Por Marcelo Peralta Martínez
paranormales@cronica.com.ar

Casi 60 hombres, incansables trabajadores, que por capricho del destino fueron sepultados trágicamente por las oscuras aguas y en la actualidad son vistos o escuchados por quienes deambulan por la zona ribereña, en un accidente que enlutó al país en 1930.

¿La causa de la tragedia? Fue un combo conformado por tres factores: una falla mecánica, la neblina y el error humano. Este es considerado al accidente más grave protagonizado por un tranvía que haya ocurrido en nuestro país desde que aparecieran, y el hecho además fue llevado a la gran pantalla, 23 años después, en 1953. En la actualidad, el relato de aquellos años está vigente porque varias personas aseguran seguir percibiendo estas presencias, aun cuando no han conocido la historia.

La historia

Este siniestro, conocido popularmente como “El accidente tranviario del Riachuelo”, ocurrió el sábado 12 de julio de 1930 a las 6.23 de la mañana, cuando el tranvía Nº 75 de la línea 105 (que recorría el trayecto entre Temperley, en la provincia de Buenos Aires, hasta Plaza Constitución, en la Capital Federal) se precipitó al Riachuelo. Es decir, el siniestro fue en el límite entre Capital y provincia, al entrar al Puente Bosch, justo cuando la parte central de esta plataforma había quedado levantada. Como saldo, fallecieron 56 personas y sólo 4 pasajeros sobrevivieron.

El accidente

El interno 75 partió de Temperley, en el sur del Gran Buenos Aires, a las 5 de la mañana y en el trascurso, durante una hora, llenó su capacidad de 36 pasajeros sentados. Así, los siguientes pasajeros debieron viajar parados. Según cuenta la historia, esta formación transportaba en su mayoría a obreros de las localidades de Gerli, La Mosca y Piñeyro, quienes se dirigían a sus respectivos trabajos y tenían calculado, como parte de sus rutinas, llegar al centro porteño aproximadamente a las 7.

Historiadores revelaron que seguramente los temas más destacados que se podían tratar eran la política y el fútbol. Algunos sobre los rumores de golpe de Estado contra el presidente Hipólito Yrigoyen, y otros, sobre el cercano debut del seleccionado de la Argentina en el primer Mundial de la historia, a celebrarse en Uruguay.

Entre los pasajeros había inmigrantes españoles, portugueses, rusos, polacos e italianos. Todo iba bien hasta que la intensa niebla que había cuando el tranvía llegó al Puente Bosch, exactamente a las 6.20, hizo que el conductor no lograra ver con claridad que el puente tenía la parte central levantada, debido a que estaba pasando una lancha de carga. Por eso el chofer continuó la marcha a toda velocidad. Ya tarde, cuando se dio cuenta, hizo todos sus esfuerzos para frenar, aunque esto resultó imposible y el pesado vehículo con todos sus ocupantes se precipitó directo al agua. De las 60 personas que viajaban sólo cuatro lograron sobrevivir: Remigio Benadasi, José Hohe, Buenaventura Arlia y Gabina Carrera.

Los porqués

Según explicaron las autoridades luego, el accidente ocurrió debido a una sumatoria de sucesos. Si bien al principio fue acusado el conductor, Juan Vescio, por una supuesta “imprudencia” ya que le incriminaban el hecho de que no había advertido la señal del puente, tras la investigación la Justicia comprobó que Vescio no notó la señal pero sí, al advertir el peligro, intentó frenar descubriendo que la manija correspondiente sufría un desperfecto, debido al desgaste y la falta de mantenimiento, y esto le impidió reducir la velocidad. Más tarde le atribuían que su error fue no haber cortado el suministro eléctrico y que malgastó vanamente su tiempo al forzar la manivela para frenar.

Al rescate

Al lugar del hecho llegaron rápidamente bomberos, policías y vecinos. Los pocos sobrevivientes que lograron escapar fueron socorridos por personal policial, lanchas y buzos de lo que por entonces era el Ministerio de Obras Públicas, pero la mayoría había muerto. Inicialmente se identificaron 44 cadáveres. En paralelo, ante las tareas de rescate necesarias y la preparación que esto requería, los medios de prensa llegaron al lugar y dejaron registro de todo. La cobertura periodística tuvo dos publicaciones muy recordadas. Una por la narración de los hechos y el relato de sobrevivientes, testigos e investigadores, y la otra por su registro fotográfico de excelencia.

Alojado en una habitación del Hospital Fiorito de Avellaneda, Remigio Benadasi, un italiano de 56 años, relataba: “Fue tan rápido que, apenas pude reaccionar, estaba braceando en el Riachuelo”. Más tarde, Benadasi recordaría que se golpeó “contra el vidrio del tranvía y eso me permitió salir”.

Horas después, los forenses indicaron que, de los 56 cadáveres, cinco pertenecían a mujeres, y se cree que estas venían de la morgue que en aquellos años funcionaba frente a la Dársena Sur, en la isla Demarchi.

Repercusiones

La magnitud del accidente hizo que el por entonces intendente de Avellaneda, Alberto Barceló, se acercara hasta el puente. Fue así como presenció el momento en que retiraban algunos de los 56 cadáveres. Su par porteño, José Luis Cantilo, también se mostró consternado por la situación y se hizo presente, en tanto el presidente Yrigoyen decretó duelo nacional.

Por último, los restos de los fallecidos fueron enterrados en el cementerio de Avellaneda. Hasta allí viajó una multitud, que poco a poco colmó el lugar para acompañar a familiares, amigos y vecinos en su último adiós. La tragedia está próxima a cumplir 90 años y lo notable es que aún hoy se habla de ella.

¿Siguen allí?

Lo más llamativo es que en la actualidad quienes viven o recorren la zona se ven sorprendidos, ya que suelen escuchar gritos y voces extrañas. Varios son los vecinos que confiesan oír gemidos y llantos, y hasta algunos se animan a declarar que los vieron. Estos 56 espíritus errantes podrían estar perdidos en su camino, ese que debieron tomar cuando el tranvía cayó al agua. Pero sus almas no habrían realizado el pasaje completo, lo que hace que la gente de la zona ahora esté hablando de ellos. Voces, gritos desesperados y hasta sombras son el común denominador entre el relato de quienes allí residen. Por su parte, en la citada necrópolis también aseguran que algunos fantasmas rodean sus tumbas y que hasta muchas veces se escuchan sus viejas conversaciones.

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