Guillermo Adolfo Terrera, encargado de custodiar el bastón.

Marco Bustamante
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Comienzo a escribir esta nota y recuerdo mis pasos acelerados por la calle Suipacha para llegar a una pequeña oficina del microcentro porteño. Estaba apurado porque tenía una cita con un misterio. Era noviembre de 2013. A pocas cuadras, hundido en su silla de cuero, me esperaba impaciente Fernando Flugerto Martí, un ingeniero industrial porteño con posgrado en Sistemas en la Universidad de Michigan. No tenía forma de saberlo, pero esa sería su última entrevista.

Abrió la puerta con un visible gesto de molestia, me había demorado por el tránsito unos minutos y a Martí no le gustaba demasiado esperar. No estábamos solos; en la habitación, otra persona de la que no recuerdo el nombre se encargaba de “auditar” el contenido de la nota.

El ingeniero dedicó gran parte de su vida a conocer los detalles de esta herramienta primitiva. Viajó innumerables veces al Uritorco y mantuvo un vinculo directo con los personajes principales de esta historia.

-¿Qué es el bastón de mando?
-Es una piedra, y digo esto porque está hecho de piedra. Le llaman bastón, aunque en realidad es un cilindro. Mide un metro y diez centímetros de largo. Uno de los extremos es romo y el otro ligeramente en punta. Tiene un diámetro de 15 centímetros, está hecho de material meteórico. Los propietarios eran los indios comechingones.

-Eran bastante particulares los comechingones.
-Eran blancos, tenían barba y lo más raro de todo es que ante el avance de los españoles se suicidaron en masa tirándose desde el cerro Champaquí.

-¿Cómo aparece?
-Lo encontró un indígena, Orfelio Ulises Herrera. Alguien que se dedicó a los temas esotéricos. Estuvo en el Tíbet y ahí recibe la revelación sobre dónde estaba el bastón. Poca gente sabe, pero cuando el llega al Uritorco encuentra tres objetos, el bastón del que hablamos, un “Pollo” que es un trono de piedra y una conana.

-¿Alguna particularidad de los demás objetos?
-El “pollo” se perdió, nadie sabe dónde está, pero la conana todavía existe y si uno mete la mano adentro se le hiela. Me llamó siempre la atención.

-¿De qué forma continúa esta historia?
-En 1930 Orfelio Ulises ya estaba grande y decide pasárselo a Guillermo Adolfo Terrera, el titular de la cátedra de antropología de la Universidad de Córdoba. Continúa en esa familia hasta el día de hoy.

-¿Por qué se llama “bastón de mando"?
-Por el nombre parece que le confiere algún poder. Si usted lo toma en determinada posición, le puedo asegurar que siente la conexión con la divinidad.

-¿Dónde está en la actualidad el bastón?
-La historia más reciente de esa piedra fundamental entra en un cono de sombras.Terrera fallece y la pieza queda en manos de un hijo. Ahora él quiere venderlo. Ya le dije que me lo tiene que entregar a mí, no en posesión, simplemente porque no tienen idea de cómo utilizarlo.

Un mes después, el ingeniero Martí fallecía en su casa de Belgrano. Del bastón no se supo nada más, podríamos decir que literalmente se lo “tragó la tierra”, ya que muchas fuentes indican que uno de los hijos de Terrera enterró el artefacto en un lugar que sólo él conoce. Y el misterio continúa.

¿Reliquia intraterrestre?
En Capilla del Monte nos reunimos con Luz Mary López, alguien que continúa el legado del ya fallecido investigador local Jorge Suárez. Mates de por medio, en su jardín decorado con figuras de extraterrestres, la conocedora del tema nos explica que “el bastón es un objeto milenario, aparece en la década del ’30, en el año 1938 deja de ser mito cuando Orfelio Ulises lo encuentra en el río Calabalumba y vuelve a convertirse en mito cuando el profesor Terrera fallece, ya que comienzan a circular varios de estos objetos que reclaman su autenticidad”, cuenta.

Y agrega que “para nosotros, todo lo relacionado con el bastón y Erks, entendemos que nos falta información y elementos históricos. Terrera decía que si existe la ciudad se encuentra en un ámbito mitológico hasta que se sepa si es real”. Según Luz, algo parecido pasa con el bastón.

Todos los días llegan cientos de personas al Centro de Informes OVNIs que ella dirige, preguntan con sana curiosidad por el “bastón de mando”, pero el material sobre el tema es escaso.

Al respecto, Luz nos dice: “Estamos esperando todos los días que aparezcan nuevos datos para poder ampliar o desmentir algo”.

El enigmático Dr. Acoglanis
Si nos referimos al cerro Uritorco y sus misterios, tenemos que hablar de Ángel Cristo Acoglanis, un médico de origen griego que perteneció a los círculos herméticos de la República Argentina e impulsó la zona de Capilla del Monte como punto clave para el renacimiento no sólo de nuestro país, sino también del mundo.

Al pie del Uritorco se encuentra hasta el día de hoy un monolito, con una chapa de bronce dedicado a Sarumah, el nombre místico de Acoglanis. Todos en la zona conocen su historia y repiten innumerables veces el legado místico del singular personaje.

Acoglanis fue el primero en llegar al cerro con la leyenda a cuestas de la existencia de una ciudad perdida de Erks, y un portal cósmico al que se ingresaba mediante una clave secreta, una especie de contraseña que desde la época de los indios comechingones se iba pasando de voz en voz.

Muchas versiones indican que esa llave, esa contraseña de ingreso a Erks, le terminó costando la vida al médico griego. En abril de 1986 fue asesinado por una persona cercana, dicen que fue para evitar la entrega del bastón de mando y la contraseña que permitía abrir el supuesto portal cósmico de la ciudad subterránea.

Acoglanis tenía 63 años el 19 de abril de 1986 cuando su compañero y amigo de peregrinajes místicos al cerro Uritorco, Rubén Antonio (hermano de Jorge Antonio, quien fuera delegado y hombre fuerte de Juan Domingo Perón), ingresó con arma en mano y lo asesinó.

La pieza gemela


En nuestra reciente visita a Cachi, en Salta, pudimos visitar el Museo Arqueológico Pío Pablo Díaz, ubicado en el centro de la localidad. Su importantísimo e invaluable catalogo arqueológico cuenta con unas 5.000 piezas que relatan más de diez mil años de historia, desde el 800 antes de Cristo hasta el 1600 después de Cristo. Una de las “joyas” de la muestra es un “bastón gemelo” al encontrado en el cerro Uritorco, ubicado a unos 830 kilómetros de distancia. Eso nos podría dar la pauta de que en realidad la pieza era común en aquella época y que su fabricación responde a motivos ceremoniales.