Por Jorge Fernández Gentile
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El siglo XX ya recorría su segunda década y el avance tecnológico resultaba notorio. La industria metalmecá- nica pesada daba pasos agigantados, y entre sus rubros, las navieras competían entre las construcciones de megaestructuras enormes, ya sea entre los grandes cargueros y los transportes de pasajeros que, como la aviación recién daba sus primeros pasos, eran el principal medio de transporte para efectuar travesías como cruces oceánicos.

En ese contexto, la naviera británica White Star Line anunció la botadura de un transatlántico al que bautizaron “RMS Titanic”, al que consideraron como el barco más avanzado y grande de esos tiempos, y al que sus constructores consideraron sin eufemismos como inhundible.

Lujos, placer, más de 2.000 personas, muchas de la alta sociedad británica y europea en sus diferentes clases y compartimientos, y todo era un viaje normal en su travesía inaugural que además buscaba romper récords, mientras cruzaba el Atlántico Norte. Hasta que se produjo el final, abrupto, ya contado mil veces.

Ese relato tan bien contado en el laureado filme de James Cameron de 1997, en el que, además de relatar una historia de amor, recrea el desastre impensado, cuando en la noche del 14 al 15 de abril de 1912, luego de un evidente descuido y error de cálculo de la comandancia, el enorme barco colisionó contra un inmenso iceberg, para comenzar a hacer agua por varios frentes y, en pocas horas, partirse primero y hundirse después.

Los botes salvavidas que llevaba no fueron suficientes para salvar a todos los pasajeros, y aunque 705 personas fueron rescatadas, 1.513 quedaron allí para siempre. Esa historia, repetida con matices en varios libros y relatos de época, además de esa tragedia tuvo, antes y después, un montón de otras historias, interrogantes, misterios y enigmas que han rodeado a ese fatídico viaje, en un hecho que ha trascendido el tiempo. Algunas historias suenan sorprendentes, mientras que otras no parecen tener una lógica aparente.

¿ Titanic o Titán?

Uno de los secretos del llamado naufragio más famoso de la historia es, a la vez, conocido como la predicción más acertada de cómo ocurriría el final del Titanic, con 14 años de antelación. La novela se llamaba “Futility o el hundimiento del Titán" (Futility, traducido, significa más o menos futilidades, banalidades o frivolidades) y se conoció en 1898.

Su autor era Morgan Robertson, un escritor que se dedicó a escribir sobre el mar, destacándose entre sus textos “Los piratas”, “Más allá del espectro”, “En el valle de las sombras” y la citada novela. Justamente en “Futility” se narró que en una noche de abril el buque surcaba a toda máquina las aguas próximas a Terranova.

Buscaba batir un récord, sin importar los riesgos, y que se trataba de un navío revolucionario construido con la tecnología naval más avanzada de su época: sus planchas impermea bles eran consideradas inhundibles. Sin embargo, el desenlace de la novela llega cuando en plena noche, el vigía avista un iceberg que se les viene encima, pero es tarde: el barco impactará a toda máquina. Una catástrofe en la que perecen casi todos sus pasajeros debido a que el buque no llevaba suficientes botes salvavidas.

¿Pudo llegar a darse que el nombre del Titanic surgiera del Titán de la historia de “Futility”? Podría llegar a ser, pero si se considera que ambos transatlánticos pesaban lo mismo, tenían la misma capacidad de carga, la misma longitud, ya da que pensar.

Quizá Robertson conocía el proyecto del Titanic... Pero si eso fuese una casualidad inimaginable, qué se puede decir cuando relata que el capitán de su nave imaginada tenía el mismo apellido del comandante del Titanic. ¿Sorprendente? El barco de la novela terminó de igual forma que sucedió con el hundido en 1912. ¿Semejante visión tuvo Robertson? Porque semejante predicción es tan escalofriante que no puede pensarse en una tan precisa coincidencia, como si nada fuera. ¿Pide rescate 60 años después? Cuando el 15 de abril de 1972 Lloyd Dethmer, quien cumplía funciones como radiotelegrafista del buque estadounidense “Theodore Roosevelt”, recibió un mensaje solicitando socorro (en inglés, “mayday”), si bien el mensaje no era del todo audible, Lloyd sí distinguió con claridad que la embarcación que enviaba el SOS tenía el nombre de “ Titanic”.

