Por Daniel Beylis
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La Biblia explica que Salomón es el tercer y último rey del Israel unificado (incluido el reino de Judá), célebre por su sabiduría, poder y riqueza, dado que el libro sagrado lo considera el hombre más sabio que existió sobre la Tierra. Reinó entre los años 970 a.C. y el 930 a.C. aproximadamente. Construyó el Templo de Jerusalén, y se le atribuye la autoría del Libro del Eclesiastés, libro de los Proverbios y Cantar de los Cantares, todas obras recogidas en la Biblia.

Protagonista de innumerables leyendas, uno de los maestros de la Cábala, en el libro hebreo el Tanaj, que los cristianos denominan Antiguo Testamento, también se le llama Jedidías.

Se dice del que heredó un considerable imperio conquistado por su padre el rey David, que se extendía desde el Valle Torrencial, en el límite con Egipto, hasta el río Éufrates, en la región de la Mesopotamia. Rico y conocedor de muchos temas, administró su reino con un sistema de 12 distritos.

Poseyó un gran harén, que incluía a la hija del faraón, consagró su gobierno a grandes proyectos de la construcción y, sobre el final de su reinado, honró a otros dioses.

La Biblia también lo califica como "el rey más sabio de los hombres", que podía dar discursos sobre la biodiversidad de plantas, animales, pájaros y peces. ¿Un contactado con extraterrestres quizá? ¿Un profeta?

El notable escritor suizo Erich con Däniken, un enorme estudioso sobre Salomón y el Arca de la Alianza, a través de uno de sus innumerables títulos, "Profeta del Pasado", habla de este increíble personaje, que buscaremos desentrañar en más de una entrega.

El Arca de la Alianza

Según el Éxodo, Dios le dio precisas instrucciones a Moisés para construir un Arca. "Mira bien y hazlo fabricar según el diseño que se te ha propuesto en el monte".

El Zohar, obra principal de la Cabala, dedica al Arca de la Alianza cerca de 50 páginas con los más mínimos detalles. Y el Zohar sorprende al citar al Arca de la Alianza como "el antepasado de los días", lo que evidencia que la descripción cuadra con el Arca.

En el Zohar se dice que Moisés recibió de Yahveh, Dios de Israel, instrucciones para construir una "caja" (textual) muy específica y con rumbo al "Antepasado de los Días". Dicho recipiente debía acompañarle con el misterioso «Antepasado» en la travesía del desierto.

Todo indica que el Arca existió, más allá de las dudas sobre su real tamaño y cuál debió ser su uso práctico. Lo concreto es que lo primero que hizo el Rey David, padre de Salomón, fue trasladar el Arca de la Alianza desde su última ubicación temporal hasta la capital, como preparativo para su emplazamiento en una Casa de Yahveh que David planeaba erigir.

Pero ese honor, según le dijo el profeta Natán, no sería suyo debido a la sangre derramada por sus manos en las guerras y en sus conflictos personales. Dicho honor sería para su hijo Salomón.

Todo lo que se le permitió hacer mientras tanto fue erigir un altar, cuya precisa ubicación, señalada con  una espada, se lo dio a David un "Ángel de Yahveh, de pie entre el Cielo y la Tierra".

No fue lo único que le mostró al soberano. También se le indicó un Tavnit, un modelo a escala del futuro templo, con detalladas instrucciones arquitectónicas, que, llegado el momento, el rey transmitió a su hijo Salomón en un acto público, donde expresó: "Todo esto, escrito por Su mano, me hizo comprender Yahveh, de todas las obras del Tavnit".

A imagen y semejanza

En la Biblia se cita: "Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza"

Al respecto Maimónides, en su obra "Guía de los Descarriados", clarifica el tema a partir de conceptos: tzélem (forma) y demut (semejanza), de tóar (aspecto) y tavnit (configuración).

Tóar y tavnit expresan la figura material, mientras que tzélem y demut la forma espiritual. La Torá, al indicar tzélem y demut, define el espíritu y nos confronta con uno de los principios clave de la doctrina hebrea. No es posible elevarse a Elohim por medio de la materia (tóar y tavnit), indica Isaías XLIV, y sí por medio del espíritu, tzélem y demut.

En el cuarto año de su reinado (480 años tras arrancar el Éxodo, según la Biblia), Salomón inició la construcción del Templo, "sobre el Monte Moriah, como se le había mostrado a su padre, David".

Mientras se traían maderas de los cedros del Líbano, se importaba el oro más puro de Ofir y se extraía y se fundía el cobre para los lavabos, había que erigir la estructura con "piedras talladas y cinceladas, grandes y costosas piedras" según los detallados preceptos pero, en tanto, dicha construcción debía ajustarse a una estricta prohibición contra el uso de cualquier herramienta de hierro en el Templo y solamente podría utilizarse piedras.

