Luis Rubio: "Me mandaba al lavadero y hacía unas mezclas mágicas"
RECUERDOS QUE NO VOY A BORRAR. “Guardo figuritas de cuando era chico, muchos de los nombres del mundo que rodea a Éber Ludueña salieron de esas figuritas”, cuenta a DiarioShow.com el reconocido humorista.
El presente suele entregar vestigios del pasado si uno los busca detenidamente. Viendo un poco más allá de lo que muestran las personas a simple vista, se pueden encontrar distintos indicios de esas criaturas que fueron cuando transcurrían los primeros años de su historia.
Hablar de Luis Rubio es hacer referencia a un creador por naturaleza. Y no sólo por ser el padre intelectual y físico de Éber Ludueña, ese ser entrañable que no tardó en cobrar vida propia y se ganó la admiración de Diego Armando Maradona, Ricardo Darín o Emanuel Ginóbili, por ejemplo, por aunar como nadie esa pasión que los argentinos tenemos por el fútbol con las vivencias de otros tiempos y la magia del humor absurdo.
Por eso no resulta extraño que una pelota protagonice esa vuelta al pasado que el humorista rosarino nacido en 1965 realiza a pedido de DiarioShow.com: “Lo primero que recuerdo de mi infancia es estar viendo el Mundial 74 con mi viejo. Él dejaba de trabajar en el taller que tenía en el fondo y mirábamos juntos los partidos a la tardecita. Alemania 74 y el televisor blanco y negro en la cocina de mi casa”.
Eran días en los que el pequeño Luis compartía vivienda con su papá, su mamá y su hermana cinco años más grande que él. También estaban sus abuelos paternos y, en alguna época, sus tíos y una prima que se habían instalado en la propiedad que se había armado en la parte de atrás.
“Éramos unos cuantos. Me acuerdo, además, del patio y me veo jugando y hasta reparando una hamaca de madera. Aunque, la verdad, a veces dudo si es un recuerdo verdadero de mi mente o si está artificialmente sostenido por haber visto fotos de ese momento y, a partir de eso, entonces creo recordarlo”, cuenta quien esta semana arrancó la segunda temporada de “La Gambeta”, el ciclo de streaming que protagoniza junto a Yayo Guridi, Pichu Straneo y Martín Vázquez, entre otros.
Luego, prosigue: “Me gustaba inventar, mezclar cosas y jugar a la química. Por ahí me mandaba al lavadero y hacía unas mezclas mágicas, si algo hacía espuma o levantaba temperatura para mí era como haber inventado la bomba atómica”.
Ese nene que fue y el hombre que es no sólo tienen como hilo conductor a la creatividad. También hay mucho de aquellos días que sigue nutriendo al Rubio de hoy y a sus personajes. “Guardo figuritas de cuando era chico, muchos de los nombres del mundo que rodea a Éber salieron de esas figuritas. Después tengo unos juguetes de lata pintados de unos colores bastante estridentes, muy lindos, que se movían y les dabas cuerda, muy bonitos”, relata.
Antes de esa adolescencia en la que descubrió, medio de casualidad, que le gustaba la actuación cuando comenzó a estudiar teatro en la secundaria, este artista multifacético que a lo largo de las últimas décadas también trabajó como conductor, guionista o intérprete dramático pasó una infancia musicalizada por las canciones de José Luis Perales, Julio Iglesias y Sandro que sonaban en el combinado del living de su casa.
“De aquellas jornadas se podría decir que añoro a mis abuelos y a mis viejos. A nuestra familia con sus reuniones, a las vacaciones, a las fiestas y a la vereda a la hora de la siesta. Pero me cuesta comparar esos tiempos con los actuales porque los recuerdos están atravesados por las emociones. Si pienso en la omnipresencia de la tecnología de hoy en día, creo que la época analógica era más tranquila, menos vertiginosa”, opina a modo de cierre quien en 2017 fue declarado “Artista Distinguido” de Rosario por el Concejo Deliberante de su ciudad natal.
Messi: extraterrestre.
Maradona: Argentina.
Milei: papa frita.
Mirtha: Magiclick.
Mi mamá: la tuya también.