"La gente está harta de la clase dirigente"
En una charla con DiarioShow.com, Miguel Ángel Solá aseguró: "Las sociedades que sepan dialogar y respetarse van a sobrevivir".
En plena tarde madrileña, Miguel Ángel Solá reflexiona sobre arte, actuación y escruta, por otra parte, los acontecimientos políticos y sociales que están jaqueando a gran parte de nuestro continente. Con la agudeza que lo caracteriza, el emblemático actor argentino respondió la requisitoria de DiarioShow.com.
Mientras analiza varias propuestas profesionales a plasmar, en principio, a comienzos de la próxima temporada, el intérprete de grandes éxitos del cine, la televisión y el teatro destacó: “Estoy aquí por razones personales y profesionales. Quiero tener a mis hijas cerca, porque, si bien tengo a Adri todo el tiempo (hija de su actual matrimonio con Paula Cancio), con María Luz y Cayetana (fruto de su relación con Blanca Oteyza), a las que veo 15 días al año y en una época (Navidades) en la que están llenas de compromisos me es difícil construir una relación por correo. En cuanto al trabajo, también. Cuatro años y medio allá (Argentina) me dejaron claro que no soy necesario; no obstante, pudimos ganarnos el pan de cada día, hacer buenos trabajos gracias a amigos y estar con ellos y mi hermana".
-¿Cómo encontraste en Europa la situación laboral para los actores sudamericanos?
-Normal. Hay muchos cientos de argentinos y argentinas trabajando aquí en las distintas disciplinas artísticas. Y no solo artísticas...Hay aproximadamente 750.000 argentinos viviendo y trabajando en España y suele irles muy bien.
-Cada partida de Buenos Aires, ¿tiene para vos una connotación especial?
-No. Con la excepción de la que me expulsó 17 años del país, las restantes han sido por seguir la ruta del trabajo. Lo molesto son las mudanzas.
-¿Sentiste en estos últimos viajes a Argentina que los sistemas de contratación y convocatoria para los actores han cambiado mucho?
-No tuve mucha experiencia. Con la poquísima gente que trabajé no tuve problemas, cumplieron en todo lo acordado, me sentí bien tratado y feliz.
-¿Cómo observás y analizás los episodios que se están desarrollando en Bolivia y en Chile?
-La gente está harta de la clase dirigente y sus traiciones y sus maldades y su indiferencia. Y, aunque entre esa misma gente harta haya aprovechados y miserables, si aquellos que provocan su reacción violenta (muchas veces infiltrados y cebada para medir la capacidad de las fuerzas represivas) no fueran la mierda que son, todo ese amasijo de seres y ciudades no ocurriría. Las sociedades que sepan dialogar y respetarse van a sobrevivir, las restantes desaparecerán. Quien crea que el fascista es el otro y no sea capaz de ver su propio fascismo, vivirá mientras sea un idiota útil a la causa que lo use. En fin, que la que me importa es la otra gente, la que ayuda a la vida con actitudes de vida, no con gritos, piedras ni balas de goma.
-¿Qué mirada tiene Europa por lo que pudiste apreciar en estos días de los episodios que señalamos?
-Triste para la gente de a pie. Los que lucran con la desgracia ajena se frotarán las manos, supongo; no olvidemos que para “esos” hay que invertir donde corra la sangre, aunque sea la propia (nunca lo es).
-¿Qué opinión te merecen los nuevos soportes tecnológicos en materia de ficción y las ficciones que llevan a cabo Netflix y otras empresas?
-Como en todo: geniales, buenas, regulares y malas. Ojalá den trabajo, ya que los canles de aire desmantelaron casi toda la ficción en Argentina.