroceso pone en evidencia que la crisis no se limita a un problema coyuntural, sino que está configurando un escenario de contracción prolongada.

A nivel laboral, el 72% de las empresas aplicó medidas de ajuste laboral entre fines de 2023 y junio de 2025. Estas incluyeron cancelación de horas extras, cierre de turnos productivos y, en muchos casos, despidos directos. En paralelo, seis de cada diez empresas redujeron su plantilla en los últimos meses, lo que confirma la magnitud del impacto en el empleo formal.

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