Por Leornardo Schwarz
paranormal@cronica.com.ar

Cada historia tiene un trasfondo, y cualquier objetivo estipulado puede tergiversarse o ser el desencadenante de un hallazgo extraordinario, inesperado. Pasa en cualquier ámbito y en todas las regiones del mundo. Tal es así que del otro lado del océano Atlántico se llegó a un descubrimiento sin precedentes, casi sin proponérselo. La excavación del Pozo de Kola fue un proyecto de investigación científica que la hoy desaparecida Unión Sovietica llegó a concretar en el noreste de la región para profundizar en la corteza terrestre. Los fines de este trabajo eran investigativos, de neto corte científico, y el objetivo de la realización era para conocer el estado de la litósfera en aquel lugar.

Entonces se unieron el Consejo Científico Interdepartamental para el Estudio de la Tierra (CCIET) y la empresa estatal rusa GNPP Nedra. Así, se comenzaron las tareas en los inicios de los años ´70, hasta que luego de años de excavación, en 1983 se alcanzaron los 12.000 metros. Sin embargo un gran derrumbe en el interior del agujero los obligó a comenzar a perforar de nuevo a partir de los 7.000 m, hasta que en 1989 se alcanzó la profundidad máxima de 12.262m. En ese tramo se frenó la perforación por hacerse imposible técnicamente el profundizar más en la corteza, dada las altas temperaturas que existían en el lugar. ¿Es que, a través del Proyecto GS-3 o “Pozo superprofundo de Kola”, habían llegado a las puertas mismas del infierno? Una historia inconclusa, aunque con muchas dudas aún por resolver.

Nuevo intento

Durante ese mismo año 1989, un grupo de científicos provenientes de Siberia, que eran dirigidos por un doctor de apellido Azzacov, realizaron una excavación de un agujero de unos 14,4 km de largo en el pozo de Kola, y fue allí donde se sorprendieron al encontrar una enorme cavidad subterránea. Desde dicha profundidad detectaron sonidos, presumiblemente compatibles con lamentos, llantos, súplicas y gritos de dolor de seres humanos. Inexplicables desde todo punto de vista lógico. Los protagonistas afirmaron haber escuchado esas voces de sufrimiento y como única explicación indicaron que habrían excavado hasta las puertas mismas del infierno. Por eso, y sin otras respuestas para dar, dadas las características únicas del estudio inicialmente proyectado, dicho pozo pasó a ser llamado bajo el temeroso nombre de “Pozo del Infierno”.

¿Temor fundado?

Tras aquel impactante descubrimiento, la mitad de los aterrorizados científicos decidieron renunciar al proyecto, sin que hubiera alguna forma de convencerlos de que continuaran trabajando en el sitio. Sin embargo, lo peor fue que, posteriormente, habrían ocurrido otros hechos mucho más espeluznantes. La misma noche en que se grabaron las voces, apareció un gas luminoso que se disparó desde el centro de las entrañas mismas de la Tierra, en medio de una columna de humo incandescente. Y del agujero que se había perforado emergió un aparente ser con alas de murciélago, que gritó en idioma ruso: “He vencido”, para después perderse en el oscuro cielo de Siberia. ¿Difícil de creer, no? Al respecto, el doctor Azzacov explicó que, aunque como comunista sus creencias no incluyen ni elcielo ni la Biblia, sí pasó a creer en el infierno... Esa versión habría luego tenido cierta desmentida, aunque Azzacov no fue la única voz cantante referida al tema. Otro testigo de lo ocurrido, de apellido Nummedal, explicó: “El incidente fue totalmente irreal. Los rusos gritaron con espanto”, para después agregar que “esa noche un grupo de ambulancias circuló por ahí”. Nummedal explicó que el conductor, a quien conocía, le dijo que les había ordenado que se sedara a todos los que estuvieron presentes con un medicamento para borrar su memoria en el corto plazo. Para darle más veracidad a su relato, aportó que los rusos utilizan esa droga para tratar a las víctimas que sufrieron algún tipo de shock.

Creer o no creer

Desde el momento que se produjo ese acontecimiento, varios medios de comunicación de muchas partes del mundo se involucraron y difundieron la noticia. Sin embargo, con el correr del tiempo ese hallazgo empezó a ser desacreditado. Varios internautas de las incipientes redes sociales aseguraban que la información estaba cargada de datos poco fiables, como la misma existencia del doctor Azzacov, quien desde ese momento prefirió vivir en el anonimato.

Según las fuentes oficiales rusas, el Proyecto del pozo de Kola no pudo seguir adelante debido a las altas temperaturas que alcanzaron a los 12.262 metros de profundidad: 180 grados centígrados. Estas temperaturas superaban con creces los 100° C que se preveían. Se estimó que alcanzar la meta de los 15.000 m supondría un aumento de la temperatura de 300ºC. De manera que les resultó imposible con los medios técnicos y financieros de los que por entonces disponían para llegar a tal profundidad abismal, y se optó por abortar el llamado Proyecto GS-3 o “Pozo superprofundo de Kola”.

