Crónica y la Selección, una pasión inexplicable
Maradona, Messi y tres mundiales que hicieron delirar a todo el pueblo argentino.
Para un pueblo tan futbolero como el argentino, está claro que el Mundial es la cita deportiva por excelencia, aquella que se espera con ansiedad durante cuatro años, que se vive con una pasión inigualable y que une al país detrás de un sueño. Un acontecimiento extraordinario, que influye en todos los ámbitos de la sociedad: económico, político, cultural... Y que durante su desarrollo ejerce un poderoso hechizo, marcando el humor de la calle y provocando una montaña rusa de emociones según los caprichos de la pelota. Un paréntesis mágico en la vida cotidiana de los argentinos, que se aferran a la esperanza de ver a uno de los suyos levantado la Copa para poder sobrellevar la realidad de esta bendita patria. Ese es nuestro ADN, nuestra idiosincrasia. El fútbol nos atraviesa. Y un Mundial nos conmueve.
A lo largo de estos sesenta años de Crónica, en las páginas del diario quedaron grabadas a fuego las aventuras de la Selección argentina en quince ediciones de la Copa del Mundo. Y más allá de los avances tecnológicos que cambiaron rotundamente las formas de comunicar y de ejercer el periodismo, el compromiso de brindarles a nuestros lectores la cobertura que merecen siempre fue el mismo. Con profesionalismo, pero sin dejar de lado la pasión. Y en este largo camino recorrido, ellos y nosotros tuvimos el privilegio de ser testigos del Matador Kempes y sus festejos con la melena al viento, del Diego convirtiéndose en leyenda mientras burlaba a los ingleses y del Leo más combativo, inteligente y genial que enterraba viejas frustraciones para coronar su bestial carrera. Tres estrellas que brillan en el cielo albiceleste. Y que nos llenan de orgullo.
La experiencia de cubrir un Mundial desde el lugar de los hechos es fascinante. Es ingresar a un mundo paralelo, el mundo FIFA, en el que todo está perfectamente planificado y diseñado con el fin de que los periodistas cuenten con las herramientas necesarias para desarrollar su labor desde la primera hasta la última jornada del evento. Desde el proceso de acreditación que se realiza con varios meses de antelación, el desembarco en el país anfitrión, los traslados, el centro de prensa, la ubicación en los estadios, los Fan Fest... Los engranajes de la FIFA están aceitados desde hace muchos años. Y funcionan como un relojito.
Desde lo humano, es también una ocasión única para conocer otra cultura, para relacionarse con personas de casi todos los rincones del planeta, para fomentar la creatividad, para aprender a respetar costumbres distintas de las nuestras. Y aún mejor es hacerlo bajo el clima de festividad futbolera que se respira en las calles y en sus habitantes. Por eso, más allá del privilegio de observar a las máximas figuras del fútbol en la cita más importante, cubrir un Mundial es la oportunidad perfecta para crecer como profesional y como persona.
En mi caso, tuve el honor de formar parte del equipo periodístico de Crónica que cubrió la Copa del Mundo de Rusia 2018. Y aunque el desempeño de nuestro Seleccionado nos dejó un sabor amargo, de ninguna manera empañó la experiencia. Moscú, Bronnitsy, Nizhni Nóvgorod, San Petersburgo, Kazán... Miles de kilómetros recorridos siguiendo la pista del Seleccionado. Horas y horas de trabajo, tal como exigía semejante desafío, pero con la satisfacción de estar cumpliendo un sueño. Nuestro foco no sólo estuvo apuntado al rendimiento deportivo de la Selección. Fiel al estilo del diario, estuvimos bien cerca de los hinchas argentinos allí presentes, contando sus historias, sus vivencias y sus emociones. Saltando y cantando en cada banderazo previo a los partidos; gozando y sufriendo con los vaivenes del equipo.
Desde la redacción del diario, la cobertura de un Mundial también es muy especial, porque trasciende las fronteras de la sección Deportes. Y cuando el desenlace es el que todos deseábamos, como sucedió en la reciente consagración de Messi y compañía, la satisfacción es doble. Más allá del rigor periodístico, en Crónica reflejamos esa pasión inexplicable que despierta este deporte en todos nosotros. En cada texto, en cada foto, en cada tapa. Y lo vivimos con la camiseta puesta. Hasta adoptando cábalas, como las que surgieron tras la derrota del debut: observar los partidos siempre por la misma señal y en el mismo televisor o cambiar francos para mantener la presencia de algunos de nosotros cada vez que la Selección salía a la cancha.
Ni hablar de aquel domingo de gloria, en el que llegamos al edificio de Garay 140 cuando la marea humana comenzaba a inundar calles, avenidas, rutas y autopistas. Indelebles postales que se repitieron cuando el plantel arribó a la Argentina con la Copa entre sus manos y que también quedaron plasmadas en las páginas del diario. 60 años de Crónica, 15 Mundiales, 3 estrellas. En este aniversario tan especial para nosotros, brindamos para que sean muchos más años, muchos más Mundiales y muchas más estrellas.