Dethmer informó inmediatamente a sus superiores y la instrucción que recibió fue muy clara: no hacer nada y continuar el rumbo programado. Cuando llegaron de alta mar, re presentantes del servicio secreto le comunicaron a toda la tripulación que ese mensaje nunca había ocurrido y que lo que escucharon fue una broma de mal gusto.

Pero Dethmer se quedó con la espina. Porque un radiotelegrafista no da un mensaje sin tener ciertas previsiones, pero además porque le pareció muy extraño que fuera el servicio secreto quien le diera esas explicaciones.

Así que se dedicó a realizar su propia averiguación para saber qué había ocurrido y emprendió su propia investigación para determinar el origen de esas llamadas de SOS. Indagando con sus colegas y revisando el histórico de reportes de otras tripulaciones, encontró que estas llamadas fantasmas de ayuda desde el Titanic se estaban escuchando con una frecuencia de 6 años.

Ya que se habían registrado en 1924, en 1930, 1936, y así consecutivamente. Siendo el último escuchado en abril de 1996 en el buque “Quebec”, y que fue reportado por la prensa canadiense. Y si bien no se conocieron mensajes desde entonces, bien pudieron seguir registrándose. Indudablemente, algo por demás extraño y misterioso que hasta la actualidad no registra explicación alguna.

¿Viajeros en el tiempo?

Un barco pesquero de bandera noruega que navegaba por el Atlántico Norte el 24 de septiembre de 1990 descubrió al sudoeste de Islandia a una joven sentada temblando en un iceberg, en medio de la inmensidad. El capitán decidió obviamente ir en su rescate y al subir al buque la mujer dijo llamarse Winnie Coutts, mientras preguntaba sin cesar por la suerte corrida por los demás pasajeros del Titanic.

Los tripulantes del pesquero la trasladaron hasta Oslo, donde las autoridades la tomaron por loca, aunque algunos detalles empezaron a ser revelados con mucha curiosidad y era que efectivamente en la lista de pasajeros del Titanic figuraba el nombre de Winnie Coutts. Pero si eso era extraño, además la joven lucía una vestimenta muy acorde con la moda de inicios del siglo XX.

Un año después se vivió un caso similar cuando otro buque noruego que efectuaba investigaciones marítimas descubrió casi en el mismo sitio, unos 600 km al sudoeste de Islandia, a un hombre de edad avanzada con uniforme de White Star Line, la empresa que tenía la propiedad del Titanic, y que había declarado la quiebra en 1934. Al igual que la chica, fue llevado a Oslo y le hicieron un análisis dactiloscópico, que arrojó sorprendentemente que coincidía con el del capitán del Titanic, Edward Smith. Rápidamente, las dudas estallaron entre los investigadores, que comenzaron a evaluar qué había sucedido con estas personas.

En especial, porque la historia oficial indica que el capitán había muerto en la tragedia a bordo del Titanic, mientras que en el caso de Winnie Coutts, aunque se sabe que sobrevivió, los registros indican que falleció en 1960. ¿Acaso se produjo un caso de viajeros involuntarios en el tiempo? ¿Quizá cruzaron un portal que los trajo otra vez a este mundo? ¿O se produjo un fenómeno muy puntual de regresión en el tiempo? Un caso podría marcar ciertas dudas, pero dos reafirman una coincidencia muy fuerte, dado que ambos fueron ubicados en el mismo sitio en el medio del mar, y declararon provenir del barco que se había hundido décadas atrás. 

Algo es seguro, el Titanic está sumergido en las profundidades, pero parece estar más activo que nunca, y continúa generando misterios.

Fuentes: elmundodelmisterio.com / National Geography / Dogma