MÚSICA

Marilina Bertoldi desgarra el silencio con "Para quién trabajás": un disco que late entre ruidos y rebeliones

La artista argentina lanzó su quinto álbum, un manifiesto crudo y electrizante donde mezcla teclados furiosos, guitarras que gritan y letras que no piden permiso, con referencias a Luca Prodan y Charly García

@perez_daro

Tras más de un año de labor en el estudio, Marilina Bertoldi reveló "Para quién trabajás Vol. I", su quinto álbum de estudio, ya disponible en todas las plataformas. Como adelanto, liberó "Por siempre es un lugar", una balada desnuda que sigue la estela de "Autoestima", pero con una intensidad aún más visceral. El disco es esperado porque Bertoldi ya tiene acostumbrados a propios y ajenos a sorprender, cambiando su sonido, propuesta o performance. Y este es un nuevo caso de un disco cuyo género solo se puede describir con su mismo nombre: Sigue siendo Marilina Bertoldi porque nuevamente se anima a dar la vuelta.

 

     

 

Bertoldi: una fuerza que no pide permiso

Ganadora del Gardel de Oro y nominada a los Latin Grammy, Marilina Bertoldi es una figura imposible de encasillar. Criada en el under argentino, hoy rompe fronteras con una identidad queer que desafía los moldes. Desde sus comienzos con Connor Questa, hasta su documental "Luna en Obras", su carrera es un viaje de autenticidad. En 2024, su versión de "Me vuelvo cada día más loca" junto a Juliana Gattas para Spotify Singles confirmó que su voz resuena cada vez más.

El disco: diez gritos en forma de canción

"Para quién trabajás" arranca con la inocencia de un sobrino preguntando por los teclados. "Podés hacer un montón de ruiditos”, dice, anticipando lo lúdico de las canciones que vendrán. Un trabajo que no solo suena, sino que se construye con las manos y la cabeza de una artista que nunca repite fórmulas.

Rápidamente se transforma en un loop frenético de guitarras procesadas y ritmos bailables, como un homenaje no declarado a Charly García. Es que si hay algo que diferenciará gran parte del disco de otros, es su instrumentación, con una percusión que parece realizada con una caja de sonidos, teclados, sampleos y guitarras que van y vienen, que a cualquiera le pueden recordar al García ochentoso de sus primeros discos solistas. Si hasta una guitarra que aparece por la mitad le pega en el palo a los acordes de “Rezo por vos”. El sonido se va saturando, con un estilo que se parece más a los últimos años en los vivos de los set solos o dúos de Marilina, tomando el completo control de su música.

 

Marilina Bertoldi rompe todo con sus nuevos temas. 

"No quieren más mi rocanrol" desordena la acústica hasta convertirla en un disco rayado, y es quizás una brevísima declaración sobre los momentos de fama y exposición. Mientras "Autoestima" —el primer single— mezcla new wave con samples de Luca Prodan para hablar del hartazgo. Acá de alguna manera vuelve a hacerse presente Charly pero en forma lírica: “Escupimos para arriba, no es lluvia, esto es Argentina” expulsa de su garganta Bertoldi, tal vez recordando al “No llueve, escupen” que dijo el pianista en medio de aquella versión de "Seminare" bajo el agua en el Quilmes Rock de 2004.

El sonido se apaga pero tras resintonizar una radio, "Siglos" arranca casi con el mismo tempo, como si el final del tema anterior solo hubiese sido una pausa, para darle inicio a una segunda parte, esta vez más saturadamente romántica.

“Van a despertar al gordo. Y no sé que van a hacer con eso”

"Bajan de día de noche esperan", con una intro muy a lo de “1979” de Smashing Pumpkins, con un bajo omnipresente, y un sonido más noventoso. Va bajando las revoluciones, volumen y la energía, orgánicamente para llevarnos a otro espacio. Hasta que vuelve a la guitarra acustica minimalista con su voz para terminar. Acá parece que ese final quiere prepararnos para lo siguiente: En "El gordo", los teclados gritan como en los mejores temas de Virus, “Van a despertar al gordo. Y no sé que van a hacer con eso” es un “no me busquen porque me van a encontrar”, pero de forma angelical, y con la base sintetizada empieza su “Cierren el orto” pero más desgarrada, mientras aparece un solo de guitarra discutiendo con un teclado, en uno de los puntos más altos del álbum.

Llegará el momento de “Por siempre es un lugar” que desarma el amor con dos guitarras y un "nunca tuve algo tan lindo para romper" que duele desde la fragilidad. 

     

 

La producción: caos controlado

Para ir cerrando, “De caza”, con aires de “Mojigata” o "Sexo con modelos" pero en el que se escucha un electro-rock a lo Tame Impala o The Kills, pero más ambient, en octavo lugar.  "Amanecen ocasos": el oximoron y casi religioso hiperpop con coros sampleados, casi angelicales pero frenéticos en el que alcanza un aire para que Marilina diga "Nadie me va a hacer eso nunca más". Hay una guitarra oscurísima, casi aterradora, que le pone énfasis a su rezo.

La sinfonía de oclusión es "Monstruos". Una intro pantanosa, oscura, un tic tac de reloj casi de dibujo animado que se va saturando, o una caja musical pudriéndose. Termina con su sobrino (sería el otro hijo de Lula Bertoldi, hermana de la artista) saludándola por mensaje y brindando un poco de optimismo tras la oscuridad.

 

Aquí no hay espacio para lo predecible. Las baterías programadas de "Autoestima", el bajo noventoso de "Bajan de día, de noche esperan" y los coros angelicales de "Amanecen ocasos" —que esconden una guitarra aterradora— demuestran que Bertoldi juega con los contrastes. Parece espontáneo, tal vez por el gusto de Marilina de jugar en vivo con las versiones de sus propios temas. Pero cada detalle está calculado.

Menos palabras, más estribillos

Si algo define este álbum es la economía lírica. Bertoldi opta por frases certeras y repeticiones que se clavan como consignas. Claves que tienen que ver con lo ludico de las máquinas y funcionan mejor como golpes directos. No hay rodeos: es música para cantar, gritar y, sobre todo, para moverse.

Un manifiesto político y emocional

Más que un disco, "Para quién trabajás" es una respuesta a la realidad. Desde su arte de tapa —inspirado en cómics de superhéroes— hasta las letras que hablan de resistencia, Bertoldi no elude el conflicto. Entrefrescura y furia, este álbum confirma que Bertoldi no necesita grandes discursos: le bastan teclados, samples y guitarras que suenan a revolución. Parece improvisado, pero cada nota esconde una furia contenida, un amor roto o una risa irónica. "Para quién trabajás" no pide permiso: exige ser escuchado. Y, después de estos diez temas, es imposible quedarse quieto. 

 

Esta nota habla de: