Sandro: su vida dentro de la mansión
Los detalles Ãntimos de Roberto Sánchez en su hogar. Un gran nadador, chef y amante de las mascotas. Más detalles, en la nota.
La pileta era, para él, un oasis
En relación con la emblemática pileta de la mansión de Banfield, Olga Garaventa, su viuda, reveló a DiarioShow.com: "Me contó que cuando era joven la disfrutaba muchÃsimo, pero por su enfermedad hacÃa años que no la utilizaba y la veÃa con nostalgia, incluso les insistÃa a mis hijos que la disfrutaran, porque, si no, decÃa en broma, 'la voy a tapar y voy la hacer una quinta sobre ella'. Como yo no sé nadar, sólo me metÃa si venÃan mis nietas".
"Hasta que una noche, el 14 de febrero de 2006, estábamos sentados en los sillones de la galerÃa celebrando el dÃa de los enamorados y me dijo: '¡Cómo me gustarÃa meterme en la pileta, Olguita!'. En ese momento él no usaba oxÃgeno en forma permanente, porque le habÃan hecho la operación de reducción pulmonar, y sin pensarlo me animé a ayudarlo a meterse. Para más seguridad, busqué el tanque de oxÃgeno que habÃa en la biblioteca y, como es pesadÃsimo, lo arrastré rodando hasta llegar al borde la pileta", continuó.
"Le llevé la bigotera de oxÃgeno más larga que tenÃa para que pudiera meterse sin riesgo, prendà las luces de la pileta y él empezó a nadar, despacio, pero de punta a punta. Fue una lección de vida que no voy a olvidarme jamás. Después de nadar un rato, se quedó en medio de la pileta haciendo la plancha. Estuvo más de una hora. Cuando salió, lo arropé bien con un toallón, se secó, se sentó un ratito en la reposera y después entró al comedor diario tan contento que me dijo: '¡Ay, Olguita, qué placer! ¡Volvà a vivir! Te juro que esta noche volvà a vivir'. Su médico, el doctor Juan Antonio Mazzei, nos dijo que era muy importante para Roberto el poder hacerlo y disfrutar de algo en su situación, asà que pudo meterse en la pileta tres o cuatro veces más", expresó.
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Roberto sentÃa adoración por sus mascotas
Su pasión por el universo de las mascotas constituÃa para Sandro un panorama muy especial. Olga Garaventa recordó: "TenÃa a Lorenzo, el loro, que en realidad era lora, pero Roberto no lo supo hasta que yo me di cuenta y se lo dije; a Blackie, la perra, que murió tres años después que él falleció, y a Blanquita, la gata, que todavÃa vive conmigo y a la que también le decÃa Michi Michi. Con Lorenzo se divertÃa como loco, porque hacÃan como un sketch todos los dÃas".
Además, contó: "Lorenzo desde la jaula en la galerÃa, Roberto desde la silla de la cocina: "Hola, Robertuuuuu", lo saludaba Lorenzo. '¡Hola, Loreeeeeeeee! ¿Cómo estásssssss?', le contestaba Rober imitándolo. O cuando Lorenzo se ponÃa a cantar, siempre la misma canción, pero en un idioma que entendÃa solamente él, Roberto le decÃa: 'Lore, ¡cambiame de speach que estoy cansado de escuchar todos los dÃas lo mismo!'. Y el loro se empezaba a reÃr con una risa que impresionaba, porque parecÃa la de una persona. Lorenzo murió en diciembre de 2012 y hasta el último dÃa me preguntaba: 'Olga, ¿y Roberto?'. Y yo le decÃa: 'No está más, Lorenzo'. Y él se daba vuelta y hacÃa un gesto como de ¡qué barbaridad!".
Con respecto a sus dotes de exquisito chef, Olga Garaventa destacó: "¡Le encantaba! A mà no me podÃa cocinar ya, porque no le hacÃa bien el calor del fuego, pero me daba indicaciones y también tenÃa sus recetas. TenÃa recetas de todo el mundo: Holanda, Hawái, Jamaica, España, Italia, y era un especialista en cocina oriental: china, japonesa, tailandesa. Le gustaban los condimentos chinos y japoneses y los picantes. En el especiero ostentaba un montón de condimentos que yo nunca habÃa oÃdo nombrar, pero tuve que aprender sus nombres y a usarlos. Él me sugerÃa cómo combinarlos".
"Le gustaban las salsas agridulces, la salsa de soja. Si comÃa yakitori, querÃa tomar sake. Realmente le apasionaba la cocina. Y además de todos los libros de chefs famosos que habÃa en la biblioteca del comedor diario, estaban los suyos. Los habÃa armado usando la tapa de las agendas de cuero en desuso y en el interior puso las recetas que escribió en su computadora. Mientras mirábamos los programas, me decÃa: 'Olga, prestá atención, asà lo hacés vos'", concluyó.
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