Así, los bloques de piedra tuvieron que ser transportados y ubicados en el lugar sólo para su montaje. Todo lo cual se cumplió.

¿Qué pasaba en Ofir?

Ofir es un puerto o región que cita la Biblia, que alcanzó fama por su riqueza. Se cree que el rey Salomón recibía cada tres años cargamentos de oro, plata, piedras preciosas, marfil, sándalo, monos, pavos reales y otros animales preciados que llegaban desde Ofir.

Estudiosos de la Biblia, arqueólogos y otros muchos investigadores han intentado determinar la localización exacta de Ofir. Algunos consideran que podría situarse en el actual Yemen, al suroeste de Arabia, que sería concordante con la localización de Sheba.

Otra posibilidad es la costa africana del Mar Rojo, a partir del nombre que saldría del derivado de la etnia Afar de Etiopía. Pero las otras posibles ubicaciones entran en conflicto. Para el Easton’s Bible Dictionary, escrito en 1897, conecta a Sofir con el nombre copto para la India, y también una probable conexión a Abhira, en la desembocadura del río Indo.

En cambio, Flavio Josefo lo conectó con Cophen, un río indio, a veces asociado a una parte de Afganistán. Algunos estudiosos, que proponen conexiones entre Eurasia y América antes de la llegada de Colón, también han hecho sus propias hipótesis, incluyendo lugares infinitamente distantes como Perú.

La construcción del templo demandó de siete años, cuando estuvo equipado con todos los utensilios del ritual. Y en la siguiente celebración del Año Nuevo ("en el séptimo mes"), el rey, los sacerdotes y todo el pueblo presenciaron el traslado del Arca de la Alianza hasta su lugar permanente, en el Santo de los Santos del Templo. "No había nada en el Arca, salvo las dos tablillas de piedra que Moisés había puesto en su interior en el Monte Sinaí".

Una vez asentada, bajo los querubines alados, "una nube llenó la Casa de Yahveh", obligando a los sacerdotes a salir rápido. Luego, Salomón, de pie ante el altar que había en el patio, oró a Dios "que mora en el cielo" para que viniera y residiera en esta Casa. Y ya en la noche, Yahveh se le apareció a Salomón en sueños y le prometió una presencia divina: "Mis ojos y mi corazón estarán en ella para siempre".

Entonces, ¿qué era?

La división del Templo, en tres partes, con un vestíbulo (Ulam), la del medio y más grande, el Ekhal (Gran Morada) y, separada de esta, mediante una especie de pantalla, se llamó Dvir (El Orador), que era donde se guardaba el Arca de la Alianza, custodiado por dos querubines. El gran altar estaba en el patio, no dentro del Templo.

Los datos y las referencias bíblicas, las tradiciones antiguas y las evidencias arqueológicas no dejan lugar a dudas de que el primer Templo que construyó Salomón se elevaba sobre la gran plataforma de piedra que todavía corona el Monte Moriah (el Monte Santo, Monte del Señor o Monte del Templo).

Todo parece indicar que el Arca de la Alianza podía ser algún sofisticado medio de comunicación, incluyendo, tal vez, algún tipo de hologramas. ¿Quizás era una puerta estelar? ¿Quizás un generador de energía? Dentro del Santo de los Santos, donde estaba el Arca, se emplazaba sobre un afloramiento rocoso una Roca Sagrada que, según tradiciones, era la roca sobre la que Abraham estuvo a punto de sacrificar a Isaac.

En las escrituras judías, dicha roca es llamada Piedra de Fundación, pues fue a partir de esa piedra que "todo el mundo se tejió". Coincidente con el profeta Ezequiel, que identificó la piedra como el Ombligo de la Tierra. Un detalle que no resulta para nada menor.

La masonería, siempre presente

El Templo que hizo construir Salomón lo destruyó el rey babilonio Nabucodonosor en 576 a.C, y lo reconstruyeron los exiliados judíos a su regreso de Babilonia, 70 años después.

Para la tradición interna de la Orden Masónica, el último maestre de los Templarios, Jacobo de Molay, hizo crear poco antes de ser quemado en la hoguera cuatro grandes logias masónicas. Estos mismos rituales remontan a Salomón, el monarca israelita, los orígenes del Arte que ellos practican.

Pero afirman que este llegó a occidente a través de los Caballeros del Templo de Salomón.

Es decir, defienden que la masonería se había configurado en Tierra Santa por a partir de órdenes militares, especialmente la del Temple, y que fueron estas fraternidades de constructores llegadas a occidente las que habrían originado la francmasonería moderna.

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