POR LA RED

Murió el padre de Franco Torchia, y el periodista lo despidió con un emotivo mensaje: "Necesitás descansar mucho..."

El conductor envió un mensaje que conmovió las redes. Repasó su vida, su lucha contra el Alzheimer y el legado que deja en Ensenada y La Plata.

Franco Torchia atravesó estos días el dolor de despedir a su padre. El hombre, del mismo nombre, murió el miércoles 1° de julio a las 15.30 después de casi tres años de pelear contra el Alzheimer y una demencia inespecífica. El hijo eligió las redes sociales para compartir un sentido mensaje que no solo habló de la pérdida, sino que reconstruyó una vida entera. 

La noticia golpeó fuerte al mundo del periodismo y también a toda la comunidad de Ensenada y La Plata. Franco Torchia, el periodista, perdió a su padre y decidió despedirlo como pocos se animan a hacer: con un texto público, sincero y lleno de detalles que pintan la vida de un hombre que supo ganarse el cariño de todos. "El miércoles a las 15.30 hs, tras casi tres años de Alzheimer y demencia inespecífica, murió mi padre, Franco Torchia, nacido en Montalto Uffugo, provincia de Cosenza, Italia, en 1938", escribió el hijo en su cuenta de Instagram, y de inmediato las repercusiones no se hicieron esperar.

El mensaje, largo y profundo, no solo dio el parte del fallecimiento. También agradeció a quienes acompañaron el proceso, en especial a Milagros, una estudiante universitaria que compartió el edificio donde vivía el padre en La Plata y que se convirtió en un sostén fundamental en los últimos años. Milagros, según contó el periodista, escribió una despedida que la familia consideró "la mejor posible" y que incluyó anécdotas cotidianas que destilan ternura y cercanía.

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Porque Franco Torchia padre no fue un hombre común. Nacido en un pueblo de Italia en 1938, su infancia estuvo atravesada por la guerra y el hambre, dos fantasmas que lo marcaron para siempre pero que no le impidieron construir una vida de esfuerzo y amor. Llegó a la Argentina y se insertó en el tejido social de Ensenada y La Plata con una energía que no se cansó de dar frutos. Trabajó en el Puerto Local, en el área de remolcadores, y desde allí empezó a forjar su lugar en la comunidad.

Uno de los capítulos más importantes de su vida fue su militancia en la Sociedad Obrera Italiana de Ensenada. Llegó a presidir la entidad y en 2008 encabezó una campaña para evitar el remate judicial del edificio de la calle La Merced 211. Esa gestión no fue cualquier cosa: logró que el inmueble fuera declarado Patrimonio Cultural de la Provincia de Buenos Aires, un triunfo que aseguró su resguardo para las generaciones futuras. No se quedó solo en la administración. Impulsó concursos literarios que se convirtieron en tradición, gestionó proyectos con autoridades municipales y provinciales, y siempre tuvo una mano abierta para fortalecer la identidad italiana.

El deporte también tuvo su lugar en la vida de Torchia. Fue parte activa del Centro de Atletas Veteranos Platenses, donde dejó su impronta. El propio Círculo lo despidió con una foto y un mensaje que habla de su compromiso, dedicación y calidad humana. "Cargamos y descargamos el cronómetro mil domingos y me invitó a correr hasta el cansancio", recordó su hijo, que nunca pudo correr ni el colectivo pero que guarda como un tesoro cada trofeo que su papá le regaló.

Pero más allá de los logros institucionales y deportivos, el mensaje de Franco Torchia hijo se detiene en lo pequeño. En las charlas caminando por la vereda, en el perro Gutiérrez que acompañaba al viejo, en los sandwichitos de miga que prometía cuando hacía calor, en el café con turrón que era la excusa perfecta para una charla. También en la bronca y el dolor de ver a un padre perderse en el olvido del Alzheimer, esa enfermedad que no perdona y que durante tres años fue desdibujando a un hombre que antes fue gigante.

"Lo que te hizo la guerra y lo que te hizo el hambre, vos no me lo hiciste. Necesitás descansar mucho", escribió el hijo. Esa frase, que elige el título de esta nota, condensa todo. El reconocimiento de que el padre cargó con heridas que nunca se curaron del todo, pero que supo no transmitirlas a sus hijos. El deseo de que ahora, finalmente, pueda encontrar paz.

Franco Torchia padre estaba casado con María Cristina Matelicani, con quien tuvo dos hijos, Gabriela y Franco, y cuatro nietos: Guido, Valentín, Bruno y Teresa. Su vida fue un puente entre Italia y Argentina, entre el dolor de la infancia y la alegría de construir un hogar y una comunidad. "Montalto te espera. Buen viaje amigo", cerró la carta de Milagros, y el hijo la replicó como un guiño a ese regreso a las raíces.

Análisis de cierre:

Este tipo de despedidas públicas, tan comunes en la era de las redes, tienen una potencia que va más allá del duelo personal. Franco Torchia eligió no esconder el dolor ni maquillar la realidad. Habló de la enfermedad, de los años duros, de la guerra y el hambre que marcaron a su padre, pero también de los pequeños gestos que construyen una vida digna de ser recordada. Al hacerlo, no solo honró la memoria de su viejo, sino que le dio a quienes leyeron su mensaje una lección sobre el valor de los vínculos y la importancia de contar las historias que nos forman. En un mundo que a veces parece correr demasiado rápido, detenerse a escribir estas líneas es un acto de amor y de resistencia. La figura de Franco Torchia padre, el inmigrante que trabajó en el puerto, que salvó un edificio de la demolición y que regaló trofeos a un hijo que no corría, queda grabada en la memoria de Ensenada, de La Plata y de todos los que tuvieron la suerte de cruzarse con él.

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