"Me había puesto un arma en la cabeza...": la historia de Maricé, una ex víctima de violencia de género que hoy ayuda a otras personas a salir adelante
Maricé Silva (66 años) estuvo durante 13 años junto a una pareja violenta. En diálogo con cronica.com.ar contó cómo logró reconstruir su vida, estudiar abogacía y ser coordinadora de un grupo de fortalecimiento para personas víctimas de violencia de género y/o familiar.
Resiliencia, una palabra definida por el diccionario como la capacidad de superar circunstancias traumáticas, que fue adoptada por Maricé Silva (66 años) como una forma de sintetizar lo que tuvo que trabajar para poder superar ser durante años víctima de violencia de género y poder reconstruir su vida.
Pasar por experiencias que ella misma definió como “violencia física, psicológica, económica y sexual” y hoy poder contar en retrospectiva todo lo que atravesó, para saí ayudar desde su experiencia a otras personas que atraviesan por lo mismo.
Situaciones tales como que su ex pareja le colocara un arma en la cabeza, y varios idas y vueltas en donde durante 13 años Maricé no podía salir de esa pesadilla.
“Cuando uno ve en otros es mucho más fácil que ver en uno. Cosas que me parecían normales y uno los tiene naturalizados”, cuenta hoy la mujer, en diálogo con cronica.com.ar.
Tras pasar por estas experiencias pudo estudiar abogacía y ser en la actualidad coordinadora de un grupo para quienes han sufrido violencia familiar o de género que funciona en la Facultad de Derecho de La Universidad Nacional de Lomas de Zamora.
Maricé explica a este medio como fue atravesar por estas situaciones, cómo logró salir de ese espiral sin fin del cual le costó años escapar y cómo en la actualidad pudo no solo reconstruir su vida, sino también salvar otras vidas y seguir aprendiendo en compañía de otras víctimas.
Vida difícilNacida en la localidad de Pilar, la entrevistada cuenta que creció en una familia grande de 10 hermanos, de los cuales 7 son mujeres.
Con tan solo 19 años se casó y decidió irse a vivir con su marido al Chaco, donde tuvieron dos hijos. Sin embargo, a los tres años él la dejó.
“Quedé sola a más de 1000 kilómetros de distancia de mi familia. Me había ido a vivir al Chaco y quedé sola con dos hijos chiquitos. Esa fue la primera vez que me reconozco como resiliente”.
No obstante, sería 16 años después, cuando conoció al hombre con el cual estaría en una relación con idas y vueltas de 13 años, que experimentaría momentos de extrema violencia y vulnerabilidad.
“Muy rápidamente nos fuimos a vivir juntos y cuando mi hija tenía dos años fue la primera situación grave de violencia que experimenté. Él tenía muchos problemas de alcoholismo, me puso un revolver en la cabeza y me preguntó: ´¿Querés que te mate ahora o más tarde?´”, relató la mujer.
Tiempo antes, Maricé había comenzado a notar actitudes violentas en su pareja, por lo que decidió quitarle “las balas al arma por las dudas”, decisión que probablemente esa noche, salvo su vida.
“Esa fue una noche de terror. Yo había sacado las balas del revolver porque venía la situación in crescendo de violencia. Yo estaba con miedo y había sacado las balas por si él podía hacer algo. Yo tenía la serenidad de que el arma estaba vacía y le dije ´Dale, matame. Es difícil que me mates sin balas´. No sé qué iba a hacer”, agregó Maricé.
Tras esa situación, la hoy abogada señaló que estuvieron separados por tres meses, tiempo en que su pareja comenzó a asistir a Alcohólicos Anónimos, mientras ella iba a un grupo para familiares de alcohólicos.
A partir de este período la mujer comenzó a pasar por varios momentos de tomar distancia y de dar otra oportunidad, promesas que se cumplían por un tiempo y el violento que luego reincidía en sus actitudes.
