Sandra Sandrini y el recuerdo de su padre
EXCLUSIVO. A pedido de DiarioShow, Sandra evocó la figura de su padre, Luis Sandrini, a través de una emotiva pincelada en donde el sentimiento y la nostalgia se dan cita y cobran realidad, otra vez, en una suerte de postal bella y afectiva como la vida misma.Â
@RFilighera
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“Siempre es un buen tiempo para recordar a los seres queridos y lo es también, creo, para recordar a Luis Sandrini. Él fue mi padre y lo sigue siendo en mi interior. Fue un padre compartido en el amor de todas las personas que lo siguieron y lo siguen, amor que fue recÃproco porque él fue consciente de lo que su público le dio, y tal vez por eso permanece aún vigente el cariño de los que lo recuerdan. Nos dejó a mà y a mi hermana su gran corazón, que se expresaba en cada acto cotidiano. Era un hombre callado, que irrumpÃa de tanto en tanto con una graciosÃsima e irónica observación de la realidad. En su silencio interior cabÃan todas las personas, sin distinción de ningún tipo”.
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Y completó Sandra: “Nos enseñó también a través de la gran aceptación de la vida y su entrega. Trabajando hasta el final, con el mismo amor del primer dÃa a pesar de la enfermedad que lo acompañó en los últimos años. Aunque era una persona distinta, los valores de sus personajes se fundÃan con los actos de su vida, y a veces me parece que un pedacito de él se asoma todavÃa a través de sus queridas actuaciones”.
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"Fue una persona cálida y humilde"
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Pablo Alarcón debutó en cine con Luis Sandrini en el recordado filme que llevó como tÃtulo “El profesor hippie” (1969), producción dirigida por Fernando Ayala, con guion de Abel Santa Cruz y un elenco que se completaba con las actuaciones de Roberto Escalada, Soledad Silveyra, Oscar Orlegui, Alita Román, Eduardo Muñoz, Perla Santalla, Zelmar Gueñol, Carlos López Monet, Flora Steimberg, David Tonelli, Isidro Fernán Valdez y recordados grupos musicales de la época como La Joven Guardia y Los Náufragos.
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Precisamente, Pablo evocó al gran maestro en estos términos: “Luis era una persona sumamente cálida y más allá de ser uno de los intérpretes más importantes del cine nacional de todos los tiempos y por todo lo que significó, a través de sus personajes, como identidad cultural, ha sido un hombre con una humildad impresionante. Yo, que venÃa de un pueblo de la provincia de Buenos Aires, el dÃa que me encontré con él filmando, realmente, no lo podÃa creer. Recuerdo que tenÃa un Rolls Royce, un auto impresionante que se lo habÃa comprado a un embajador que lo dejó en Buenos Aires porque se le habÃa incendiado la parte trasera. Entonces, Luis se lo compró y se lo dio a un chapista amigo que se lo dejó impecable. Yo por ese entonces casi no me animaba a hablarle; en ese entonces habÃa otros códigos, tenÃa 22 años y nuestra relación con los mayores, insisto, era diferente”.
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En relación a su primer dÃa de filmación, Pablo lo recordó en estos términos: “Yo llegué de manera muy temprano al set, fui el primero en llegar, aunque no tenÃa participación en las tres primeras tomas. Se trataba de un club donde se desarrollaba un partido de fútbol y yo era un alumno del personaje que desarrollaba Sandrini. Entonces, don Luis estaba en una un costado de ese sector, cómodamente sentado, en un gran sillón; yo por entonces fumaba y además tenÃa cierta ansiedad que me provocaba a ir de un lado para otro, con el pucho en la mano. Me llamó entonces don Luis y me dijo: ‘Pibe, decime, ¿cuántas pelÃculas filmaste?’. A lo que le contesté: ‘Esta es la primera, señor’... y agregó: “¿Sabés qué es lo que tiene que aprender un actor para hacer cine?”. Le dije entonces: ‘No, señor’, y me graficó: ‘A sentarse, m’hijo, a sentarse... Siéntese, por favor, que me está volviendo loco’. Y a partir de ese episodio me preguntó quién era, de dónde venÃa y cuántos hermanos tenÃa. Mi familia era también del mismo pueblo de don Luis y le resultaba conocido mi apellido. Ese era Luis, un enorme actor, probablemente desvalorizado por cierto sector de la crÃtica y de la intelectualidad porteña. Uno lo ve hoy en dÃa y no es que el tiempo sea benévolo, pero no tengo dudas en afirmar que estamos ante la presencia, nada más ni nada menos, de un capÃtulo de oro de todos los tiempos del espectáculo argentino”.
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"A don Luis le voy a estar agradecido de por vida"
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Una pelÃcula revalorizada muchos años después, “La valija” (1971), es una obra de teatro dramática de Julio Mauricio que fue llevada al cine por Enrique Carreras con las actuaciones de Luis Sandrini, Malvina Pastorino, Alberto MartÃn, Edith Boado, Ernesto Raquen, Isidro Fernán Valdez, Rodolfo López Ervilha, Aurora del Mar, Estela Vidal, Francisco Martino y Roberto Braceras.
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Alberto MartÃn, un joven actor en plena formación, recordó aquel paso y la experiencia, inmejorable, junto a dos intérpretes de gran trayectoria: Luis Sandrini y Malvina Pastorino.
“Lo conocà en los años ’70 y compartà con don Luis un querible trabajo artÃstico que se llamó ‘La valija’, circunstancia que para mà significó un enorme acontecimiento por el que estaré siempre agradecido. El recuerdo más hermoso que tengo de don Luis es su humildad y generosidad. Y en este sentido cabe señalar que se trata de perfiles para nada gratuitos, porque no tengo la menor duda de que sobran los dedos de una mano para nombrar a los grandes humildes de toda la historia del espectáculo nacional. Reitero, don Luis era un tipo muy generoso, no solamente en las cuestiones artÃsticas, sino también en la conducta humana, un ser intachable”.
Y completó: “Compartà dos meses de trabajo con ‘La valija’, y era un compañero fiel, más allá de su condición de estrella absoluta del cine latinoamericano, que se brindaba por entero a darte una mano o una reflexión; ese tipo de compañero que permanecÃa siempre, absolutamente, siempre, muy atento a todo lo que uno necesitara. Además, atento, por otra parte, a tu universo doméstico. Ha dejado una huella muy valiosa y yo estoy orgulloso de haber podido conocer a un ser humano Ãntegro en todo sentido. Le voy a estar agradecido de por vida”.