Festival de Cannes: así fue la apertura y el emotivo reconocimiento a Meryl Streep
La actriz ha recibido la Palma de Oro Honorífica por su carrera, de la que ha desvelado la clave del éxito a través de su discurso.
Por Fernando E. Juan Lima, desde Cannes
@fejlima
Las múltiples controversias generadas en la previa del inicio de la 77 edición del Festival Internacional de Cine de Cannes se acallaron casi totalmente, al menos por unas horas. Todos los debates y temores en torno a la posible huelga de los empleados (según denuncian, precarizados) del festival, sólo tuvieron como evidencia a una veintena de trabajadores silbando y quejándose en la entrada de la alfombra roja (fuera del alcance de las cámaras que transmiten en directo para la televisión y para centenares de salas en todo el país). Las versiones sobre una inminente y fuerte denuncia sobre abusos sexuales de una importante figura del cine francés, las tensiones en torno a las declaraciones sobre la situación en Gaza o el exilio del director iraní Mohammad Rasoulof (que presentará aquí su última película) quedaron por un momento en suspenso. Se levantó el telón y la apertura es el momento de la alfombra roja, de la elegante y breve coreografía (40 minutos exactos) que da paso al evento más esperado del año cinematográfico.
Si uno presta atención a los números de la taquilla de los últimos tiempos, las Palmas de Oro no siempre significan un gran éxito de público. Con la excepción de la coreana Parásito en 2019 (también empujada por los Oscar) y antes Farenheit 9/11 (Michael Moore, 2004), en general la repercusión en cuanto a venta de entradas es incomparable respecto de lo que provocan los tanques de Hollywood. Sin embargo, el Festival de Cannes, en principio más identificado con el “Cine Arte”, nunca ha dejado de prestar atención al costado más popular del fenómeno cinematográfico. Así, tener este año como presidenta del jurado a alguien que viene del cine independiente pero que el año pasado generó el fenómeno global de Barbie, como es Greta Gerwiig dialoga perfectamente con el reconocimiento a una figura única e indiscutida como es Meryl Streep. Ella se consagró como actriz de películas relevantes y reconocidas como El francotirador, Kramer vs. Kramer, La decisión de Sophie, África mía o Los puentes de Madison pero ha sabido ponerle el cuerpo a comedias muy populares como Julie & Julia, El diablo se viste a la moda o ¡Mamma Mía!
El premio fue entregado por la gran actriz francesa Juliette Binoche (impactante y hermosa, ataviada con un llamativo vestido colorado), que se emocionó hasta las lágrimas al recorrer la carrera de la homenajeada y agradecerlo por cómo hizo cambiar la mirada hacia las mujeres en la industria. De blanco, escuchando cómo se la alababa y tras dos minuto de aplauso de pie (del público y del propio jurado, también sobre el escenario), Meryl Streep se hizo dueña de la escena. Elegante, elogió largamente a Juliette Binoche, agradeció a su representante y a su estilista y maquillador, y definió las imágenes que la habían precedido y recorrían su carrera como aquellas que se veían desde la ventana de un tren bala. Terminó recordando a su madre que siempre le decía “todo pasa muy rápido” y, con humor, agregó “… menos este discurso que ese está haciendo demasiado largo”.
Tras la ceremonia la película elegida para abrir el fuego fue Le deuxième acte, de Quentin Dupieux. El director, también músico y disc-jockey (conocido por el seudónimo de Mr. Oizo), siempre se mueve por fuera de los lugares comunes, jugando con humor al límite de lo aceptable y de la corrección política. Y su última película parece perfecta para la ocasión. Con la estelar presencia de algunas de las figuras más rutilantes del cine francés Léa Seydoux, Louis Garrel y Vincent Lindon (a quienes acompaña el habitué del cine de Dupieux Raphaël Quenard), su mirada sobre el cine y la realidad parecen muy atinentes al festival que comienza. Autoreflexiva e irónica, Le deuxième acte disparó las risas de la platea, que sin embargo no pudo disimular el impacto de muchos de sus dardos, dirigidos –justamente- a la impostura propia del mundo del cine.

