Por Matías Resano 
@mresano@cronica.com.ar 

"Está enojada con la vida por todo lo que le sucedió", reflejó María, en referencia a una abuela, mayor de 80 años, que se encuentra en situación de calle por el desamparo de una de sus hijas, quien un día sacó sus pertenencias a la calle, dejándola a la intemperie. A partir de entonces, se refugió en las inmediaciones de un hospital e intentó que su hija le abriera las puertas de su vivienda, pero sus ruegos fueron en vano.

En las inmediaciones del Hospital Paroissien, de la localidad bonaerense de Isidro Casanova, Emma Grimoldi, de 84 años, aguarda sentada por el traslado de su hija menor, quien sufre severas convulsiones y una insuficiencia pulmonar, cuadro por el cual requiere de asistencia en un centro de salud de mayor complejidad.

La joven permanece internada desde hace un año, tiempo en el que Emma encontró un techo e incluso comida, puesto que cuatro años antes había sido desalojada de su propio domicilio por su hija mayor. María, una mujer que acompaña a Grimoldi, relató a Crónica que "un día la abuela volvía del hospital y vio que su ropa estaba en bolsas apiladas en la calle", y que cuando "intentó abrir la puerta con su llave, le habían cambiado la cerradura".

"Ella me decía que quiere su casa para que cuando su hija se recupere tengan donde vivir y tiene problemas de salud, como toda mujer de 84 años, pasa frío, duerme en un hospital, lo que a su edad es gravísimo por las enfermedades que la rodean"

"Su hija le dijo que se fuera porque quería vivir con su marido tranquila, pero Emma tiene todos los papeles que comprueban que es dueña de la casa", agregó.

Sin respuestas

En consecuencia, la damnificada radicó la denuncia en el Juzgado de Familia N° 8 de Morón, pero hasta el momento no ha obtenido respuestas satisfactorias y por esta razón la anciana pasa las horas sentada frente al acceso principal del Paroissien. "La conocí allí. Mi mamá está alojada en la misma habitación que su hija y en una de las charlas me contó lo que le pasó. Ella me decía que quiere su casa para que cuando su hija se recupere tengan donde vivir y tiene problemas de salud, como toda mujer de 84 años, pasa frío, duerme en un hospital, lo que a su edad es gravísimo por las enfermedades que la rodean", relató María, a la vez que agregó: "El otro día, de tanto dormir sentada, tenía las piernas como macetas bordó y súper hinchadas". "Ella está todo el tiempo nerviosa y enojada con la vida con lo que le sucede", concluyó.

La inminencia del traslado de su hija profundiza aún más la incertidumbre de Emma y su estado de desamparo, al no contar con un techo bajo el que dormir y permanecer a resguardo de las bajas temperaturas. Una extrema situación por la cual Emma regresó a la casa de la calle Somellera al 900, en Castelar, para que su hija deponga su desalmada actitud.

Sin embargo, nada de ello sucedió, y sus días pasan a la intemperie, sin saber cuánto tiempo más podrá soportar semejante calvario.

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