"El peque帽o pony": Crueldad y acoso desde la mirada de los padres

CR脥TICA 聽Alejandro Awada nos regala una composici贸n dram谩tica que lo ubica, probablemente, en la mejor etapa de su carrera. Melina Petriella presenta a esa madre colmada de dudas y desilusiones. Calificaci贸n: Muy buena.

Teatro Picadero, s谩bados a las 22.15 y domingos a las 18.

Por Ricardo Filighera

rfilighera@cronica.com.ar

Esta interesante obra del autor espa帽ol Paco Bezerra est谩 basada en un hecho puntual sucedido en una escuela en Estados Unidos (en 2014), en el que un chico de 9 a帽os fue v铆ctima de ataques verbales y f铆sicos por tener una mochila de la serie animada “Mi peque帽o poni”.

La escuela le prohibi贸 posteriormente el ingreso por considerar esa imagen un “detonante de acoso”. A este caso se le sum贸 otro episodio similar y tuvo una enorme difusi贸n medi谩tica en ese entonces por la enorme crueldad de la que fueron v铆ctimas los chicos en cuesti贸n.

Con uno de estos materiales, la obra de Bezerra, adaptada para nuestro medio y dirigida por Nelson Valente e interpretada por Alejandro Awada y Melina Petriella, aborda el caso del ni帽o de 9 a帽os desde la visi贸n, la angustia, la opresi贸n y el desgaste que viven los padres de esa criatura.

El tema del acoso, la burla y la sublimaci贸n de la maldad hacia una persona, adulta, joven y peque帽a, existi贸 desde siempre y en los tiempos que corren se denomina bullying. Antes, estos lamentables hechos se manten铆an tapados, de manera vergonzosa y con sentimiento de culpa anidando entre las propias v铆ctimas.

Como acot谩bamos, el conflicto, en esta pieza, est谩 centrado en todo aquello que pasa por la humanidad de esos dos adultos. Y el valor de la obra tiene, por sobre todas las cosas, un gran componente de denuncia social.

Los adultos (los padres) reaccionan con temperamento fuerte, como aquel boxeador que recibe impactos contundente, y se defiende, en consecuencia, con la respuesta del herido, de la supervivencia. Lo que reciben ellos es atroz, y tratan de manejar estas circunstancias con razonamientos distintos.

La madre, desde el dolor propio de haberlo tenido a ese hijo en sus propias entra帽as aunque, luego, se ir谩 debilitando ante el poder铆o de esa horda mayoritaria que arrasa con la sinraz贸n del golpe y la violencia. Ella empezar谩 a dudar sobre si lo ha educado bien o si se ha convertido en un chico “distinto” para dar motivo (y justificaci贸n) a tal manifestaci贸n de locura e intolerancia que han aceptado hasta las propias autoridades del establecimiento.

El padre, en cambio, se solidariza desde un primer momento con el chico y emprende una suerte de cruzada contra la vor谩gine de esa maldad. Incurre, eso s铆, en contradicciones propias que se convierten en mandatos inexorables para la construcci贸n de acciones que devienen en angustia y desorientaci贸n de esa indefensa v铆ctima que es su hijo.

Pero el componente que nos lastima, que nos hiere, que nos desequilibra, es el que est谩 referido a la intolerancia por la intolerancia misma. Que nos abruma y nos golpea much铆simo cuando se origina en los adultos pero a su vez, a煤n m谩s, cuando viene de los propios chicos.

Preguntas sin respuesta

驴Hasta qu茅 punto el ordenador de la mente humana puede generar una acci贸n para defenestrar y ultimar a otro ser humano por pensar distinto o por sentir en su alma otros colores, otros afectos, otras im谩genes? 驴Hasta cu谩ndo se puede tolerar el “sacrificio” de un “cordero humano” como si estuvi茅ramos instalados en los bandos del bien y del mal, entre Dios y Sat谩n, en plenos a帽os de la cultura medieval?

Estos interrogantes que nos devuelven lo m谩s primario y lo m谩s salvaje de la condici贸n humana son un aporte fundamental para que se pueda seguir librando desde un escenario una batalla contra la oscuridad y crueldad del universo humano.

La direcci贸n de Nelson Valente instala a los personajes en un escenario pr谩cticamente minimalista de una mesa con dos sillas. Importa el sentimiento, el llanto, la respiraci贸n, las pausas, la ira, el descontrol de dos protagonistas que toman como base un texto inteligente pero, por sobre todo, impactante por su contenido de b煤squeda de justicia.

El combo interpretativo es 贸ptimo. Alejandro Awada nos regala una composici贸n dram谩tica que lo ubica, probablemente, en la mejor etapa de su carrera. El dolor y el tormento interior de su alma ponen registro de composici贸n en un cap铆tulo de oro de nuestro teatro. Melina Petriella no le va en zaga. Presenta a esa madre colmada de dudas y desilusiones plasmada desde un proceso, seguramente, donde la palabra del hecho intelectual ha cedido paso notoriamente al fuego del coraz贸n herido, al hecho de la emotividad, del sentimiento puro.

La imagen de tel贸n de fondo de aquel rostro de un chico que va manifestando cambios y rictus faciales es toda una alegor铆a, en definitiva, sobre ese grito ahogado de desesperanza y emociones que les va manifestando a los adultos y que no sabemos interpretar ni comprender.

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