San Isidro recorta en la cultura: quieren cobrar actividades gratuitas
Tras más de 36 años de funcionamiento, la histórica sede dejó de operar y sus talleres fueron dispersados por distintos puntos del distrito. A cuatro semanas del traslado, los cursos de fotografía analógica siguen paralizados, no hay aulas fijas y el transporte ya es una barrera para continuar cursando.
A cuatro semanas del cierre de la Casa de la Juventud de San Isidro, muchas clases siguen suspendidas, no hay aulas fijas y parte del equipamiento todavía está dentro del edificio clausurado.
La deserción ya empezó: hay alumnos que dejaron de asistir porque no pueden moverse entre las sedes dispersas por el municipio.
Sofía, alumna de la institución desde hace más de diez años, contó a Crónica que los talleres de fotografía analógica y de laboratorio permanecen paralizados porque los materiales y químicos todavía no fueron retirados del edificio y requieren un traslado especial.
"Hace ya cuatro semanas que no estamos teniendo clases. Tenemos un aula que va rotando y martes y miércoles no estamos yendo porque necesitamos todos los materiales", contó en medio de la protesta.
Además, cuestionó la forma en que se comunicó el cierre: los alumnos se enteraron por sus propios docentes y el proceso se resolvió en apenas dos semanas, con el cuatrimestre ya en curso.
"Empezamos a embalar y ayudar con todo lo que era juntar las cosas, porque son más de 36 años que funcionaba la Casa de la Juventud y no es que de un día para el otro se pueden mover las cosas", expresó.
El transporte, otra barrera
La dispersión de talleres en distintas sedes del distrito complicó la continuidad académica de quienes cursaban varias actividades seguidas.
"Si alguien tenía dos talleres seguidos ahora no se puede cruzar de aula como antes. Entonces empieza a haber chicos que dejan de poder asistirlo", señaló.
Menos edad permitida y cuota nueva
En paralelo al cierre, las condiciones de acceso también cambiaron: el límite de edad para participar se redujo de 35 a 30 años y se incorporó el pago de una cuota mensual, algo que antes no existía.
"Antes era de 13 a 35 años y hoy es hasta 30. Antes no se abonaba una cuota tampoco, ahora abonamos también cuota", manifestó.
Sofía consideró que el problema excede a la gestión actual: "En más de tres décadas nunca se garantizó un edificio propio para el proyecto", señaló.
