Jorge Fernández Gentile
paranormales@cronica.com.ar

No es la primera vez que en estas páginas aparecen casos de espectros fantasmales. Y en ese contexto, de entidades de pequeños. Tampoco será la última. Porque la actividad que generan estas diminutas entidades, que se mueven en un plano dimensional diferente, al que habitan los seres humanos, pero que pertenecieron a chicos que ya no están entre los vivos, es recurrente.

Sin ir demasiado lejos, en diferentes ediciones de Crónica Fenómenos Paranormales se han citado muchos casos. Quizás el más reciente haya sido el espíritu del pequeño Nachito, que le teme a la oscuridad y que deambula por un cementerio en desuso de Guadalajara, México.

O aquel que mueve un globo en un pub galés. De igual manera que, ya en nuestro país, el recordado suceso de Miguelito, el niñito riojano cuyo espíritu suele recorrer los alrededores de su tumba.

Así, vamos a tratar de entender de qué se tratan todos estos hechos, y de paso evaluar dos casos, muy alejados entre sí, pero relacionados porque todo hace suponer que representan entidades que, en vida, fueron chicos que ya no están, y cuyos casos se viralizaron en las redes sociales de todo el mundo.

Uno se originó hace algo menos de dos meses en Jacksonville, Florida, en Estados Unidos, y el otro en nuestro país, en la localidad bonaerense de El Palomar, que también captó la atención de todos.

Blanco sobre negro 

Nadie puede demostrar científicamente, al menos aún, que existe vida después de la muerte. Y mucho menos qué es lo que sucede con el alma una vez que se desprende del cuerpo, consumada la muerte corporal, ya sea de un mayor, de un adulto, de un joven o bien de un pequeño.

Los que creen en la vida después de ese trance y en la existencia de esas entidades sostienen que quedan en un período de cierta transformación hacia el mundo espiritual.

Aunque son muchos los que descreen de este camino, son sobradas las evidencias y ejemplos de personas que viven experiencias cercanas a la muerte que sugieren que de hecho existe un plano más a recorrer cuando el corazón ya no late.

Incluso, muchos analistas explican que el fallecimiento de niños tiene que ver con el cierre de un ciclo incompleto de un alma, que se cierra para reiniciar otro, cuando la reencarnación propicia otra nueva etapa, superadora.

En ese contexto, quienes se preguntan por la existencia de fantasmas o espíritus que conviven entre nosotros, encuentran en los investigadores paranormales una respuesta plausible: se trata de la energía de quienes fallecieron y que, por alguna situación inexplicable, se muestran y hasta conviven entre los vivos, aunque en diferentes planos.

Aquellos que han asegurado haber visto fantasmas los describen como sombras, figuras casi transparentes de un ser humano etéreo.

¿Por qué están entre nosotros?

No están claros los motivos por los que permanecen en nuestra realidad y en el mismo plano, aunque a veces parecerían funcionar como ángeles de la guarda, a la espera de poder ser acompañados hacia el otro lado.

Algo es seguro, no son conscientes de su condición sobrenatural. Y gracias al avance de la tecnología, en la actualidad ya se dispone de incontables evidencias que demuestran que existen.

Como un video recientemente publicado en las redes sociales, donde se puede ver lo que parece ser el espíritu de un niño en una forma blanca moviéndose debajo de una escalera. O aquel que se asoma en un hospital bonaerense. Ejemplos sobran. Hoy contaremos dos historias más.