En cambio, la versión brindada por el medio científico finlandés “Ammennusatia” resultó más inquietante. Indicaba que las excavaciones habrían alcanzado en 1992 una profundidad de 14.400 metros y que a partir de entonces, la perforadora hubiera dejado de ejercer presión sobre el suelo para empezar a girar de forma alterada y ejerciendo apenas oposición. Aparentemente, en ese punto la temperatura habría alcanzado los 1000°C y los científicos decidieron escuchar las placas tectônicas con micrófonos. Y lo que imprevistamente escucharon los dejó atónitos y a la vez aterrorizados.

¿Qué fue lo que se oyó?

La impresión, una vez enviados los micrófonos a las profundidades del pozo, es que les pareció oír sonidos de animales y de voces humanas. En principio los especialistas pensaron que estos sonidos podían venir de la superficie de la Tierra, a causa de algún efecto de eco a 14.500 metros de profundidad. Pero el grupo de geólogos liderado por el Dr. Azzacov descartó esa teoría del eco. Equipados con micrófonos ultrasensibles descubrieron algo que los inquietó.

El mismo Dr. Azzacov las definió así en citas al medio finlandés antes mencionado: “La información que estamos recolectando es tan sorprendente, que estamos sinceramente temerosos respecto a la naturaleza de lo que hemos encontrado allá abajo. Los registros de la temperatura se acercaban hasta los 1.000 ºC, más de lo que nosotros nos esperábamos. Parece más como un infierno en llamas que se encuentra en el centro de la Tierra. El último resultado fue lo que verdaderamente conmocionó nuestros oídos, tanto que los científicos sintieron miedo de continuar con el proyecto” Azzacov, al mando de las investigaciones, agregó los siguientes pasos que siguieron.

“Tratamos de escuchar los movimientos a cierto intervalo con unos micrófonos ultrasensibles, los cuales dejamos caer en el agujero. Lo que escuchamos convirtió nuestra lógica científica en ruinas. Eran, durante ciertos momentos, unos sonidos débiles pero a la vez, altos en frecuencia, los cuales pensamos que venían de nuestro propio equipo. Pero después de algunos ajustes comprendimos que en verdad el sonido venia de dentro de la Tierra. Apenas podíamos creer lo que estábamos escuchando. Eran voces humanas, gritando de dolor. A pesar de que una voz era más perceptible, pudimos escuchar cientos, tal vez miles de almas gritando de sufrimiento ¡Bajamos un micrófono diseñado para detectar el sonido de las placas tectónicas en movimiento y, en su lugar, escuchamos voces humanas gritando de dolor!”.

Y prosiguió con una frase letal: “Como comunista, no creo en el cielo ni en la Biblia, pero como científico ahora creo en el infierno. Es innecesario decir que fue algo impactante el haber efectuado este descubrimiento. Pero sabemos lo que vimos y lo que escuchamos. Y ahora estamos convencidos de que taladramos ¡las mismísimas puertas del infierno! Esperamos que lo que esté allá abajo, allá se quede”.

En cambio, la otra versión se mantuvo por una cuestión irrefutable: el super pozo de Kola realmente existe y esos trabajos fueron ordenados a concretarse. Sin ir más lejos, agregan que las tareas no se detuvieron por las altas temperaturas que hacían imposible estar en el lugar, sino porque las máquinas habían taladrado las puertas del infierno. En esta disparidad de versiones, existe una realidad. En la antigüedad, los mitos se prolongaban en el tiempo por el simple “boca a boca”, pero en la actualidad la tecnología permite observar con detalle cada historia y mediante sitios de internet cada persona puede sacar su propia conclusión. Este caso no es la salvedad, y en YouTube varios videos evidencian los gritos desgarradores que hasta hoy siguen abriendo un enorme enigma. Lo que no invalida que, incluso, se especule que realmente el infierno exista en la profundidad misma de nuestro planeta. O que las versiones sobre la existencia de otro mundo, inmerso en la llamada Tierra hueca, instalada en sus mismas entrañas, tenga visos de verosimilitud.

Cuando la Guerra Fría llegó a límites insospechados

la URSS decidió en 1962 presentar ante las Naciones Unidas un importante proyecto científico de estudio y prospección de la corteza terrestre. La finalidad del proyecto consistía en investigar la litósfera cuando aparece la llamada Discontinuidad de Mohorovicic. ¿De qué se trata esa denominación? Es una zona de transición entre la corteza y el manto terrestre. Aparece a una profundidad media de unos 35 kilómetros, pudiendo quedar a más de 65 kilometros de profundidad en los continentes y a unos 10 kilometros en los distintos océanos.

Mientras tanto, Estados Unidos ya había entablado una carrera directa con los soviéticos. Los estadounidenses intentaban batir el récord en la perforación de la superficie de la capa terrestre y poder hallar la Discontinuidad de Mohorovicic, pero esos esfuerzos se esfumaron en 1960, cuando el perforador de diamantes se rompió, y el elevado costo del reemplazo impidió poder continuar con ese proyecto. Hasta ese momento, los yanquis habían logrado alcanzar los 9.583 metros, una profundidad menor que la de la eterna potencia rival.

En cambio, la URSS no escatimaba en gastos, e invirtió una gran fortuna para poder llegar hasta los 15.000 metros de profundidad. Incluso se llegó a construir un laboratorio geológico situado a 8.578 m., que se mantuvo activo hasta la cancelación de dicho proyecto.

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