TENÍA 77 AÑOS

Murió Kay Galifi, guitarrista de Los Gatos y precursor del rock nacional

La noticia de la muerte de Kay Galifi fue informada por el sobrino del artista, quien dijo que el guitarrista italiano no atravesaba ninguna enfermedad. ¿De qué falleció?

El rock nacional se encuentra de luto tras conocerse que Kay Galifi, quien fuera guitarrista de la banda “Los Gatos” y puntal clave en los inicios de este género, murió este domingo a los 77 años en la ciudad brasileña de Río de Janeiro.

La triste noticia fue informada por su sobrino Alejando Bassini, quien sostuvo que el músico no cursaba ninguna enfermedad y sufrió un ataque de hipertensión que complicó su estado de salud.

En tanto, el familiar relató: “Él vivía en Río de Janeiro. Estaba hablando con el encargado de su edificio, y tuvo un cuadro de hipertensión. Después de que lo internaron, sufrió un edema pulmonar”. Y agregó: “Es muy triste la noticia. La verdad es que yo no conozco a muchos de sus amigos. Mi mamá, su hermana, mi hermano Andrés y yo vivimos en Rosario y pensamos en hacer llegar la noticia para que la gente de su entorno pueda llegar a saber lo que pasó”.

“Cuando él tenía 20 años viajó con Los Gatos a los Estados Unidos y cuando pegaron la vuelta, él se quedó en Río y ahí se desarrolló. Hizo toda su vida en Río de Janeiro. Por supuesto que ha venido a ver a mi mamá (Gaetana “Tamy” Galifi), que es mayor que él, por mi abuelo y por nosotros, pero su vida transcurrió en Brasil. Él fue docente de la Universidad del Estado de Río de Janeiro, allí tuvo sus parejas y a su hija, que también falleció. Por eso, sus restos van a quedar allí”, informó Bassini.

¿Quién fue Kay Galifi?

Gaetano Galifi (su nombre verdadero) nació en Sicilia en 1948, pero cuando tenía dos años sus padres emigraron a la Argentina, y al llegar a Rosario fue registrado con el nombre de Cayetano. Sin embargo, cuando a mediados de los años 60 se radicó en la provincia de Buenos Aires, comenzó a utilizar el sobrenombre de “Kay”.

Durante su niñez, el folklore era el género que más escuchaba, pero un día, un nuevo sonido llamó su atención. “Escuché un grupo mexicano, Los Teen Tops. Cuando oí aquel sonido de Strato, quedé loco. El timbre era brillante. Fui a verlos tocar en el auditorio de la radio, pero no pude entrar porque había mucha gente. Pero, por suerte, logré verlos después en un club. Al ver a los tipos tocando en el escenario, todo aquel clima, enloquecí y pensé ‘es eso lo que yo quiero’. Entonces le hice unos agujeros a mi guitarra, le puse dos cositas, un pedazo de hilo y pasé a tocarla como si fuese una guitarra eléctrica”, recordó el músico en una entrevista.

Quiso el destino que para esa época se cruzara con Oscar Moro, un chico que al igual que él tenía 13 años y una pasión indeclinable por la batería. Primero, formaron la banda Los Halcones, y luego fueron convocados para tocar junto a Johnny Tedesco. El músico, que se hizo famoso como integrante de El Club del Clan, lo recordaba así: “Como guitarrista era un adelantado para la época. Le sacaba un sonido a la guitarra como nadie acá. Tenía una guitarra Hamstrong, mucha onda y sabía todos los yeites”.

Pero cuando se cruzó con los rosarinos Litto Nebbia y Ciro Fogliatta, su destino cambió para siempre. Por aquel entonces, ambos formaban parte de Los Gatos Salvajes, una de las bandas estables del exitoso programa televisivo Escala Musical. En 1966, decidió abandonar sus estudios y junto a Moro viajó hacia Buenos Aires para unirse a Nebbia, Fogliatta y Alfredo Toth y así, nacieron Los Gatos.

El momento de “Los Gatos”

Los cuatro vivían en una pensión en el barrio de Once, a pasos de la pizzería La Perla, un lugar que se convertiría primero en refugio y luego en mito. “Era muy difícil. La policía acostumbraba a confundirnos con los vagabundos, sobre todo porque usábamos pelo largo. A veces dormíamos en ómnibus o en baños de cine. Cuando ganábamos algún dinero, dormíamos los cinco en un cuarto de hotel. Era un hotel bravo, de rascarse la noche entera. Había muchas putas y travestis... Nuestro dinero o alcanzaba para pagar el hotel o la comida. Lo que nos salvaba era que la pizza era barata”, contó Galifi a la revista brasileña Senhor F.

Un año más tarde, la banda fue contratada para tocar en La Cueva, un local que congregaba a los músicos y fanáticos del incipiente rock nacional. “La Cueva fue muy importante para todos, porque ahí conseguimos reunirnos, tocar y probar. Cuando salíamos, si era verano nos íbamos a una plaza, y si era invierno nos íbamos a un bar, y nos quedábamos hasta las 8 de la mañana. En esas guitarreadas yo cantaba mis canciones y Moris, Javier y Tango cantaban las suyas. Esa época fue bastante parecida a la del tango”, explicó el músico.

 Los Gatos dejaron su huella en el rock nacional (Archivo).
 Los Gatos dejaron su huella en el rock nacional (Archivo).

“Fue entonces cuando apareció Tanguito. Creó el grupo Beatnicks para competir con Los Gatos o algo así. Creo que incluso hubo una pequeña pelea por una canción. Tanguito se molestó porque Litto usó una frase suya que decía ‘Estoy triste, solo y abandonado’ y escribió el resto de la canción. Al final, Litto tuvo que coescribirla con Tanguito”, agregó.

Aquella canción, “La Balsa”, fue grabada por la banda y se convirtió en un éxito sin precedentes. Según relataba Galifi: “Todo sucedió muy rápido. Nuestro álbum vendió muchísimo, llegando al número uno. Nuestros conciertos de fin de semana se hicieron muy populares”.

Reunión con sus compañeros

Galifi participó en los tres primeros álbumes de la banda: Los Gatos (1967), Viento dile a la lluvia (1968) y Seremos amigos (1968), pero luego de lanzar el último disco, la banda se disolvió. Nebbia comenzó su carrera como solista y los otros cuatro integrantes emprendieron, en 1969, una gira por los Estados Unidos. De allí, el guitarrista viajó directamente a Río de Janeiro, ciudad que se convirtió en su lugar en el mundo.

En 2006, después de 38 años de haber perdido el contacto con sus compañeros de banda, Litto Nebbia y Ciro Fogliatta lograron dar con él. Allí comenzó una catarata de mails, extensos, en los que no solo se fueron poniendo al día, sino que sirvieron como preámbulo de una reunión de los tres en el escenario.

Un año después, a 40 años de la edición del simple de “La balsa”, Los Gatos volvieron a tocar en Rosario, cerraron un festival gratuito en la plaza San Martín, actuaron en Buenos Aires y emprendieron una gira por el país y por Latinoamérica.

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