Jorge Fernández Gentile
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Cuando el hombre alcanzó la madurez intelectual como para comenzar a convivir en pequeñas tribus, ya por entonces utilizaba ciertas piezas, pequeñas, que lucía sobre cuello o en las muñecas, aunque también las llevaba en sus manos, como forma de mostrarlas. Desde entonces, a medida que el ser humano fue evolucionando, y durante siglos y en diferentes civilizaciones, siempre ha utilizado innumerables talismanes y amuletos que le brindaron contención espiritual, ánimo ante el riesgo y protección frente a las adversidades. Porque esos talismanes le otorgaron supuestamente buenos designios, a partir de sus dotes para atraer la buena suerte y alejar todo aquello que fueran energías destructivas o con cargas negativas. Así, esos elementos, y muchos otros que fueron apareciendo con el correr del tiempo y de las diferentes culturas, llegan hasta la actualidad. Y la gente, desde los adultos mayores hasta los millennials, todos en mayor o menor medida siguen utilizándolos, quizá por costumbre, o por una convicción religiosa, tradición familiar, o porque resultan lindos y entonces los lucen. Pero también hay muchos que ostentan sus talismanes por las dudas, y porque saben de sus poderes ocultos, relacionados con lo que tiene que ver con el esoterismo y lo mágico.

Un amuleto no es igual a un talismán
Lo primero que hay que saber diferenciar es que un talismán no es un amuleto. Generalmente se piensa que son la misma cosa: un objeto que posee unas propiedades mágicas, ya sea para atraer la suerte, el amor, repeler malas energías y momentos negativos, protegernos del mal. La realidad es que a pesar de que un amuleto y un talismán puedan compartir el mismo fin, existen varias diferencias importantes entre ellos. El amuleto es un objeto sencillo de procedencia natural: una piedra, una hoja, un diente o pata de un animal, etc., que posee unas propiedades energéticas o mágicas concretas establecidas por la naturaleza, por ejemplo, la planta de ruda, que se dice posee propiedades para alejar las energías negativas, o la piedra jaspe de color rojo, que se utiliza para limpiar y estabilizar el aura. Asimismo, hay que entender que el amuleto ya posee su propiedad mágica de forma natural.

En cambio, el talismán es un elemento fabricado en particular para alguien en concreto y para un propósito mágico o energético específico. Y puede estar formado por distintos amuletos, símbolos y otros elementos naturales combinados, como metales, sales o tierras y que tienen como finalidad potenciar sus efectos. Además, el talismán necesita imperiosamente de una carga energética adecuada si se desea que cumpla con el cometido para el cual fue realizado.

Objetos de culto
Entendida la diferencia entre uno y otro, habrá que considerar por qué los talismanes son realmente objetos de culto, con poderes propios y sobrenaturales. Un talismán debidamente preparado se relaciona directamente con la garantía de protección a quien lo lleva, ya que entonces debe atraer la buena suerte y alejar las energías negativas y demonios. Es entonces cuando muchos talismanes recrean un mito indivisible que termina por aunar la fe religiosa, la superstición, el siempre presente temor a la muerte y otros cultos inconfesables, muchas veces inesperados e inimaginados.

Los diseños
En la actualidad, quienes realizan ese proceso mágico y a la vez energético afirman que cuando el elemento tiene una conformación esotérica o mágica, ese talismán puede resultar más completo, aunque a veces puede ser la misma cosa, pero trabajada y preparada por el fabricante para cumplir funciones o fines determinados. Así, ese mismo objeto se puede cargar con distintas propiedades, a partir de los cuatro elementos básicos y fundamentales de la vida, que son el fuego, el aire, la tierra y el agua, conectados a energías astrales, cósmicas, mentales o fuerza energética de quien tiene la capacidad de poder elaborarlo. Pulseras, colgantes, anillos, son simplemente conductores de esas capacidades.

Asimismo, quienes conocen en profundidad el tema afirman que también existen otros métodos de orden mágico e iniciático para la preparación, siempre vinculados con la naturaleza. Además, todos los talismanes deben ser debidamente limpiados y recargados periódicamente para que no pierdan las propiedades para las que fueron hechos. Y, quizá lo más importante, y que también los diferencia de los amuletos, porque necesitan de las invocaciones correspondientes para activarlos. En cambio, los amuletos, que suelen llevar a la confusión, se pueden dividir en dos ítems: los que se llevan consigo en un bolsillo, bolso o cartera, o aquellos que se cuelgan del cuello o se ponen en algún interior de la ropa que se luce, para que sus beneficios se potencien.

