CRÓNICA

Polémica de fe: en su "cruzada evangélica" el predicador de Trump reunió a miles de fieles y cuestionó el aborto y a la comunidad LGBTQ+

El hijo del reconocido “pastor de los presidentes” estadounidense, Franklin Graham, brindó un festival evangélico gratuito a todo trapo durante dos noches multitudinarias en el Estadio José Amalfitani. En la misma semana se reunió con Javier Milei en la Casa Rosada.

 

El evangelismo volvió a iluminar la escena en Argentina. Festival Esperanza Buenos Aires se denominó la campaña que trajo Franklin Graham directo de Estados Unidos y duró dos noches multitudinarias en el Estadio Vélez Sarsfield. Las “cruzadas evangelísticas” que permitieron al famoso padre del predicador llevar su mensaje de fe alrededor del mundo tuvo su oportunidad ante 70 mil argentinos este viernes y sábado pasados, y la costumbre familiar no se perdió. Tal como su progenitor solía hacerlo en la Casa Blanca -Billy Graham también era llamado “el pastor de los presidentes”-; Franklin se encargó de ungir los dos mandatos presidenciales de Trump y en su paso por este país no desaprovechó la oportunidad de reunirse con Javier Milei en la Rosada.

Melodías pegadizas, promesas esperanzadoras, sentido de comunidad, luces encandilantes, coreografías modernas y cantantes que engrandecieron la figura de Dios desde varios géneros musicales -desde el rock hasta el hip hop-. Pareciera que la iglesia evangélica no se priva de nada. Lejos quedaron los himnos clásicos y somnolientos de la misa de la iglesia católica y el silencio obligatorio al momento del sermón del cura, pero el mensaje evangélico no goza de la misma modernidad que el envoltorio.

Franklin Graham, heredero directo de la dinastía religiosa de su reconocido padre, Billy, trajo a Buenos Aires toda la fachada que envuelve a las “cruzadas evangelísticas” con un fuerte mensaje conservador a las iglesias locales. Conocido por sus discursos anti matrimonio igualitario y anti aborto, se encargó de reivindicar esas ideas en un país donde ambas cuestiones ya tuvieron su debate político. “El pecado nos aleja de Dios”, señaló con semblante serio.

 El campo de Vélez minado de pilotos de colores. Fuente: BGEA
 El campo de Vélez minado de pilotos de colores. Fuente: BGEA

“Es señal de bendición”, alentaron repetidas veces desde el atril que llevaba una de cruz dorada en el medio del escenario respecto de la lluvia helada que no daba tregua en la ciudad este viernes. A pesar de que el clima no acompañó el primer día del festival evangélico del año, familias de creyentes ocupaban lentamente cada asiento del estadio de Liniers y desde la organización del evento, a través de las redes sociales, aclararon con mayúsculas que “el día de salvación” no se suspendía por lluvias.

Música para todos los gustos, manos alzadas e hijos pródigos

Si algo se puede destacar de los fieles es su rigurosa puntualidad. El evento, pensado para arrancar a las 20, tuvo una cuenta regresiva a las 19.25 que daría comienzo, media hora antes, al número preliminar destinado a apaciguar la intranquilidad de los más chicos: las canciones infantiles retumbaron en los oídos de todos, hasta el famoso “Baby Shark”. El ambiente no podría ser más familiar. “Festi Kids” era el nombre del show que hizo bailar y aplaudir, junto a muñecos gigantes de minions, tiburones, superhéroes y coreografías sobre el escenario, a decenas de niños en la multitud.

 El segmento musical destinado para chicos obnubiló con sus coreografías la mirada de todos.
 El segmento musical destinado para chicos obnubiló con sus coreografías la mirada de todos.

“Cristo es mi superhéroe” y “Olé, olé, olé, olé, Jesús, Jesús” fueron los primeros cánticos que los feligreses gritaron en Vélez.

Terminada la sección para los infantes, quienes resistieron hasta el final de la tarde con pilotos y paraguas, un carismático pastor- que esta vez ofició de presentador- yanqui, pero “argentino de corazón” ingresó al escenario y le dio el comienzo definitivo a la noche en la que aún la llovizna se hacía presente. “Dios está mandando su bendición”, señaló por las gotas incesantes, desplegó una oración e invitó a que todos los presentes alcen las manos. Mientras, en las plateas y en el campo, los fieles seguían llegando y acomodándose donde se encuentre un hueco disponible.

