"Mi adolescencia estuvo marcada por la dictadura"
EXCLUSIVO El protagonista de "La odisea de los giles" recordó con DiarioShow.com parte de su difÃcil infancia y juventud que lo impulsó a concretar sueños, desafÃos y grandes deseos. Los detalles, en la nota.Â
@RfiligheraÂ
Un verdadero laburante de los escenarios. Cada construcción de su vida y del oficio de actor tuvo en su recorrido el gesto de la búsqueda, la sorpresa y el desafÃo. A punto de cumplir 40 años con la actividad, Daniel Aráoz hace un repaso de su vida, sus comienzos y trayectoria; señales de una vida bien movidita, entre Córdoba, su terruño natal, y Buenos Aires, la mole de cemento en donde se formó profesionalmente y la musa inspiradora de sus proyectos actuales y los que están por venir.
"Nacà y me crié en la casa que estaba ubicada calle 25 de Mayo 1967 del barrio General Paz y atesoro hermosos recuerdos de un lugar que ha tenido hermosa incidencia en mi vida posterior. Precisamente, esa vivienda, mis padres Elba y Juan, la compraron en los años 40 con las facilidades que le habÃa dado el peronismo y, por sobre todo, Evita, un emblema de las conquistas sociales que configuraron la vida cotidiana del paÃs por ese entonces", destacó el actor a modo de introito sobre su ADN de vida y de costumbres.
La pintura de esos paisajes tuvo epicentro de continuación en estos términos: “El Carnaval lo vivÃamos todos, cada familia y cada vecino, como un verdadero acontecimiento que se esperaba con particular unción, de la misma manera que aquella inolvidable imagen en la que sigo viendo a mi vieja y a mis tÃas, en la puerta de casa, todos los dÃas, tomando mate como un verdadero acto de religión. También, para mà que me gustaba jugar al fútbol, estaban las canchas de barrio y que no pertenecÃan a ningún club, eran del lugar, y ahà disputábamos verdaderos encuentros de amistad y de camaraderÃa.
-¿Cómo nace, entonces, tu pasión por el histrionismo?
-Puntualmente, de mi mamá Elba. Ella tenÃa vocación y se sentÃa actriz, por más que no haya podido concretar su sueño, y hasta llegó, a participar de joven en siete obras teatrales independientes. Además, mi vieja y su hermana gemela, Yolanda, despuntaban el gusto por la música y, en consecuencia, en casa contábamos con un piano al que yo también me vincule durante parte de mi adolescencia.
-¿Qué recordás de tu adolescencia?
-Fueron años muy complejos, ya que estuvo instalada dentro de los trágicos años del Proceso militar. Entonces, esa etapa estuvo marcada por la oscuridad, los miedos, la angustia y la intolerancia. Recuerdo, a modo de traer esas postales, el dÃa que murió Perón: estaba en el patio de la escuela y sentà una profunda tristeza; fue, en definitiva, un presagio de malos vaticinios que se iban a confirmar tiempo después. En la continuidad de ese relato, plagado de referencias emocionales, Daniel puntualizó que “luego, mi viejo se hace testigo de Jehová y nosotros también pasamos a formar parte de esa congregación, aunque luego me echaron por mi grado de permanente rebeldÃa. Por otra parte, tampoco me puedo olvidar, aunque sucedió mucho tiempo antes, la gesta revolucionaria que encabezó AgustÃn Tosco, Obregón Cano y todo, absolutamente todo el pueblo, en lo que se denominó magistralmente como el “Cordobazo”.
"Mi viejo se hace testigo de Jehová y nosotros también pasamos a formar parte de esa congregación, aunque luego me echaron por mi grado de permanente rebeldÃa"
-La dictadura, entonces, te ubicó siendo adolescente.
-Claró, cursaba en la escuela Gerónimo Luis de Cabrera y bueno... Qué decir de ese perÃodo terrible desde todo punto de vista. Y a modo de cable a tierra, como manera de poder oxigenarnos, en la escuela, precisamente, nosotros nos juntábamos con un grupo de amigos a cantar y tocar la guitarra, y era como construir una cierta poética contra la intolerancia generar anticuerpos contra el odio y la sinrazón. Entonces, mi adolescencia estuvo signada por el miedo y, a modo de ejemplo, uno de mis primeros besos se lo di a una noviecita que tenÃa por ese entonces, en la plaza San MartÃn de mi barrio, situación que me generó, incomprensiblemente, que me llevaran preso. Recuerdo que tenÃa 15 años y me trasladaron a una oficina de la seccional para amenazarme; un oficial, que habÃa dejado un arma arriba de la mesa, me interrogó sobre diferentes cuestiones; fue un encuentro violento, desagradable y que no voy a olvidar nunca. Esta gente hasta nos prohibÃa besar ; una locura, una alienación total.
"Uno de mis primeros besos se lo di a una noviecita que tenÃa por ese entonces, en la plaza San MartÃn de mi barrio, situación que me generó, incomprensiblemente, que me llevaran preso"
-Como dijimos antes, años muy difÃciles...
