Al hablar sobre civilizaciones y sitios desaparecidos, la gente se remonta en primer lugar a la Atlántida, ya que es en general el continente perdido más conocido, pero no fue el único. Se trataba de una legendaria tierra que desapareció en el fondo del mar que se hizo eco en sus escritos el filósofo griego Platón. Empero, hay que tener en cuenta que existen presunciones de otras culturas y más continentes perdidos, como es el caso de MU, tierra que se cree, según estudios, que los mayas habrían situado en el Océano Pacífico. Sin embargo, y a pesar de los escritos, hubo un único continente que aparece realmente como que existió, por medio de hipótesis científicas. Se trata de Lemuria, el otro continente desaparecido en la noche de los tiempos.

Características naturales

Ya por 1860 el geólogo y naturalista inglés William Thomas Blanford encontró diversas similitudes en lo que respecta a las rocas presentes en el sur de África y en el sur de la India. El geólogo se topó con que las rocas del Pérmico (Una etapa del Paleolítico) eran casi iguales en ambos sitios, que tienen una diferencia de más de 5.000 km entre sí. Al pasar las hipótesis, así como también el tiempo, la teoría que más coherencia mostró apuntaba a la posibilidad de la existencia de un continente que hubiese desaparecido, y actuaba como puente entre África y Asia y así unirlas, como fue en sus comienzos, antes que el mapamundi tuviera la actual forma.

La teoría de la existencia del continente de Lemuria se basa en investigaciones del siglo XIX.

La flora no era lo único que inquietaba a los expertos de aquel entonces. La fauna también era un tema a tratar que llama la atención de todos, en especial los lémures, unos primates estrepsirrinos endémicos de la isla de Madagascar. Por eso, el biólogo darwinista Ernst Heinrich Häckel comenzó a buscar una explicación lógica y científica a la presencia de los lémures, que eran de similares características tanto en Madagascar como en Asia.

Para poder avanzar en sus investigaciones y entender un poco más sobre lo que sucedía, el experto se basó en las investigaciones del geólogo inglés William Blanford, y así determinó que todo era producto de un puente terrenal, ya que era imposible que esa especie pudiera evolucionar al mismo tiempo en dos lugares tan distanciados y con un desarrollo casi similar.

Confirman Lemuria

A mediados de 1864 el zoólogo Philip Lutley Sclater se interesó tanto en la teoría de Blanford que, al continuar estudiando, decidió ponerle el nombre de "Lemuria" el continente perdido, que es el hipotético puente que unía las tierras africanas y asiáticas, tal como se las conoce actualmente. Así, entre los tres científicos se encargaron de explicar cómo fue posible la existencia de un continente que hoy es prácticamente desconocido y no aparece en los escritos antiguos. Según señalaron Blanford, Häckel y Sclater, el puente conector sufrió los efectos de los terremotos y otros desastres naturales que terminaron sumergiéndolo en las aguas del océano Índico.

¿Cuna de la humanidad?

A comienzos del siglo XX, el notable geólogo y meteorólogo alemán Alfred Lothar Wegener hablaba sobre la posible existencia de un antiguo supercontinente, la siempre citada Pangea. Años más tarde, varios estudiosos propusieron la teoría de la expansión del fondo oceánico, lo que, unido a la existencia de Pangea, terminaría desembocando en la conocida teoría de placas tectónicas, aceptada por la comunidad científica internacional. Así fue como muchos comenzaron a olvidarse de la posible existencia de "Lemuria", mientras que otros expertos mantenían que sí hubo un territorio conector y no sólo se trataba de la ya citada Pangea. La teósofa y ocultista rusa Elena Provna Blavatskaja (también llamada Madame Helena Blavatsky) se basó en esta teoría y planteó que el continente perdido podría ser el lugar de una de las siete razas de la humanidad. Dar con un continente perdido en la profundidad del mar podría develar secretos del desarrollo de nuestra historia y sobre los movimientos migratorios, tanto de los animales como de los humanos.

Según los científicos de inicios de siglo XIX, el continente comprendería Sudáfrica, Madagascar, Sri Lanka (por entonces Ceilán), Sumatra, territorios del océano Índico, Australia, Nueva Zelanda, extendiéndose hasta gran parte del sur del Océano Pacífico. Sin embargo, hasta la actualidad no existe una teoría definida que termine de explicar qué sucedió durante uno de los períodos como el Paleolítico, en los que se produjeron grandes cambios: Si sólo se trató de la división de la Pangea, o si en esa separación por efectos naturales no hubo hundimientos de otros territorios.

Cuarzo lemuriano

No solamente existen estudios científicos para tratar de ayudar a entender sobre la posible existencia de otro continente, o por qué los lémures se encuentran en varios continentes sin necesidad de la mano del hombre. Con las diversas teorías de que la civilización lemuriana se fue distribuyendo a lo largo del mundo, encontraron en varios países cristales similares, lo que geológicamente es improbable que suceda, ya que cada continente posee minerales diferentes, por lo que sus cristales como rocas van variando. El cristal de cuarzo lemuriano, así denominado por el continente perdido, se halla en varios países del mundo. Ante esto, varios científicos comenzaron a plantear de nuevo la teoría de la existencia del puente continental.

Según detallan ciertas leyendas, los cristales lemurianos ayudan a recuperar información sobre la antigua civilización de Lemuria. Quienes consiguieron dichos cristales detallaron que al usarlo sienten una conexión con la piedra y experimentan una sensación de transportación a un tiempo antiguo. Dichos cristales pueden estar en una gama de colores, incluyendo claro, ahumado, verde, rosa, azul, color citrino y albaricoque, o lo que comúnmente se conoce como curanderos de oro.

Poco tiempo atrás esas piedras fueron encontradas en la región de Diamantina, de Brasil, aunque se han ido hallando más piezas en otros lugares. Para reconocer dichas piedras sólo es necesario observar si tiene profundas crestas o surcos a los lados, como una escalera, principal característica que las identifica.

Cristales con info

Los cristales lemurianos son fáciles de comprar, pero no todos son naturales ni tienen las mismas dimensiones, y no todos su efectos son iguales. A simple vista se puede ver una piedra dulce que tiene cristales lemurianos más pequeños creciendo en ella, los encantadores sanadores dorados y el inusual cristal de semillas lemuriano verde. Se asemejan a un estallido por dentro, aunque en el exterior está sano. Son utilizados para meditar, previo contacto en la mano durante un tiempo.

Los cristales tienen una energía verdaderamente poderosa.

Quienes lo han hecho afirman que se entra en un estado profundo de conciencia interior relajada. Al realizar este proceso, de relajación y pensamientos casi nulos, el cristal atraerá la atención del dueño y lo acompañará a ver su pasado. Como estos cristales tienen crestas bien definidas en sus lados, si se pasa con suavidad un dedos al efectuarlo sienten que deben detenerse. En cambio cuando los presionan con el dedo, comienzan a sentir que la piedra transmite mensajes. Por eso son conocidas para ayudar a la conexión con ángeles. ¿Será que estos y los lemurianos están relacionados?

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