Todos saben lo difícil que es ganar en el casino. Algunos van con esperanzas, tienen cábalas y otros hasta estudian una gran cantidad de combinaciones en las máquinas para llegar al éxito. Sin embargo, la historia de este apostador de Santa Cruz es insólita. No tanto porque logró ganar un premio enorme, sino porque no se lo quieren pagar.

Todo ocurrió el jueves en el Casino Club de Río Gallegos, cuando Antonio, un obrero de la localidad de Comandante Luis Piedrabuena, concurrió a ese lugar para ver si tenía suerte en las máquinas tragamonedas.

 

Luego de un poco más de media hora, en la que llegó a apostar alrededor de 6000 pesos, la jugada mágica llegó, la máquina comenzó a lanzar un ruido de chicharras y el hombre obtuvo como premio la increíble suma de 100 millones de pesos.

Pero el buen momento, pasó rápido, porque luego de ser felicitado por otros jugadores que se encontraban cerca y por algunos empleados del casino, un directivo se acercó y le dijo que no podría cobrar lo que ganó.

"Viene uno de los asistentes de sala a felicitarme, iban a traer los papeles para tomar los datos, cuando viene la jefa de sala, me dice que no es válido y me apaga la máquina", contó el hombre.

Además, Antonio agregó que la mujer lo maltrató y le dijo que "era deshonesto" si pretendía cobrar esa suma de dinero. "Me dijo: Esto no lo va a poder cobrar porque no es válido, la máquina tiene un desperfecto".

Desde el casino le dijeron que la maquina tenía "un desperfecto".

Al no obtener una solución a su problema, ese mismo día el hombre contactó a dos abogados que lo acompañaron a una comisaría y, el viernes, realizó la denuncia en Defensa del Consumidor.

"Entre el lunes y martes tendríamos que tener una respuesta, tanto del ente administrativo como de la parte policial", adelantó uno de los dos letrados que representan al hombre, Gustavo Insaurralde. En este sentido, lo que se buscará por parte de los denunciantes es que haya una instancia de mediación previa a cualquier acción judicial.

"Más allá de la parte legal y económica, Antonio se merecería una disculpa pública, pero hasta ahora no hay comunicación", concluyó Insaurralde, en diálogo con La Opinión Austral.

Una vez que el hecho tomó estado público en la provincia patagónica, el hombre subrayó que recibió cientos de muestras de apoyo por las redes sociales que lo ayudaron a calmarse un poco luego de estar "muy alterado" por la situación complicada que sufrió.

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