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No peles de más: el valioso aporte que perdés al sacar la piel de frutas y verduras

Aunque parezca una costumbre inofensiva, pelar siempre las frutas y verduras podría estar privándote de valiosos nutrientes.

Pelamos una manzana, una zanahoria o una papa casi por reflejo. Pero, ¿alguna vez te preguntaste si es realmente necesario? Aunque retirar la cáscara puede parecer una forma de “limpiar” mejor los alimentos, la verdad es que en muchos casos se pierde gran parte de sus beneficios nutricionales.

La cáscara o piel de muchas frutas y verduras suele ser la parte más desaprovechada de los alimentos. Sin embargo, contiene una alta concentración de fibra, vitaminas, minerales y antioxidantes clave para el organismo. Al pelarlas, se pierde una buena parte de estos nutrientes esenciales.

¿A cuáles le podés sacar la piel?

Por ejemplo, en el caso de la manzana, su piel concentra hasta el 50% de la fibra total y compuestos como la quercetina, un antioxidante con propiedades antiinflamatorias. En las papas, gran parte del potasio, el hierro y la vitamina C se encuentran justamente en la piel o justo debajo de ella.

 Lo mismo sucede con la zanahoria: aunque en menor medida, su cáscara contiene antioxidantes adicionales y más fibra que se elimina al rasparla. La pera, por su parte, es rica en flavonoides y fibra soluble, beneficiosa para la digestión y el control del colesterol. También el pepino y la berenjena aportan nutrientes valiosos en su piel, como antioxidantes y vitaminas del grupo B, además de dar textura y sabor a los platos.

Entonces, ¿en qué casos conviene conservar la piel? Siempre que las frutas y verduras estén bien lavadas (preferentemente si son de origen orgánico), se recomienda no pelarlas. Un simple cepillado con agua fría suele ser suficiente para eliminar restos de tierra o residuos superficiales. En caso de duda, también se puede recurrir a métodos caseros para desinfectarlas, como sumergirlas unos minutos en agua con vinagre o bicarbonato.

 

 

Sin embargo, hay situaciones en las que pelar es necesario. Por ejemplo, si la cáscara está muy dañada, tiene partes blandas o signos de deterioro. También conviene retirarla en frutas con piel muy gruesa o amarga, como el ananá o el kiwi. Y, por supuesto, si no se puede garantizar que fueron eliminados correctamente los posibles residuos químicos o pesticidas.

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