Las estafas por WhatsApp son cada vez más comunes y los delincuentes que utilizan esta modalidad no discriminan a sus víctimas por su profesión: recientemente, trascendieron hackeos sufridos por políticos hasta curas. Sin embargo, los criminales no siempre se salen con la suya.

El procedimiento siempre es igual: hackean la cuenta de una persona para utilizar su identidad y pedirle dinero a un familiar o amigo. Pero el padre Juan María Molina, cuyo nombre de perfil en Twitter es lagarto87, no cayó en la trampa y compartió en la red social lo sucedido.

Molina, sacerdote en un santuario de la Virgen de Schoensatt, ubicada en el barrio porteño de Belgrano, subió las capturas del chat y escribió: "Cura generoso sí; pero no bolud... Una oportunidad para evangelizar (?)".

El delincuente le escribió y le pidió que le haga una transferencia.

Según se puede apreciar, el delincuente le dijo que necesitaba hacer una transferencia y no le funcionaba el homebaking. Por eso le pidió al padre Molina si no la podía hacer él y más tarde le reintegraba el dinero.

Todo marchaba bien para el ciberdelincuente, pues el cura le preguntó cuánto necesitaba y hasta le consultó si no precisaba una suma mayor a los $35.000 que le pidió. "Tal vez te puedo ayudar con más o de otra forma, tenemos confianza", le contestó.

Sin embargo, el sujeto era delincuente, pero no ambicioso: rechazó la propuesta, le dijo que era para cancelar un pago y luego procedió a pasarle los datos para la transferencia.

Ahí fue cando el sacerdote sorprendió al criminal, pues el supuesto comprobante del movimiento bancario no era tal y se podía leer: "Que Dios te perdone. Delincuente dejá de robar. Rezo por vos. P Juan".

El falso comprobante causó furor en Twitter.

La publicación generó revuelo en Twitter y varias personas lo felicitaron por su accionar. Hasta hubo una persona que le respondió con un meme de Bilardo emocionado.

En diálogo con La Nación, Molina contó que el hecho sucedió el domingo por la mañana y explicó por qué el mensaje le despertó desconfianza. 

"Recibo un mensaje por WhatsApp de una persona que arrancó la charla con un “buenas”; no lo tenía agendado, pero rastreando el teléfono, vi que lo conocía porque hablé con él en su momento; es el número del papá de un chico que había ido a un campamento que organizamos con la iglesia”, explicó.

“Al organizar siempre campamentos no me parecía extraño que me escribiera y lo primero que me pidió es un favor. Me pareció un poco extraño el pedido un domingo a la mañana, pero le preparé el terreno para que me pida lo que necesitara, imaginaba que venía por el lado de un pedido familiar o de ir a visitar a un chico enfermo, entonces fui generoso y abierto”, continuó.

“Ahí fue cuando viene el pedido de la plata, eso me olfateó mal por sentido común. Ir a pedirle plata a un sacerdote no es lo más fiable, confiable o cercano. Me pareció raro en ese momento y le seguí la conversación, en paralelo realicé investigaciones para saber si esta persona atravesaba una necesidad o situación delicada por el modo en que escribía. Después me di cuenta de que le habían hackeado el teléfono y estaban tratando de estafarme”, agregó.

Además, sostuvo que decidió subir la conversación a Twitter porque consideró que podría ayudar a concientizar y para "dar un mensaje en que el bien puede triunfar y ante lo malo no hay una condena definitiva". "Creo que en el cambio de las personas. Fue entonces que se me dio por subirlo y tuvo bastante repercusión”, añadió.

Asimismo, eso fue lo que lo llevó a tener el curioso diálogo con el delincuente: "Para mí, como sacerdote, todo el tiempo intento ayudar a que lo bueno triunfe, que el amor sea más fuerte. Le seguí la conversación, con el supuesto comprobante de transferencia, donde le puse que no robe más, que Dios lo perdone y después bloqueé el teléfono”.

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