“Nos volvimos a separar. Casi un año sin estar juntos, le permití volver, él me propuso casamiento y nos casamos. En medio hubo alguna separación cortita en alguna pelea. Nos casamos y siguieron las mismas situaciones de violencia muchas veces. Siempre la violencia psicológica eran insultos, falta de respeto, no dejarme en paz”, indicó Maricé.
En ese sentido, agrega que la violencia también pasaba por el control permanente que ejercía su por entonces pareja sobre ella.
“Siempre el fantasma de los celos, del control y del no creer que yo estaba trabajando. En una oportunidad fue y con su auto chocó mi auto una vez porque no le contestaba el teléfono. Son todos indicadores de violencia que yo no tomaba de esa manera, lo tomaba como que estaba celoso nada más”, expresó la mujer.
A su vez, añadió que durante estos años sufrió varias infidelidades por parte de su ex pareja, a quien había expulsado de la casa luego de una última “traición”, la cual trató de remediar en un principio con buena conducta en la casa.
“Esos próximos días tuve el marido más perfecto. Se tuvo que ir igual, se fue ofendidísimo. Días después tuve la situación de mayor violencia física. Ese día pensé que me mataba a golpes. Lo vio mi hija. Hice la denuncia, pero me costó mucho. Tuve que ir de una comisaría a otra. Fui y vine. Esto fue en el año 2005”, explicó Maricé.
Al respecto, la víctima de violencia contó: “Una mujer policía me dio un papelito a escondidas y era la comisaría de la mujer, que estaba a un montón de kilómetros de donde vivía. Hay que pensar en los medios y la emocionalidad para hacerlo. Ir de una comisaría a otra fue una revictimización, un sentirse desamparado”.
“La verdad que ese grupo que funcionaba en la comisaría la mujer me salvó la vida. Me ayudó a poner límites y a no volver a los dos o tres meses con él, tal como lo hacía siempre”, destacó.
ReconstrucciónAl año siguiente Maricé comenzó a estudiar abogacía en la Facultad de Derecho de la Universidad de Lomas de Zamora, en el año 2006, y tras recibirse decidió ofrecer el proyecto de armar un grupo para personas que eran víctimas de violencia familiar.
“Cuando uno ve en otros es mucho más fácil que ver en uno. Cosas que me parecían normales y uno los tiene naturalizados. Hablamos desde la experiencia para tratar de ayudar a otros. Se trabaja desde la empatía. No juzgamos a nadie. Una de las cosas que nos pasa a las víctimas cuando contamos es sentirse juzgada”, sostuvo en torno al espacio, que fue creado en el año 2011 con el nombre de “Grupo Sobrevivir”.
Este es un grupo de fortalecimiento y de apoyo a personas que han sufrido violencia familiar o de género, que está abierto tanto para hombres como para mujeres.
“Otra cosa que que trabajamos mucho es en el querernos. Nosotras permitimos eso porque estamos desesperadas en que nos quieran y aceptamos de la otra persona cualquier cosa. Cuando empiezo a descubrir cuánto valgo, uno empieza a levantar tu autoestima y puede perdonarse por lo que uno creía que tenía culpa”, sintetizó.
Por su parte, Maricé agregó que pudo conseguir reestablecer un vínculo con su ex pareja, quien actualmente coordina un grupo de Alcohólicos Anónimos, que le permitió según definió “perdonar” para poder cerrar ese círculo, en pos de ser “padres presentes” para su hija.
“Tuve una charla muy sentida con él, nos abrazamos y perdonamos mutuamente. Hoy tenemos una relación fantástica como papás de mi hija”, expresó la abogada.
Para finalizar, Maricé consideró que “resignificar las cosas que uno vivió permite vivir para adelante. No permitir que me hagan a mí lo que no me gusta que me hagan. Hoy las cosas gracias a Dios son muy distintas”.
Para comunicarse con el Grupo Sobrevivir, escribir a su cuenta de Instagram y Facebook (siguientre link), que se puede encontrar como "Grupo Sobrevivir".
Por M.C.

