Clara Oyuela es porteña, pero hace 8 años vive en San Martín de Los Andes. Su idea de abstenerse de usar las redes y WhatsApp surgió en un principio por haberse dado cuenta de la cantidad de tiempo que perdía en mirar historias, dar “me gusta” a publicaciones, realizar comentarios y reaccionar a posteos de otras personas.

El experimento lo efectuó entre febrero y marzo de 2018 cuando su hija Miranda tenía seis meses  y llevaba mucho tiempo durmiendo mal. Su cansancio mental hizo que su decisión fuera rotunda y total: “Sentía que la falta de sueño había transformado mi vida en un caleidoscopio, donde todas las imágenes, sensaciones y palabras se amalgamaban unas con otras”.

Al respecto, cita una reflexión del filósofo Darío Sztajnszrajber sobre las redes: “Me parece una práctica muy conservadora que frente a la novedad se estigmatice a lo nuevo y se le coloque a la novedad todo eso que venimos trayendo desde siempre. Ahora, el gran problema es la informática, que genera falta de valores, vaciamiento del sentido, inseguridad. Todo eso ya existía desde siempre, pero no nos hacemos cargo del mundo del que provenimos”.

Oyuela registró sus vivencias en aquellos días y las ofreció a un diario local que las publicó a modo de crónicas.  Hace un mes, le propuso a sus alumnos de 16 años de la escuela donde es profesora, vivir la experiencia por una semana, pero en un acuerdo con el gabinete psicológico, decidieron que solo fueran 3 días y medio.

Sin embargo, a Clara no le fue fácil llevar a cabo su experimento, en varias ocasiones no pudo terminar de aislarse de la tecnología. No pudo evitar usar WhatsApp alguna que otra vez y usó un celular viejo para comunicarse con su marido y amigos, que alardeaban con sus modernos smartphones en las manos. 

Clara Oyuela tiene 40 años. Nació en Buenos Aires, estudió Psicología en la Universidad de Belgrano, vivió con su marido por tres años en Alaska y luego se mudó a San Martín de los Andes.

La psicóloga concluye: “Creo que el uso de los celulares se nos fue de las manos y que es necesario tomarse un momento, frenar y reflexionar realmente sobre el uso que les damos. Y como padres debemos saber en qué momento nuestros hijos pueden tener el celular y a qué edad. Debería, lo digo utópicamente, usarse casi con el mismo cuidado que un vehículo, que necesita de un carnet para ser conducido”.

Desde hace unos días está concentrada en la presentación de su segundo libro, que pronto estará a la venta en todo el país.

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