Netflix estrenó este miércoles la película Disomnia, un thriller post-apocalíptico que aborda el trastorno homónimo que afecta al sueño.

El film está coescrito y dirigido por el cineasta canadiense Mark Raso protagonizado por Gina Rodríguez. Trata sobre un misterioso suceso de escala global inutiliza todos los artefactos electrónicos y priva a los seres humanos de la capacidad de dormir, lo que desencadena un verdadero caos en la sociedad.

Mientras los científicos buscan a contrarreloj una cura para este insomnio inexplicable antes de que sus efectos aniquilen a la raza humana, Jill (Rodríguez) descubre que su hija menor puede ser la clave de la solución y debe decidir entre protegerla o sacrificarla para salvar a la humanidad.

Además de Rodríguez, en el reparto figuran Ariana Greenblatt, Frances Fisher, Shamier Anderson, Finn Jones, Lucius Hoyos, Gil Bellows, Jennifer Jason Leigh y Barry Pepper.

“Hace 15 horas algo sucedió. No sabemos qué lo causó ni por qué, pero sí que ninguno de nosotros puede dormir”, dice la protagonista, una exsoldado que tuvo que aprender a sobrevivir en ambientes hostiles, al comienzo del tráiler de la película.

Mirá el trailer de Disomnia, la nueva película de Netflix

¿Qué es la disomnia?

Las disomnias son trastornos primarios de inicio o mantención del sueño o de somnolencia excesiva y se caracterizan por una alteración en la cantidad, calidad, o el momento de dormir.

La Clasificación Internacional de los Trastornos del Sueño (International Classification of Sleep Disorders o ICSD) distingue tres grandes grupos de enfermedades del sueño: las disomnias, las parasomnias (trastornos psicológicos que suceden durante el sueño) y los trastornos psiquiátricos del sueño.

En el caso de las disomnias, hablamos de trastornos que les restan calidad y cantidad a nuestro sueño. Además, alteran el horario del mismo e interfieren en nuestra vida, produciéndonos malestar.

Dentro de las disomnias, a su vez, encontramos tres grupos de trastornos: intrínsecos del sueño, extrínsecos del sueño y del ritmo circadiano del sueño. Los pacientes se pueden quejar de dificultad para conciliar el sueño o permanecer dormido, vigilia intermitente durante la noche, despertar precoz, o combinaciones de cualquiera de ellos. 

El diagnóstico diferencial entre los tipos de disomnias suele comenzar con una consulta sobre la historia del sueño del individuo. Ciertos hábitos de estilo de vida, como el consumo de alcohol o cafeína, o el uso de drogas ilícitas y con receta también pueden tener un impacto.

Luego, deben realizarse exámenes para determinar las susceptibilidades físicas y el estado mental del individuo. Algunas enfermedades mentales, como insomnio o hipersomnia, tienen el potencial de causar algunos tipos de disomnia, del mismo modo, los trastornos del sistema nervioso, cardiovascular, respiratorio, reumatoide o endocrino también pueden conducir a un trastorno del sueño.

Para su tratamiento se emplean diferentes técnicas: relajación progresiva, reestructuración cognitiva, intención paradójica, control de estímulos, cronoterapia, luminoterapia, Reducción del tiempo en cama y hay casos que requieren medicación.

Métodos de prevención

La prevención de casos más benignos de disomnia implicará la práctica de buenos hábitos de sueño, se recomienda evitar pantallas brillantes al menos 30 minutos antes de acostarse, ya que emiten "luz azul", que puede engañar al cerebro para que piense que sus ojos ven la luz del sol, cuando puede estar oscuro como la noche. En efecto, su ritmo circadiano natural y los niveles de melatonina pueden desequilibrarse, causando problemas para conciliar el sueño.

Consejos adicionales para tener buenos hábitos de sueño incluyen tomar un baño por la noche, evita el alcohol, la cafeína y otras drogas, especialmente después de la cena, hacer ejercicio físico y tomar un vaso de leche antes de acostarse, ya que contiene sustancias inductoras del sueño.

No obstante, a diferencia de lo que propone la película, no hay evidencia que respalde que un paciente puede fallecer a causa del insomnio.

El récord de privación voluntaria del sueño lo tiene Randy Gardner, quien en 1964 a los 17 años por un proyecto de ciencias no durmió durante 264 horas, o sea, 11 días seguidos.

El joven de San Diego, Estados Unidos, fue monitoreado por científicos en los últimos momentos de vigilia. “Fue una locura. No podía recordar cosas, era casi como una enfermedad de Alzheimer temprana provocada por la falta de sueño”, manifestó Gardner sobre aquel estado.

Randy Gardner estuvo sin dormir durante 264 horas, o sea, 11 días seguidos.

El extraño caso del insomnio familiar fatal

No obstante existe un rara enfermedad en la cual una persona sí puede morir por problemas en el sueño. Se trata del insomnio familiar fatal (FFI, por sus siglas en inglés).

Es una enfermedad hereditaria que afecta principalmente una parte del cerebro llamada tálamo, que controla el ciclo sueño-vigilia y que ayuda a las diferentes partes del cerebro a comunicarse entre sí. El insomnio familiar fatal hace parte del grupo de enfermedades producidas por priones. Se caracteriza por ser progresiva y neurodegenerativa, lo que significa que con el tiempo hay menos neuronas en el tálamo.

Los primeros síntomas usualmente comienzan en los adultos de 50 años o más, e incluyen insomnio progresivo, pérdida de peso, falta de apetito, temperatura alta o baja y demencia rápidamente progresiva. 

Un artículo de la BBC relata el caso de Silvano, un paciente que murió a causa de esta afección y que donó su cerebro a la ciencia para que se investigase su condición genética, que ya había matado a varios de sus ancestros.

Su historia inspiró el libro The Family Who Couldn’t Sleep (La familia que no podía dormir), publicado en 2006 por el escritor D.T. Max y que retrata una estirpe que vive con miedo a sus propios genes.

Los investigadores descubrieron que todo comenzó con una proteína deformada del cerebro, llamada prión, producto de una pequeña mutación genética. Por algún motivo, estas proteínas se multiplican cuando el paciente alcanza los 50 años y afectan a las neuronas.

Precisamente, a algunas partes del tálamo, que organiza todas las respuestas autónomas al entorno: controla la temperatura, la presión sanguínea y la frecuencia cardíaca. A falta de este regulador de intensidad, el cerebro de los pacientes con FFI siempre se mantiene despierto. “Si el sistema nervioso simpático está desequilibrado, por supuesto que produce insomnio”, afirmó a BBC Pietro Cortelli, médico que atendió a Silvano hasta su muerte.

D.T Max publicó en 2006 el libro La familia que no podía dormir.

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