El valor real
Son personales e intransferibles ya que están creados y fabricados a partir de conocimientos previos de la persona que los portará. Estos objetos se suelen fabricar con metales nobles y piedras preciosas o semipreciosas, y están orientados a subsanar una determinada carencia de su futuro portador, ya sea para mejorar la suerte en el trabajo, en la salud, en el amor… La creación es compleja, no sólo en el montaje manual, sino en los estudios previos que hay que hacer sobre el individuo, ya que es necesario analizar la carta astral, sus piedras, sus metales y la fase de sus planetas con el fin de que, cuando lo lleve puesto, consiga armonizar todos esos factores y restablecer la carencia por la que lo solicitó.

Una cuestión de fe
El amuleto es cualquier objeto en el que se deposita la confianza y la energía para conseguir un propósito concreto. Por ejemplo, las camisetas de la suerte, una moneda, algo a lo que se atribuye determinados “poderes”. Hay amuletos que son considerados tales por la mayoría de la gente: el trébol de cuatro hojas, la herradura, la pata de conejo... Y existen otros más personales: una joya, un juguete, una lapicera u otros objetos que nos han llegado de la forma menos pensada. Puede ser un recuerdo que a la vez se convierte en amuleto. Para que “funcione”, lo único necesario es instalarle la energía que se quiere proyectar: hay que “cargarlo” correctamente y tener fe en la buena suerte que ese elemento brindará.

Cada uno cree en lo que puede
Colocar una herradura en la puerta principal de una casa o un negocio protege de todo mal o hechizos y de paso atrae la buena suerte. Si la herradura se cuelga hacia arriba es un excelente amuleto de protección contra la brujería, la mala suerte y el mal de ojo. Amuletos para ganar dinero también llevan una herradura. En tanto, son muchos los que le atribuyen al ajo un efecto protector contra el mal de ojo, los malos espíritus y los actos de brujería. Asimismo, afirman que atrae el dinero. Al ajo macho se le atribuye infinidad de poderes, entre otros, vitalidad para el trabajo, inteligencia, buena suerte en general y sobre todo en el amor.

Portadores de poderes
Se pueden enumerar y sorprenden por sus poderes, según explican los estudiosos del tema. Así, aparece el nazar, amuleto que protege contra el mal de ojo y malas intenciones. Se utiliza especialmente en Turquía, Irán y Grecia. El omamori, de origen japonés, es un talismán contra el mal. Su nombre significa protección. Está hecho de tela y en su interior hay papeles o piezas de maderas con encomiendas o deseos escritos santificados. Dicen que es de mala suerte abrirlo y descubrir su interior. Hay varias medallas católicas, incluyendo la que tiene inscripta la frase “Vade retro Satana” (retrocede Satanás). Son de uso muy popular e inclusive han sido avaladas por el papa Benedicto XVI, aunque muchos integrantes de la Iglesia han mostrado siempre reservas sobre estos elementos. La lista de objetos que supuestamente atraen la suerte incluye el tetragramaton -utilizado por magos y hechiceros-, las pirámides, el ojo de Horus, la estrella de cinco puntas, los gnomos y las espadas. El talismán de Iemanjá, una punta de flecha, una cadena de plata, la piedra ojo de gato y los zafiros figuran entre muchos otros amuletos, considerados todos muy poderosos.

Madonna y el hilo rojo

Madonna, fiel seguidora de las enseñanzas de la Kabbalah, no se separa de la pulsera de hilo rojo que puede verse en su muñeca izquierda. La reina del pop ha explicado a varias publicaciones que es un potente talismán protector contra las energías negativas y el mal de ojo.

Símbolos religiosos
A la cruz o el crucifijo se lo considera, por tradición católica, como un símbolo de la representación de esa iglesia, aunque algunos le den un alto valor defensivo contra las fuerzas demoníacas que pudieran acechar a quien lo lleva. Pero, además, es el signo sagrado de Cristo como vencedor sobre el mal, y obviamente abarca ambos significados, en un todo, y por eso es el máximo símbolo de la fe de esa persona que lo luce. De igual forma funciona para los judíos la estrella de David y para el Islam la Media Luna con la estrella. Con respecto al crucifijo, estudiosos afirman que existen registros antiguos en varios grimorios, que son libros de fórmulas mágicas, sobre la protección efectiva del crucifijo ante la hechicería más violenta y perversa. Lo cierto es que, considerado el símbolo más poderoso y el que confiere el mayor respeto, el crucifijo incluso es utilizado por quienes no profesan la fe católica, pero igual le asignan un alto valor afectivo o de fe.

Cruz de San Benito
Si bien es un tipo de crucifijo y, por lo tanto, símbolo del catolicismo, muchos le afirman a la Cruz de San Benito el valor de una medalla que aleja las energías negativas. Propagada en todo el mundo hace más de 300 años, especialmente por los monjes benedictinos, a partir de haberse entrelazado con otras religiones y culturas como las indo y afroamericanas, se dice que es célebre por su eficacia extraordinaria en el combate contra el demonio y sus manifestaciones; en la defensa contra maleficios de todo género y porque evita enfermedades, especialmente las contagiosas, y ante picaduras de serpientes y otros animales