Roberto Carnaghi, cuerpo y alma de "Shylock"

El reconocido actor supo ponerle su sello a un espectáculo dramático mezclado con humor. Los detalles en la nota.

@RFilighera

"El mercader de Venecia", retitulada para esta oportunidad como "Shylock" (el nombre de su principal protagonista), se conoció en versión de Patricia Zángaro y el destacado puestista georgiano Robert Sturua y con dirección del propio Sturua, en 1999, en el teatro General San Martín.

Roberto Carnaghi, en la piel del controvertido Shylock, y un elenco que se completaba con los aportes de Carlos Kaspar, Néstor Sánchez, Alejo García Pintos, Horacio Roca, Juan Palomino, Ingrid Pelicori, Rita Terranova, Zuny Lemos, David Masajnik y Tony Lestingi le pusieron su sello a un espectáculo de enjundia dramática, aunque con mucho humor.

El núcleo de esta historia es el siguiente: Bassiano es un veneciano que, si bien pertenece a la nobleza, no cuenta con los ingresos suficientes para ameritar dicha circunstancia. Entonces, le pide a su amigo Antonio que le preste una importante suma de dinero para poder enamorar a Porcia, una rica heredera y, como su amigo no cuenta con esa cantidad, se lo va a pedir a Shylock, un prestamista judío (al que Antonio somete a burlas por doquier), quien le exigirá que, si no lo devuelve en tiempo y forma, tendrá inevitablemente que ofrendar una libra de carne de su propio cuerpo.

En medio de ataques cruzados que transitan ásperos caminos entre el amor, el odio y la discriminación, el personaje de Shylock asume una particular relevancia. Como esos inmigrantes surgidos de la pluma de Armando Discépolo o de Francisco Defilippis Novoa, en la historia de Shakespeare estos inmigrantes se debaten, también, ante enormes desafíos como el trauma y la frustración.

Para Carnaghi se trató de un desafío singular. En primer término, el director Robert Sturua había pedido para el personaje principal un actor "atípico", es decir, que no estuviera enrolado en las corrientes del teatro shakespeareano, en consecuencia, un comediante. Debido a ello, Kive Staiff, el entonces director del San Martín, ni corto ni perezoso, designó a Carnaghi. Y la obra, además, tuvo que sortear varias dificultades debido a que muchos intelectuales sostenían a rajatabla que la pieza de Shakespeare se presentaba como un verdadero manifiesto nazi.

A modo de anécdota, podemos señalar que Carnaghi debió soportar, muchas veces, al final de varias funciones, fuertes cuestionamientos de un sector de la comunidad judía que continuaba viendo en la obra un discurso a favor del antisemitismo.

Shylock era, en definitiva, una persona maltratada; en tiempos actuales, diríamos que Shakespeare lo ubicaría como una víctima de bullying; puntualmente, es castigado por Horacio con agresiones verbales y hasta físicas. Por otra parte, Shylock fue denigrado incluso por su propia hija, que se casa con un cristiano.

Entonces, más allá de que quiere cobrar lo que prestó, le pide a Horacio una suerte de compensación en caso de no cumplir, y que es aquella libra de carne; una suerte de desahogo ante la enorme bronca acumulada por los agravios recibidos, pero algo que también se convierte en una respuesta cruda y violenta.

Una pieza que dividió aguas, encendió polémicas y tuvo una puesta en escena distinta, creativa; en la que Carnaghi registró con sello de fuego uno de los capítulos más importantes de toda la historia del teatro argentino.

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