Por Javier Carrodani
@JavierCarrodani

La diputada nacional Nilda Garré, una joven militante del peronismo allá por los años 60 y 70, fue una de las personas que acompañó a Juan Domingo Perón en el inolvidible vuelo de regreso desde Roma a la Argentina.

En diálogo con Crónica, la también ex ministra de Seguridad y Defensa compartió su vivencia de aquel momento trascendental para la historia política argentina y valoró su importancoa comparandolo con hechos posteriores ocurridos en el país y en la región. “Recuerdo haberlo vivido con mucha emoción, lógicamente. Fue un logro muy importante de todo el peronismo. El regreso de Juan Domingo Perón al país fue la concreción de algo que gran parte del pueblo había esperado por casi 18 años. De algo que ya se había intentado en otras ocasiones y por distintas maniobras de las dictaduras de entonces se habían frustrado. La mayor decepción fue, claramente, en 1964, cuando Perón venía en vuelo y el avión fue bloqueado en Brasil y forzado a regresar, por gestiones de la Cancillería en ese caso de un gobierno democrático, como el del radical Arturo Illia. De manera que fue una gran alegría haber hecho realidad esa esperanza de tantos compañeros”, relató Garré.

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Agregó posteriormente que la concreción del retorno de Perón en términos políticos “significó un golpe mortal al llamado Gran Acuerdo Nacional (GAN), que impulsaba el gobierno militar en ese entonces -presidido por el general Alejandro Agustín Lanusse-; era una salida negociada de los militares con una parte de la clase política para impedir una elección presidencial verdaderamente libre, pero que a la vez buscaba mantener el control militar sobre el próximo gobierno electo”.

Agregó entonces que “el valor de esto se puede constatar haciendo una comparación con Chile, donde las fuerzas pinochetistas han permanecido muy fuertes pese al regreso de los gobiernos constitucionales. Las estructuras democráticas no han podido remover la influencia pinochetista, y eso se debe a que la salida de los militares fue negociada, contrario a lo que ocurrió aquí. Y sobre todo desde 2003, cuando por decisión política del presidente Néstor Kirchner se puso corte a una suerte de autogobierno que tenían las Fuerzas Armadas, en el que los comandantes que se iban ya dejaban armadas y digitadas las conducciones que los reemplazaban”. En ese sentido, agregó que “luego de pasar a retiro a una gran cantidad de altos oficiales, Kirchner impulsó una línea enfática de control del gobierno civil y de subordinación de los militares a la autoridad del comandante en jefe, que como dispone la Constitución es el presidente elegido por el pueblo. Así me instruyó Kirchner cuando me designó ministra de Defensa, en 2005”.

“Lamentablemente, en su gestión de estos últimos cuatro años, Mauricio Macri ha vuelto a delegar funciones y facultades en los mandos militares, pero no hay duda de que cuando asuma Alberto Fernández se retomará la senda que inició Kirchner”, concluyó la legisladora nacional.

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