“¿Cuántos vinieron como invitados?”, preguntó a la multitud, la cual respondió con varios levantando la mano, y siguió: “Quiero decirte que te amo y que Cristo preparó esta noche para cambiar tu vida”. Fue seguido de aplausos y repetidos “Gloria a Dios” en el público.

El presentador, con tonada rioplatense -destacable al tratarse de un anglosajón nativo-, contó brevemente que Dios lo había mandado como misionero hace veinte años al norte de Argentina, específicamente Catamarca, y logró ganarse a la audiencia: “Soy tan argentino como ustedes”.

Franklin Graham trajo las cruzadas evangelísticas de su padre a Vélez.
Franklin Graham trajo las cruzadas evangelísticas de su padre a Vélez.

Simulando lo que sería una reunión general cotidiana, o “culto” como lo llaman los evangélicos, el ex estadounidense dio pie al atractivo por el que se destaca en gran parte esta religión: los espectáculos musicales, que en la casi invernal noche de noviembre, variaron en géneros -eso sí, todos en inglés-, desde un guitarrista devenido en Carlos Santana, con bigote pronunciado, sombrero y gafas negras setenteras, quien contó que supo compartir el escenario con Johnny Cash, hasta un referente dominicano de rap cristiano,  el único en compartir el mismo idioma que el público y enloqueció a los jóvenes con el sonido retumbante característico del trap, al punto de hacerlos poguear en cada, al parecer, hit evangélico.

Tras el estruendo de bajos y baterías del hip hop vendría el turno de los clásicos del cancionero evangélico, donde se alcanzaría el punto más conmovedor del segmento musical. Una seguidilla de canciones, interpretadas por un compositor estadounidense, al mejor estilo “Fix you” de Coldplay, no solo por compartir el idioma, sino también por estar acompañadas por una dulce voz, apenas un piano y una guitarra y letras sencillas de aprender en el momento, que además contaban con sus correspondientes traducciones al español en las pantallas al costado del escenario.

Sorprendía el resultado del acople en el que ambas voces podían cantar la misma canción en diferentes idiomas: la del cantante en el escenario en ingles, y la del público, quienes los sabían de memoria, pero en un doblaje al español muy atinado.

El Festival Esperanza en el Estadio José Amalfitani.
El Festival Esperanza en el Estadio José Amalfitani.
 El Festival Esperanza en el Estadio José Amalfitani.
 El Festival Esperanza en el Estadio José Amalfitani.

Las melodías lentas y casi desnudas de la parafernalia musical y las luces, lograron un ambiente íntimo, conmovedor, que culminó en sentidos sollozos en la multitud de manos alzadas que era el Amalfitani. Pareciera que todo estaba milimétricamente pensado (véase el documental Hillsong: Una megaiglesia al descubierto).

Fue así que se preparó al espectador para recibir el último golpe, de convencimiento a “entregarse a Cristo” para aquel que se encontraba en el lugar por primera vez, y de gloria para los ya acostumbrados a la dinámica.

Franklin Graham se detuvo para hablar de la homosexualidad y el aborto en Vélez

El último round sin duda lo protagonizaría la cara conocida del festival y el heredero de estas famosas campañas evangélicas. Un Franklin Graham canoso y vestido de negro de pies a cabeza subió al atril acompañado por un traductor, igual de canoso, que bien podría tratarse de su pariente. Rompió el hielo ante una audiencia hambrienta por el mensaje final o sermón -predica para los evangélicos-, bromeó sobre sus experiencias en Argentina y la vez que vino con su padre, y sin más fue al grano: les hablo a aquellos que se encontraban por primera vez y aseguró que Dios nos “ama a todos”, pero hay un gran problema que nos divide y ese “es el pecado”.

