"Yo le ense帽茅 a cantar a Gardel"

El tenor Eduardo Bonessi, maestro y mentor de Carlos Gardel durante la etapa de su sociedad con Jos茅 Razzano, relat贸 a DiarioShow.com la historia de su encuentro, que dar铆a inicio a la leyenda.

La revista As铆 (El mundo en sus manos) fue, sin lugar a dudas, la primera publicaci贸n que junto al Diario Cr贸nica generaron una revoluci贸n en materia informativa y, adem谩s, dicha publicaci贸n se impuso por los perfiles impactantes de sus im谩genes fotogr谩ficas. Se editaba los martes, jueves y s谩bados y, de la misma manera que el diario, ten铆a su redacci贸n en Riobamba 280, Capital. Precisamente, dicha publicaci贸n, el 23 de noviembre de 1968 publicaba un extenso reportaje al cantante y tenor Eduardo Bonessi, maestro y mentor de Carlos Gardel durante la etapa de su sociedad con Jos茅 Razzano.

La mencionada charla se llev贸 a cabo en su escuela de m煤sica que se encontraba ubicada al 1332 de la calle Corrientes. Precisamente, la cr贸nica de esa nota describ铆a que “el tama帽o del sal贸n, su ubicaci贸n en la geograf铆a de la ciudad hacen sospechar de una anacr贸nica academia de bailes; pero amarillentos retratos, diplomas, una pared de terciopelo rojo y un espejo finisecular son datos suficientes para aproximar una atm贸sfera del bello canto".

Y tal como se consigna en esta cr贸nica, la historia de Eduardo Bonessi con Gardel empez贸, en realidad, una tarde de la primavera de 1919, cuando dos hombres entraron en la academia de Pichincha 118.

“Yo conoc铆a a Gardel-Razzano, naturalmente”, expres贸 en el comienzo de la charla, “aunque, honestamente, nunca los escuchaba. S茅 que no est谩 bien decirlo, pero no me gustaba su estilo, me parec铆a cualquier cosa”. A lo que agreg贸: “Ese a帽o yo le daba clases de canto a un muchacho que se llamaba Pascual Mazzeo y era un amigo y un vecino de Gardel y los dos par谩bamos en el Caf茅 de Los Angelitos o en el Oberdan. Una determinada noche, Mazzeo me dijo que al d铆a siguiente ir铆an a la academia Gardel-Razzano, que acababan de regresar de Chile, despu茅s de una gira, y al parecer, andaban en una situaci贸n de dificultad econ贸mica en cuanto a recitales. Mazzeo le dijo a Gardel: ‘驴Quer茅s estudiar canto? Yo conozco un pibe que es un fen贸meno’”.

El fr铆o de dicho encuentro qued贸 quebrado cuando Bonessi cantara una romanza de “Los hugonotes”. “隆Esta es la voz que necesitamos, oriental!”, le grit贸 Gardel a Razzano. Y continu贸 el maestro: “Acto seguido, los prob茅; recuerdo que Razzano ten铆a una bronquitis; le di un inhalante de cosecha propia y despu茅s registrado por el Ministerio de Salud P煤blica; me acuerdo que a Gardel le gustaba tanto que pon铆a una gota en un terr贸n de az煤car y lo devoraba”. El profesor recordaba la caracter铆stica del canto de su alumno. “No desafinaba y ten铆a muchas virtudes, aunque no las hab铆a desarrollado. Cuando empez贸 conmigo, y eso que ya era famoso, cantaba con mucho amaneramiento, gusto infantil y voz chica. Pero era inteligente y d贸cil, de modo que no le cost贸 mucho sacar su verdadera voz; la de un bar铆tono brillante poco com煤n, sobre todo en calidad de timbre y temperamento. Era, realmente, un cantor nacido para lo popular. Desde luego, no hubiera podido intentar otro g茅nero. Adem谩s, se cuidaba mucho: apenas fumaba, tomaba poco y se somet铆a a la gimnasia f铆sica y respiratoria con una voluntad envidiable”.

Y agreg贸: “Hubo un momento en que ya no quiso o no pudo prescindir de m铆. Me llevaba a los clubes, a los salones, a los cines y a las giras; incluso a Europa. All铆 lo conoc铆 bajo su aspecto humano: simp谩tico, de buena figura, p铆caro, un hombre macanudo. En sus horas de ocio me escuchaba cantar y despu茅s sentenciaba: ‘隆El 煤nico maestro de canto que va a quedar en este pa铆s sos vos! Si no fueras tan reo’. Se refer铆a a mi afici贸n por las noches y las juergas con amigos y todas esas cosas que 茅l no hac铆a. Era mucho m谩s ordenado y met贸dico de lo que la gente supone; excepto, con la plata: entre la generosidad para los amigos en la mala y los caballos de carreras se quedaba seco vuelta a vuelta”.

El maestro Bonessi, tocando el piano junto a sus alumnos.

El artista agreg贸 m谩s adelante: “Antes de salir de gira hacia Europa y Estados Unidos estuvo conmigo y me dijo que no quer铆a cantar m谩s. Estaba harto. El p煤blico lo pon铆a nervioso y se ahogaba en sudor cada vez que actuaba. Su voz estaba intacta. Era una voz para durar cien a帽os, aunque su esp铆ritu se hab铆a agotado. Hay un detalle interesante: a veces, al empezar a cantar, Gardel inclinaba la cabeza sobre el hombro y musitaba unas palabras; muchos cantores cre铆an que ese gesto formaba parte de su estilo, y lo imitaban en consecuencia. No sab铆an que Gardel hac铆a eso para decirles por lo bajo a sus m煤sicos: ‘Pensar que por culpa de estos... tengo que estar aqu铆’. Naturalmente, hablaba del p煤blico”.

Y para finalizar, evoc贸: “Me acuerdo de lo 煤ltimo que me dijo antes de partir: ‘Maestro, cuando vuelva largo el canto; entre los dos vamos a poner una academia. 隆Nos llenamos de guita!’”.

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