Dicen que siempre hay que preguntar los precios antes de comprar, y es una lección que esta pareja estadounidense no olvidará. Theodora McCormick y su esposo se encontraban vacacionando en Grecia cuando se les antojaron unas ostras y decidieron ir en su búsqueda. La conclusión fue una decepcionante experiencia con el ticket final.

En lo que creyeron que iba a ser una rápida y placentera parada por el local de comidas DK Oyster, en Grecia, se convirtió en una experiencia desagradable. Desde el auto, ordenaron doce ostras y cuatro bebidas y aguardaron tranquilamente por su pedido.

Según el relato de la mujer al medio The Sun, todo fue bastante extraño desde que arribaron al comercio: no había mozos y quien los atendió no les facilitó la carta de tragos sino que les leyó el menú en voz alta, algo bastante peculiar.

 

Sin darle demasiada importancia a las señales, pidieron su comida y la disfrutaron. El problema fue cuando llegó la cuenta: 510 euros, un monto que era prácticamente el doble de lo que esperaban.

“Mi esposo dijo: ‘Tiene que haber un error’. Fue Mykonos; sabíamos que iba a ser ridículo… 250 y pico de euros, eso es lo que estábamos pensando. Pero recibimos la cuenta y era de alrededor de 500 o 510”, le explicó la mujer al mismo medio.

Pero eso no quedó allí, porque la mala experiencia continuó tras la llegada del opulento ticket. Fue en ese momento cuando un par de hombres de considerable tamaño comenzaron a presionarlos para que pagaran la cuenta en efectivo, a lo que la pareja accedió sin mediar más palabra, para evitar inconvenientes.

Theodora McCormick y su esposo pasaban unas vacaciones en Grecia.

“Es ridículo, pero obviamente es algún tipo de estafa. Pagaremos e intentaremos negociar con nuestra compañía de tarjeta de crédito más tarde'”, expresó la damnificada, totalmente indignada. Luego se daría cuenta que el restaurante estaba muy mal valorado en Tripadvisor.

Luego de rememorar el paso a paso de la olvidable jornada, McCormick creyó entender el “modus operandi” del negocio de comidas que, según ella, se basa en especular con la renovación constante de personas que trae el turismo: los clientes se van furiosos pero al no ser de la ciudad nunca regresn, y detrás de ellos llegan más y más visitantes extranjeros:  “Reciben suficientes personas de todo el mundo para que siempre haya suministro de carne fresca”, sentenció.

Otra pareja estafada en el mismo lugar

En los últimos días, el local de comidas DK Oyster  ya había sido noticia por otra pareja “estafada” con una modalidad similar a la denunciada por Theodora McCormick y su esposo.

Lindsay y Alex Breen, quienes estaban allí por su luna de miel, habían realizado un pedido similar al otro matrimonio: una cerveza, un Aperol Spritz y una docena de ostras, lo que dio como resultado una suma de 570 euros.

 

Lindsay y Alex Breen también fueron "estafados" en el mismo restaurante.

Según los Breen, el empleado del comercio los habría presionado para que hagan su pedido. En tanto que el dueño del local, Dimitrios Kalamaras, se defendió y no solo negó la incriminación sino que apuntó directamente hacia Lindsay, acusándola de querer hacerse famosa en Instagram mintiendo acerca de los montos que le cobraron por su pedido.

Según relató el sujeto en su defensa, fue la mujer quien “pidió repetidamente un menú de cócteles y que el servidor no parecía querer proporcionar uno”, y continuó: “A pesar de eso, hizo un pedido. Una influencer, una persona experimentada que ha viajado mucho y que se gana la vida con sus experiencias en el mundo hizo lo que la mayoría de los adultos en su sano juicio no harían: pidió bebidas y comida a un camarero que se negó a presentar un menú”, remató.

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