-Por supuesto, además, como mi viejo se jubiló por invalidez a los 50, en casa no habÃa dinero y todos nos vimos en la necesidad imperiosa de tener que laburar. Entonces, empecé a estudiar para peluquero y a los 16 me inicié en esta actividad. Después de tener esa primera experiencia, por otra parte, gracias a unos ahorros, habÃa podido comprar mi sillón de peluquero y todos sus elementos; además, fui a trabajar con un tÃo que siempre se habÃa especializado en este oficio. Yo y cuatro oficiales más (los asistentes que acompañan al peluquero jefe) formamos parte de su emprendimiento y para mà fue un valioso refugio que me permitió subsistir económicamente. En esa época no existÃa todavÃa el rol del coiffeur y se trataba, solamente, de peluquerÃa para hombres. Yo, cumplÃa horario desde 8 hasta las 21, de lunes a sábados. A todo esto, ya empezaba a meterme, de a poco, en el teatro independiente y comencé a estudiar de la mano de importantes referentes, como el maestro mexicano BenjamÃn SantamarÃa y, de esta manera, me fui metiendo de a poco en el oficio, llegando a realizar cuatro obras en Córdoba. Otro hecho traumático coronó la experiencia existencial de Daniel Aráoz y estuvo vinculado, puntualmente, en 1982, con la Guerra de Malvinas, conflicto en el que el actor no fue reclutado por un problema en la vista, aunque muchos de sus amigos emigraron hacia el Sur. “Me quedé prácticamente solo en la ciudad y fue muy doloroso. Por otra parte, algunos amigos volvieron y otros no, situación que aumentó mi pena”. Luego, otra etapa se inició: “Dejé la peluquerÃa y conseguà un pequeño trabajito en el teatro Rivera Indarte de la ciudad de Córdoba y, a la par de protagonizar algunas obras, incrementé mis estudios en el Conservatorio Nacional de Arte Dramático”.
-¿Más tarde se hizo presente Buenos Aires?
-SÃ, en la antesala de la recuperación democrática, en 1983, decidà con un amigo viajar a Buenos Aires. Una amiga nos albergó en su casa de manera muy generosa durante un tiempo y luego tuve la suerte de encontrar a un profesor que me contuvo y me ayudó a vivir; me refiero a Norman Briski, alguien que marcó un antes y un después en mi vida. Él habÃa vuelto del exilio y se instaló, con sus clases, en la Casona de Urtubey y, si bien yo no tenÃa plata para poder pagarle, me ofreció la posibilidad de una contraprestación a modo de realizar algún trabajo como asistente y fue, en definitiva, una salida estupenda, porque, en ese momento, todo se me hacÃa azaroso desde el tema económico.
"Tuve la suerte de encontrar a un profesor que me contuvo y me ayudó a vivir; me refiero a Norman Briski, alguien que marcó un antes y un después en mi vida"
El artista evocó que “uno de mis primeros trabajos profesionales fue en ‘La noticia rebelde’ y luego la tevé continuó siendo para mà un área de acción que me brindó particular aprendizaje en materia de formación. Esta actividad me fue brindando buenos réditos y tuve la posibilidad de alquilar un departamento chico en un edificio ubicado en el barrio de Belgrano, edificio en el que también vivÃan Federico Luppi y Sebastián BoreÃnztein”. Y el teatro, siempre presente: “Continué con Norman (Briski) y también me volqué, laboralmente, hacia el Parakultural, es decir, esos espacios en donde estaba viva la esencia del escenario y de los grandes textos. Eran etapas históricas de mucha apertura, buceaba en el estudio de la poesÃa, la antropologÃa, la filosofÃa y la dramaturgia. Esos años fueron sustanciales desde todo punto de vista. También me relacioné mucho con varios integrantes del rock argentino; a la noche, después de cada función, continuábamos la charla en bares como La Paz, La Academia, Pernambuco.
La bohemia estaba todavÃa vigente y la aprovechábamos con alma y vida”. Después, tendrÃa la suerte de poder generar sociedades artÃsticas con actores de la talla de Jean Pierre Noher, Rolly Serrano y el gran Coco Silly, con el que hizo inolvidables espectáculos. Pero esto ya forma parte de otro segmento de la historia que tiene que ver con los 40 años de su actividad que el actor cumplirá próximamente. Daniel Aráoz continúa con su camino, alejado del grito mediático y muy consustanciado con el rol social, convicciones mediante, de su profesión.
CON SU HIJO, EN UN PROYECTO PERSONAL
La actualidad laboral de Daniel Aráoz lo ubica, fundamentalmente, cursando una asignatura pendiente hasta este momento: el cine. Acaba de estrenarse y ya es un gran éxito de taquilla “La odisea de los giles”, la gran producción que protagoniza Ricardo DarÃn y en la que Araoz aborda un atractivo rol. En tanto, para el 12 de septiembre se anuncia “¿Yo te gusto?”, de Edgardo Gonzales Amer, un thriller con perfiles de humor y de tragedia.
Aráoz compone en esta pelÃcula a un particular personaje, dueño de un desarmadero que se vincula a un territorio marcado por la droga y la delincuencia. A su vez, pendiente de estreno, figuran “La noche más larga”, de Marocco Coldman, una producción Ãntegramente rodada en la provincia de Córdoba, y “Las furias”, realización de Tamae Garateguy, también un thriller de odios, venganza y conflictos interraciales.
En cuanto a teatro, Daniel nos adelantó: “Me encuentro trabajando en el texto de un unipersonal junto a mi hijo Pedor Aráoz, de 20, que además cursa la carrera de Artes Combinadas en la UBA. Es la historia de tres personajes diferentes con sus particulares universos personales y va a hacer gala, por otra parte, de un humor desopilante y negro, por momentos. También tengo como proyecto adaptar la última obra teatral de Roberto Fontanarrosa, ‘Negar’, todo un verdadero clásico