"Me dijeron 'andate, que estás señalada'", la historia de una mujer que eligió el exilio para salvar a su bebé en tiempos de Dictadura
Alicia Núñez tiene 75 años y pertenece a la Mesa de la Memoria de Lanús. En diálogo con cronica.com.ar contó cómo era la persecución a militantes políticos en tiempos de Dictadura y las huellas que dejó en su vida.
“Vino el ejército a casa, rompieron todo. Preguntaron por Carlos. Hablé con él y me dijo que te avisara a vos que te fueras porque están todas señaladas”, fue el mensaje que recibió Alicia Ñúñez, el día que supo que para mantenerse a salvo junto a su bebé de seis meses debía abandonar el país.
Para Alicia la lucha por la memoria es algo que se milita cada día. Algo que la atraviesa de cerca. En la década del 70 vivió la persecución por su militancia política y se vio obligada a vivir en el exilio.
Hoy reflexiona sobre lo que fueron aquellos años. Cuáles fueron las experiencias que le tocó atravesar en esos años y los riesgos que se enfrentaban junto a sus compañeros, qué haría diferente en relación a ese período, así como las huellas que dejó en ella lo que le tocó atravesar.
InfanciaNacida en la localidad de Banfield, al sur del Conurbano bonaerense, Alicia creció en una casa de madre peronista y padre anarquista, lo que la hizo vivir desde pequeña el debate político.
Cuando tenía 14 años, comenzó a desempeñarse en un movimiento juvenil cristiano, en donde realizaba tareas comunitarias y de ayuda social en las villas, aunque su ingreso de lleno en la militancia política sería a los 17 años, cuando ingresó a estudiar medicina en la universidad y comenzó a formar parte del Partido Comunista.
“Cuando estaba en la pensión para estudiantes y me empezaron a hablar mis compañeros y me convencieron de que por mi formación yo no podía estar en el PC, que yo tenía que estar con la gente, que el peronismo era el pueblo. Que empezaron a llevarme a los barrios. Los acompañaba a unas tareas que hacían ellos ahí con los pibes en el barrio y así me sumé”, destacó la mujer.
En ese marco, explicó que allí iba a realizar trabajos de “alfabetización en la casa de la gente” en los barrios. “Cada uno tiene un saber que no todos no tienen por qué ser el mismo saber, y eso fuera o sea un poco con el conocimiento. La revolución empieza primero en lo cultural y creo que es cierto. Un poco así empezamos a introducirnos en los barrios. Escuchar mucho”, resaltó.
PersecuciónEn este contexto, explicó como comenzó a vivir de cerca la persecución junto a otros compañeros de militancia y qué medidas tomaban entre ellos para tomar precauciones, o para saber sobre si la otra persona se encontraba bien y no había sido secuestrada por los militares.
“Un día camino a la unidad básica veo que en la esquina hay un auto parado con un tipo durmiendo y miro para el local. Tenía las cortinas bajas. Y yo fui por la vereda de enfrente. Iba con mi bolsita en el tejido, estaba tejiendo un saquito a mi bebé y se me ocurre mirar por abajo de la cortina y vi zapatos. Y seguí caminando”, explica.
Y siguió: “Caminé hasta encontrar un teléfono público y llamé a mi mamá para contarle cómo estaba la nena y si había alguna novedad. Y ahí me dice este te llamó Carlos, que era mi referente. Que no vaya”.
“Lo que quiso decir es que no fuera la unidad básica, pero que fuera el control pasara por el control. ¿Qué era el control? Era un lugar donde iba a estar alguien esperando. Vos no los saludabas ni nada, pero pasabas. Quiere decir que estabas vivo, que no estabas preso. Te parabas un ratito frente a la ventana de un bar, hacías que mirabas, te quedabas ahí afuera y te anotaban”, explica Alicia.
Enterados sobre la situación de su hija, los padres de Alicia le compraron los pasajes para que se exiliara en España. Mientras tanto, el hermano de la mujer había estado detenido más de un mes en Salta, por lo que decidió ir a visitarlo antes.
“Camino a Salta, nos bajaron del micro en Tucumán, nos revisaron, tiraron a mi hija ahí en medio de la ruta porque decían que usaban a los niños para transportar armas. Ella tenía solo cinco meses”, contó sobre la angustia que vivió.
Una vez en España, pasaría poco más de tres años allí hasta 1981, cuando decidió volver por no aguantarse estar fuera del país. Mientras tanto, su madre pasó por una situación de extremo riesgo.
“Mi mamá, cuando vio todo lo que había en mi casa, encontró banderas, encontró el brazalete de la agrupación Evita el panfleto. Agarró todo lo que pudo, lo metió en una bolsa, a las 03 de la mañana salió con todo eso y pidiéndole permiso a los del ejército con la excusa de que salía a pasear al perro. Tiró todo en un baldío, Podría haber pasado cualquier cosa”, rememora.
PresenteEn la actualidad, Alicia es miembro de la Mesa de la Memoria de Lanús, es secretaria de DDHH de la CTA de ese partido y del foro de la niñez, como trabajadora social, carrera que estudió años después de su regreso a la Argentina.
“Tengo amigos y compañeros desaparecidos, es difícil reelaborar lo que sucedió. Antes cuando iba con mi hija a las marchas, ya en democracia, me daba miedo que le saquen fotos y no la dejaba, por lo que habíamos pasado nosotros. Hoy tengo mis dificultades físicas, pero veo lo que hacen las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y pienso que no tengo excusas para no seguir dando todo”, expresó.

