Por Daniel Beylis
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A mediados del siglo XIX nació uno de los científicos más revolucionarios de nuestra historia. Apartado, a veces ignorado e incluso silenciado por varios de sus descubrimientos y experimentos, no se conformó con poco y dedicó toda su vida a la búsqueda de una tecnología capaz de moldear la energía y dirigirla al antojo del ser humano. A esa energía la llamaron “energía libre”.

La mención es para Nikola Tesla, una mente privilegiada que en la actualidad es conocida -y reverenciada- por el mundo entero. No sólo desarrolló el sistema de corriente alterna, posibilitando la transmisión de electricidad a grandes distancias, sino que también trabajó en la comunicación inalámbrica y la transferencia de energía.

Se le acredita, además, haber desarrollado sistemas en fuentes de energía desconocidas, ser contactado por seres extraterrestres, haber causado la explosión de Tunguska por un rayo de muerte, e incluso haber trabajado en un generador de terremotos. Esto último es lo que más inquietudes provocó en su misteriosa existencia, aunque también trabajó en evitarlos. A ese tema le apuntará nuestra nota, que toma vigencia tras algunas cuestiones a considerar (ver recuadro).

Energía, su obsesión

Dedicado a la ciencia, inventor e investigador en varios aspectos, el ingeniero mecánico, eléctrico y físico croata Nikola Tesla había nacido el10 de julio de 1856 en Smiljan, Croacia, y falleció el 7 de enero de 1943 en Nueva York, ya que residió durante muchos en los Estados Unidos.

Casualmente en 1896 Tesla se encontraba trabajando en un oscilador, pensado para ser utilizado en la transferencia de energía. La idea era crear un elemento impulsado por vapor, capaz de generar varias frecuencias. Si la frecuencia coincidía con la frecuencia de resonancia, un dispositivo receptor debería transformar las oscilaciones mecánicas en corriente eléctrica.

¿Se pasó de la raya?

Fiel a su constancia y con una inteligencia muy por encima de la media, un año después el dispositivo estaba listo y en 1898 hizo mover la Tierra. ¿Qué fue lo que ocurrió? Los vecinos de varios bloques de edificios de Manhattan empezaron a experimentar un temblor que pronto comenzó a sacudir todas las estructuras edilicias y romper cristales, lo que provocó que la gente saliera asustada a las calles de Nueva York.

Ante esta situación, la policía, tras comprobar que el temblor se circunscribía sólo a aquella pequeña parte de la ciudad y sospechando quién podría ser el causante, envió a dos de sus agentes al laboratorio de Tesla.

Justo antes de entrar en el edificio notaron que el temblor cesaba, y al traspasar la puerta, los recibió un hombre alto y delgado, con bigote, elegantemente vestido, y armado con un martillo, diciéndoles: “Caballeros, lo siento. Han llegado tarde para contemplar mi experimento. He visto necesario detenerlo de forma súbita e inesperada”. Este personaje era el propio Tesla.

¿Qué había inventado?

Si era lo suficientemente potente, la máquina que había creado el genial Tesla podría coincidir con la frecuencia de la Tierra, causando incluso terremotos de diferente magnitud. Aun así, en la década de 1930, imaginó el uso de dispositivos más pequeños, pero para aliviar la energía de la Tierra, en este caso, para evitar los sismos. Sin embargo, el sistema de “telegeodinámica” de Tesla nunca logró ir más allá del prototipo.

El dispositivo en realidad no era lo suficientemente potente como para enviar la cantidad de energía que se requería, según los cálculos del científico. La amortiguación de las oscilaciones por estructuras y el subsuelo era demasiado fuerte.

Pese a ello, Tesla tuvo otra idea que fue mucho más exitosa. Se imaginó usando las oscilaciones generadas por su dispositivo para explorar el subsuelo. Las olas enviadas al interior del piso se reflejarían por obstáculos o rocas diferentes.

Todos avances que, a futuro, fueron basamento para crear diferentes maquinarias y equipamientos, capaces de poder trabajar en la exploración del suelo, así como también en las incidencias de la energía en las cuestiones climáticas. Todo investigado por el genial Tesla.

¿Utilizan sus ideas en la actualidad?

En 1907 este científico diseñó la famosa Torre de Tesla, un aparato que genera ondas electromagnéticas hacia cualquier parte de la ionósfera, rebotando en esta para dirigirse posteriormente a cualquier sitio del planeta. Se creía por entonces que esa torre era un arma climática, capaz de crear tsunamis y terremotos, aunque jamás se usó o -por lo menos- eso se dice oficialmente.

Muy lejos en el tiempo, ya en la década de 1970, el proyecto Haarp (Hard Frequency Active Auroral Research Program), un misterioso programa compartido entre la Fuerza Aérea y la Armada de los Estados Unidos, cuyas instalaciones de investigación se encuentran en Alaska y su costo asciende a 250 millones de dólares, algo alto para el supuesto estudio del clima, podría haber utilizado los mismos principios que el propio Tesla y crear múltiples desastres naturales, incluyendo terremotos.

Prueba de ello es que culpan a ese experimento de diferentes catástrofes naturales, tal como ocurrió en septiembre pasado en México. Es que instantes previos al sismo, cientos de testigos pudieron observar extrañas luces emerger del cielo nocturno, y las mismas se mantuvieron aún después del mismo.

Muchas personas filmaron dicho fenómeno, que científicos atribuyen a triboluminiscencia, pero no convencen a muchos.

Algunos creen que se trata del proyecto Haarp, debido a que cuando está en funcionamiento, sus ondas de baja frecuencia emiten luces al contacto con la tierra, auroras, e incluso cambian el color del cielo. Esto, a pesar de que Estados Unidos ha reiterado en más de una oportunidad que dicho proyecto ya no está en funcionamiento.