El nuevo mapa del empleo informal: oficios con alta demanda y buena remuneración, pero sin trabajadores jóvenes
Distintos informes sugieren que la falta de recambio de plomeros y albañiles -entre otros oficios- impactará en sectores como la construcción e incrementará la demanda de trabajadores que realicen “changas” a particulares.
La informalidad laboral en Argentina alcanzó un punto de inflexión histórico al confirmarse que el número de trabajadores “en negro” o por cuenta propia superó al de los asalariados registrados en el segundo trimestre de 2025. Pero en medio de la profunda crisis de empleo que atraviesa el país, los oficios tradicionales que parecían en extinción resurgieron y tienen una alta demanda. Sin embargo, la falta de recambio generacional plantea un nuevo problema de cara al futuro.
De acuerdo con las últimas cifras del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) correspondientes al segundo trimestre del año, la suma de asalariados no registrados y trabajadores independientes totaliza 11.414.000 puestos, dejando atrás los 11.122.000 de asalariados del sector público y privado.
Ante este duro escenario, los oficios tradicionales no solo logran mantener su clientela sino que programan trabajos con hasta meses de demora debido a la alta demanda y falta de disponibilidad de mano de obra. Plomeros, carpinteros y electricistas tienen la agenda completa y aseguran estar conformes con sus ingresos, según lo comprobó un informe reciente.
“Trabajo no me falta. Tengo el próximo mes y medio todo ocupado y trabajo con dos muchachos que me ayudan también. Ahora tuve que rechazar uno porque querían hacerlo a fin de mes sí o sí, y se lo tuve que pasar a un colega”, cuenta a Crónica Eugenio, un electricista con 25 años de experiencia en albañilería y plomería que ahora coordina refacciones con consorcios y en paralelo realiza trabajos particulares.
Según el hombre, en el último año no tuvo un bache sin trabajo. “No creo que sea porque la gente tiene más plata para hacer arreglos, el cambio del dólar puede ayudar y quizás prefieren invertirlo en un momento que les rinde más en costo de materiales y mano de obra. También pasa que las empresas que hacen todo junto, les pasan presupuestos altísimos y nosotros no", analiza Eugenio.
Uno de los albañiles más jóvenes que lo acompañan, Marcelo, reconoce que percibe mejores ingresos por los trabajos “en negro” que los formales. “En las horas libres o los fines de semana meto algunas changas con clientes conocidos o recomendados que hacen la diferencia. Si estuviera trabajando como delivery quizás hago las mismas horas y saco bastante menos”, confiesa.
La precariedad laboral en Argentina es, además, un problema generacional con graves proyecciones a futuro. La informalidad afecta a los más jóvenes principalmente: el 63% de los trabajadores con edades comprendidas entre los 16 y 24 años carece de un empleo registrado. En este contexto, las “changas” aparecen como una alternativa con posibilidades de obtener un flujo constante de ingresos que también puede despertar un interés en formarse profesionalmente.
Un estudio realizado por Amanco Wavin, revela datos concretos sobre la composición etaria y de género de los plomeros en el país. De allí se desprende que prácticamente no se registraron plomeros dentro del segmento de 18 a 25 años. En paralelo, se registra un envejecimiento del sector: la mayor proporción de profesionales, un 41%, se ubica en el rango de 46 a 55 años de edad.
En tanto, el rango etario de 26 a 35 años registra la menor cantidad de plomeros, con solo un 13,4%. Asimismo, el 98% de los plomeros son hombres, reflejando una profesión con mínima o casi nula diversidad de género.
Estos datos sugieren un riesgo ante la falta de recambio en la profesión y plantea una problemática a mediano plazo: ¿Cómo se logrará cubrir la demanda de estos servicios en el futuro?
La escasez de trabajadores especializados ya genera consecuencias económicas en el país. Un informe del Banco Mundial y el INDEC señala un déficit del 25% de trabajadores especializados, que incluye a plomeros y albañiles. Esta falta de mano de obra cualificada incrementa los costos de la construcción entre un 8% y un 12%.
La alta demanda, sumada a una oferta escasa, provoca además que los plomeros con reputación deban agendar turnos con semanas o incluso meses de anticipación, resultando en demoras para la realización de reparaciones y proyectos.
El sector privado local se manifiesta preocupado por la falta de interés juvenil en estos oficios. “En el país existe una gran necesidad de trabajadores calificados en oficios, pero la situación enfrenta un desbalance entre oferta y demanda, problemas estructurales en la educación técnica y una falta de políticas sostenidas que valoricen y profesionalicen estos trabajos”, consideró Víctor Guajardo, gerente de la compañía que realizó el relevamiento mencionado previamente.
Guajardo agregó que “los jóvenes no se están volcando hacia la plomería ni hacia otros oficios manuales, lo que seguramente lleve en algunos años a una situación compleja al momento de buscar un profesional que puede hacer una reparación en el hogar”.
El estudio también indaga sobre el perfil de los plomeros encuestados y reveló aspectos sobre sus motivaciones y la percepción de su trabajo. Un 84% de los trabajadores eligió la profesión por vocación, mientras que el 15% lo hizo por necesidad.
Asimismo, la mayoría afirmó que se capacita en forma regular para sumar herramientas e innovaciones a su trabajo, el cual consideran “está bien remunerado”. Aproximadamente el 70% de los plomeros consultados está conforme con sus ingresos.
No obstante, la brecha generacional pone en riesgo a oficios como plomeros, torneros, matriceros, relojeros y zapateros. A su vez, la informalidad educativa es común. Gran parte de la capacitación se adquiere de manera autodidacta, por herencia familiar o en talleres informales, sin una certificación oficial que amplíe las oportunidades de empleo formal.
Por último, se trata de un sector donde existe una profunda precarización laboral, lo que implica la ausencia de aportes jubilatorios, cobertura médica y derechos laborales, incentivando la vulnerabilidad económica.