Pasó a leer una de las parábolas más visitadas del libro sagrado que se encuentra en uno de los evangelios del Nuevo Testamento: la del hijo pródigo. Se trata ni más ni menos de la historia de un hijo que le reclama la herencia a su padre para abandonar su casa e irse a malgastar su riqueza. Luego de darse la buena vida, se encuentra solo, perdido en una ciudad desconocida y sobre todo sin una sola moneda para comer, por lo que resuelve perder su orgullo y volver arrepentido a su casa paterna. Lo llamativo del relato viene cuando su padre lo recibe de lo más contento y con un gran festín. Graham utilizó la parábola para sellar el mensaje central hacia la audiencia de pecadores, que con su arrepentimiento, Dios los perdonaría y recibiría como hijos, tal como el padre de la narración.

 Graham hijo brindó el discurso central a través de su prédica en el final del evento.
 Graham hijo brindó el discurso central a través de su prédica en el final del evento.

¿Y qué es exactamente el pecado según el predicador anglosajón? Tras enumerar la conocida lista de los mandamientos (no robarás, no darás falso testimonio, no codiciarás, entre otros), se detuvo específicamente en dos para aclarar cuestiones. “El adulterio es pecado”, sentenció, y advirtió que si bien el sexo es un “regalo de Dios”, jamas deberia ser fuera de una unión matrimonial. Y esta unión matrimonial también tenía requisitos: solo debería ser entre un hombre y una mujer, no mujer con mujer, ni hombre con hombre.

El segundo pecado que necesitó pie de página por Graham, fue el aborto, del cual aseguró y ratificó su pensamiento: es un asesinato. Una bajada de línea de parte de la moderna iglesia evangélica hacia sus pares en el país en el que ambas luchas se transformaron en debate público hacía años, -y se creía saldado-, una advertencia para los aún no convertidos a la religión.

Todos éramos pecadores y nos debíamos arrepentir. Era el momento, esta era la noche. De esta manera culminó el mensaje central de la primera noche, y también se repitió en la segunda, pidiéndoles a aquellos que sentían la necesidad de descargar la culpa, el vacío y la tristeza de las consecuencias de “sus pecados”, ponerse de pie y repetir la “confesión de fe”, una especie de oración que dictaba el pastor y la audiencia debía repetir al pie de la letra. Con eso alcanzaba para ser perdonado, liberado, y comenzar una nueva vida en el evangelismo. Como si se trataran de palabras mágicas, solo había que repetirlas y creer.

Un Gobierno que mira con cariño a los evangélicos

El mensaje que lanzó Graham ante las 70 mil personas en ambas noches no está desprovisto de su contexto. En la misma semana de este evento desde el Gobierno recibieron en Casa Rosada a representantes de varias iglesias evangélicas del país y de Estados Unidos, en conmemoración Día de las Iglesias Evangélicas y Protestantes en Argentina, que se celebra cada 31 octubre, a través de una ley sancionada el año pasado. Por su parte, Javier Milei tuvo una reunión aparte con Franklin Graham y líderes de la fundación que dirige.

El Presidente Javier Milei recibió en Casa Rosada al predicador evangelista Franklin Graham, actual presidente y director ejecutivo de la Asociación Evangelista Billy Graham (BGEA) y de la organización evangélica Samaritan's Purse.  

Además, lo acompañaron el miembro del… pic.twitter.com/D878Wm8rr0— Oficina del Presidente (@OPRArgentina) November 4, 2025    

Pero no se trata del único guiño del presidente a los evangélicos, en julio pasado el Gobierno anunció, a través del boletín oficial, el Decreto 486/2025, el cual reconoce a las iglesias evangélicas, y otras entidades religiosas no católicas, como personas jurídicas religiosas en todo el territorio nacional, un reclamo que tiene años de parte de la comunidad evangélica.

Con un bloque libertario recientemente electo compuesto por seis candidatos evangélicos, quienes además se encargaron de promover una agenda que busca ampliar la participación política de las iglesias: Nadia Márquez (senadora por Neuquén); Gastón Riesco y Soledad Mondaca (diputados por Neuquén); Mónica Becerra (diputada por San Luis); Miguel Rodríguez (diputado por Tierra del Fuego) y Maira Frías (diputada por Chubut), se puede vislumbrar un cambio de paradigma en la forma de hacer política pero por ahora, ¿es apenas el comienzo de la carrera de los evangelistas en el poder en la Argentina?
 

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