Sesenta años y un día: Crónica del último cierre
Por Hugo Ferrer.
Casi la medianoche del viernes 28 de julio River ya había terminado los festejos por el campeonato en el Monumental. Y le había ganado 2 a 1 a Racing y seguía la emoción porque Elías Gómez había levantado la Copa. La redacción del diario “Crónica” enviaba las últimas páginas y la tapa al taller.
El resto del material ya estaba en la planta de la editorial Perfil, uno de los centros de impresión más importantes del país, donde se imprimen “Crónica” y otras publicaciones.
Como lo dijimos en la edición de ayer, del sábado 29 de julio, en la nota para recordar “Así nació Crónica”, Héctor Ricardo García reveló que “se mejoró el traslado de los originales desde la redacción, en Corrientes 1585, hasta la imprenta Cogtal, en Rivadavia 767: los primeros envíos se hacían en bicicleta". Eso fue hace 60 años.
Ahora, como desde hace tanto tiempo, la conectividad aceleró todos los procesos. El mismo vértigo que se vivió en la redacción de Juan de Garay y Azopardo se trasladó a California 2731, en Barracas, donde los camiones de reparto de los diarios entran y salen.
El portón se abre y se cierra. Riguroso control. Algunos aceleran, humo, otros están estacionados en la “playa”; carritos que van y vienen; en los palets, paquetes armados con diarios y revistas. Se huele a tinta. Se huele periodismo. El taller también es eso. Todos protagonistas de un hecho para recordar: ver cómo se imprime el diario “Crónica” de los 60 años.
Fuimos a ser testigos de eso, junto al jefe de redacción, Matías Kaplan; el director de arte, Antonio Ortiz, y el gerente de circulación y director comercial, Josué Tobares.
Bobinas, tinta, planchas, CTP, operarios que corren, suben y bajan escaleras impregnadas en pasión. Las rotativas están a punto. Noche única e histórica. Empiezan a salir los primeros ejemplares. Las hojas en blanco, se van “manchando” de “Crónica".
Mientras corren por la cinta, los operarios eligen al azar y van controlando su calidad. Más tinta, reforzar más el azul, más el rojo. En uno de los tableros de control, la precisión y la operación van de la mano. Se avanza. Más control. El ruido de las rotativas “es música para mis oídos”. ¿Cómo explicar ese sonido maravilloso del arranque, cuando “toma velocidad” y cuando frena? Todo ese proceso también es el cierre de un diario. No termina cuando se mandan las páginas al taller. Ahí, es dónde empieza todo, de alguna manera.
El perfume del olor a tinta invade el salón. Diría que es motivador. Quizás sólo los que alguna vez hemos y han estado en un taller o vivido esta experiencia entenderán lo que significa. Cada empleado tiene su rol y es clave.
Todos protagonistas. Vale también su mención y reconocimiento. Personal gráfico y de circulación de “Crónica”: Jorge Molina (jefe de Circulación), Ricardo Robledo, junto con Marcelo Orozco y Pablo Santa Cruz, además de Christian Aguiar, José María Avila, Gustavo Reinaga, Andrés Graña, Sergio Núñez y Gustavo Urbina y los choferes Adrián Medina y Ramón Moreno.
Y el plantel de Perfil, que también está cargo de que los lectores puedan tocar, leer el diario a las pocas horas. Encargados de impresión, Richard Vargas y Miguel Amarilla; colorista y ayudante, Marcos González y Eduardo Camacho; bobineros, Luís Ramos y Julio Russo; operadores de cadena de Ferag y empaquetado, Juan Paz, Luciano González, Luis Moreira y Andrés Ibarra; operadores de CTP, Rodrigo Bafaro y Víctor Hugo Aragón; mecánico de guardia, Marcos Musto; personal de expedición, Darío Domínguez, Lucas Gómez y Oscar Bogarín; chofer de autoelevador, Martín Pereyra. Entre las variadas ceremonias de la impresión, sobre las dos mesas apoyadas contra la pared, casi como si fueran de un quirófano, se repasan las páginas recién impresas. Colores y el control de títulos, fotos, suplementos.
El diario ya está. Se empaqueta y sale en los camiones para ser distribuidos. En el Bar Británico, en San Telmo, casi a las tres de la mañana. Matías uno de los mozos, junto con otro compañero y dos cocineros, posan con el diario. “Crónica” en manos de los lectores. Así, como desde hace 60 años y un día, como el ejemplar que usted está leyendo ahora, en el papel, y también en la web.

