Por Karina Limura

El Parque Rivadavia, originalmente conocido como Plaza Lezica -aunque también se lo llamó por muchos años Parque Lezica- se ubica en el centro geográfico de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, y en alguna medida, es el corazón mismo del barrio porteño de Caballito. Allí, entre las estaciones Acoyte y Río de Janeiro del subterráneo, en ese amplio predio entre la avenida Rivadavia y la calle Rosario, se esconden extrañas historias conocidas a lo largo de los años.

La más impactante y vivida en primera persona por muchas generaciones es la de "la negra planchadora" que aparecía en el ombú del parque, pero hay otras leyendas que lo convierten en un sitio con mucha más actividad paranormal de la que nos imaginamos. Enterémonos un poco más de esas leyendas urbanas que envuelven el lugar.

Un poco de historia

Allá por 1860, antes de que el terreno se convirtiera en unos de los parques favoritos de los niños para jugar o un lugar de compra y venta de productos usados, la familia Lezica poseía una bella y espaciosa quinta.

El Estado nacional decidió realizar un parque para los ciudadanos. 

Una vez derrumbada la propiedad, el Estado nacional, al que había sido vendida la propiedad durante el mandato de Marcelo Torcuato de Alvear, decidió realizar un parque para los ciudadanos que, por su ubicación, abarcara varios barrios a la vez. Pero la quinta y sus habitantes no quedaron en el olvido. Y en especial, un personaje que se hizo leyenda: la planchadora de los Lezica.

El fantasma que ronda

Así, cada martes por la noche, las personas que rondaban por el parque cerca del ombú que pertenecía al jardín del viejo Lezica, cuentan haber visto o escuchado cantar a una mujer vestida con harapos y con una plancha de hierro al rojo vivo en la mano. Varias fueron las personas que la describieron como una mucama o sirvienta de la época del 1890.

Fueron muchos quienes la describieron como una mucama de la época del 1890.

Los Lezica

El verano de 1861, Candelaria Lezica de Serantos decidió instalarse en el inmueble de su bisabuelo para buscar un pretendiente. Entre ella y su madre seleccionaron los días martes para realizar fiestas de té y bailes, ya que todos los hombres de la casa salían por negocios.

Como era habitual en aquellos tiempos, la señora de casa le indicaba a la servidumbre qué tareas cumplir y, en esa dirección, a la planchadora le exigía que se quedara en el patio trasero para no ser vista por los invitados que la visitaban.

Lejos de todos

Sin emitir reproche alguno, la mujer negra salía con su plancha de carbón en mano y los canastos de ropa, se paraba al lado del ya inmenso pero aún creciente ombú que había en el jardín y repetía su canto a modo de lamento: "La negra planchadora bajo el ombú se queda, planchando trajes y enaguas, para que no la vean".

Galán irreverente

Un día de aquel entonces, mientras la planchadora cumplía con sus tareas, por su parte un invitado cruzó la galería y rápidamente se dirigió, seductor, hasta donde se encontraba Candelaria y halagó la casa. Sin cumplir con las formalidades de aquel entonces, el joven sacó a bailar a la anfitriona con una actitud insolente, que no pasó inadvertida.

La señora de Lezica, madre de Candelaria, al ver la actitud de su hija frente al joven que nadie conocía, decidió dar por finalizada la fiesta y mandó a la joven a su cuarto, mientras que el forastero debió abandonar la quinta, en medio de quejas.

Trágico final

Al día siguiente, cuando requirieron el servicio de la planchadora, se dieron cuenta de que la mujer no se encontraba en la propiedad, por lo que sospecharon que Candelaria, enfurecida, la había despedido, ya que la mujer habría estado con uno de sus amantes. Llegado el mediodía, el jardinero de la familia entró espantado a la cocina y contó haber hallado a la planchadora sin vida y con la cabeza recostada al lado del ombú. Inmediatamente, mandaron a enterrarla en el mismo lugar donde la descubrieron muerta.

Días después se conoció que su asesinato había sido causado por un amante, ya que aquel martes, día de la fiesta, el hombre no fue atendido por la mujer y, enfurecido con ella, la degolló con el filo de un hacha, dejando el cuerpo tendido sobre el pasto al lado del árbol. La cabeza se la llevó como trofeo.

Desde entonces, todo el sitio devino un lugar enigmático, ya que muchos han visto al espíritu fantasmal de la mulata, harapienta y con su plancha a carbón en mano, deambulando al entrar la noche, en especial cuando el parque está a punto de ser cerrado, desde que se implementó esa medida, aunque, mucho antes, quienes solían pernoctar en sus bancos juran haberla visto muchas veces.

Justo donde el ombú está vallado

Hace aproximadamente dos años, el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires podó uno de los ombúes de más de 100 años que estaba en el parque, porque una de sus ramas, del tamaño de un tronco de un árbol común y corriente, se quebró. En su interior poseía un hongo que pudrió las raíces, por lo que se corría un riesgo extremo si hubieran dejado el ejemplar en esas condiciones. Pero el segundo, que estaba ubicado justamente en el jardín de los Lezica, hasta la actualidad se encuentra vallado y en revisión de su estado natural. Allí es el sitio donde, justamente, el espíritu fantasmal de la planchadora deambulaba los martes por la noche y era vista o escuchada por las personas que se encontraban cerca del añoso árbol.

El Gobierno de CABA podó uno de los ombúes de más de 100 años del Parque Rivadavia (Google Street View).

Hace varios años que la gente dejó de verla tan asiduamente como en tiempos pasados, quizá porque la fisonomía misma del lugar ha ido cambiando con el correr del tiempo. Aun así, nunca dejó de reaparecer cada tanto. Y en la actualidad, probablemente debido a la poca asistencia de personas en las calles que rodean el parque debido al aislamiento obligatorio por la pandemia del coronavirus que azota al mundo, todos los cuidaparques y los agentes de la Policía de la Ciudad que suelen recorrer el verde predio mencionaron haber escuchado voces provenientes del sector, que se encuentra vallado. Sería imposible que se tratase de una persona real.

¿Qué será del árbol?

Por el momento, el gobierno porteño no decidió aún qué hará con el ombú que está ubicado al lado de los puestos de revista y figuritas que son un ícono del Parque Rivadavia, cada fin de semana de feria. Mientras que algunos vecinos piden que el árbol no sea quitado de su lugar por las historias que lleva consigo, muchos no tendrían drama en que sea quitado: algunos, debido a que señalan que en sus profundas raíces habitan aún roedores (aunque ya fueron combatidos tiempo atrás por el gobierno porteño) y otros, mucho más supersticiosos, porque indican que allí aún habita la planchadora de Lezica, que por las noches llora y asusta.

Fuentes: caballitoregalado, puraciudad, nuevociclo

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